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Los 60 años de la república Popular China

Eugenio Bregolat
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eugeniobregolatgmailcom/15/15/21
miércoles 07 de octubre de 2009, 19:37h
“China se ha puesto en pie”,dijo Mao, al proclamar, el 1 de octubre de1949, la República Popular desde la torre de Tiananmen. Era un “grito“ nacionalista, que no de clase. Los chinos recuperaban el orgullo de serlo, dejando atrás ciento nueve años de sumisión colonial y de humillaciones de todo tipo (“Ni chinos, ni perros”, rezaba un famoso cartel en un jardín de Shanghai). Nunca se insistirá bastante, a la hora de comprender la China actual, sobre las profundas cicatrices que el trauma colonial ha dejado en la conciencia colectiva. Las vejaciones del pasado aún reciente han generado, inevitablemente, una hipersensibilidad respecto a cualquier circunstancia que afecte a la soberanía nacional.

La primera mitad de esos 60 años la República Popular fue gobernada por Mao Zedong, que concentró en su persona todo el poder en la más pura tradición de la cultura política autocrática china. Conculcó, sin embargo, la obligación de garantizar el bienestar y la seguridad de sus súbditos que la doctrina confuciana impone al autócrata, persiguiendo su quimera igualitaria, la creación del “hombre nuevo”, sin importarle el coste material ni el humano. El resultado fue muchos millones de muertos, (hasta 70 según las estimaciones recientes de Jing Chang y John Halliday) y miseria para la inmensa mayoría.

Sin embargo, el PCCH, con Deng Xiaoping a la cabeza, se negó a condenar a Mao abiertamente, ya que, de hacerlo, la legitimidad del Partido-Estado habría quedado destruida. El veredicto formal fue que el 70% de la obra de Mao fue acertado y sólo el 30% erróneo.

Los últimos 30 años de la República Popular han supuesto la antítesis de los 30 primeros. Deng Xiaoping se hizo con el poder y en diciembre de 1978 lanzó la política de “reforma económica y apertura al exterior”, proclamando: “renunciamos a la lucha de clases como foco central del trabajo del Partido, y ponemos en su lugar el desarrollo económico”. Deng utilizó un viejo refrán de su Sichuan natal para ponerlo en palabras que pudiera entender hasta el más ignorante de los campesinos chinos: “da igual que el gato sea blanco o sea negro, lo importante es que cace ratones”. Esta frase encierra toda una filosofía: el pragmatismo desbanca a la utopía; el objetivo será lograr un país rico y fuerte, que nadie pueda volver a humillar. Para Mao el gato tenía que ser rojo, y le traía sin cuidado que cazara o no ratones. La política de Deng Xiaoping suponía, como reconoció el propio PCCH, una nueva revolución, que desató el proceso del desarrollo económico más espectacular de la historia universal, empezando por la transformación del campo chino en la década de los ochenta. Ese inmenso éxtio la hizo irreversible. Ya no es cierto que socialismo sea igual a pobreza: China ha sacado a más de 500 millones de personas de la pobreza, extrema en muchos casos, multiplicando el PIB por 15 en 30 años. Deng dio, en definitiva, con la fórmula para la modernización económica, buscada inútilmente desde que la derrota en la primera Guerra del Opio, en 1840, pusiera de manifiesto que la otrora primera potencia mundial estaba a merced de los países industrializados.

Los chinos dicen que el hombre antes de los 60 no sabe lo que quiere. A los 60 años, la República Popular lleva ya 30 sabiéndolo muy bien: recuperar el puesto de gran potencia económica y política del que disfrutó durante la mayor parte de sus más 4.000 años de historia. Por si quedaba alguna duda sobre la inminencia de la realización de este deseo, Obama reconoció hace pocas semanas que la “relación entre Estados Unidos y China determinará el siglo XXI”.

Eugenio Bregolat

Ex-embajador de España en China y Rusia

Eugenio Bregolat Obiols es embajador de España en el Principado de Andorra.

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