Meretrices en Italia: la necesidad aguza el ingenio
Andrea Donofrio
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adonofriohotmailcom/9/9/17
domingo 21 de septiembre de 2008, 17:01h
La pasada semana, el Consejo de Ministros de Italia aprobó un nuevo proyecto de ley en el que se establece el delito de prostitución, previendo la pena de cárcel tanto para quien la ejerce como para los clientes. El proyecto de ley cambiará la actual reglamentación, vigente desde hace 50 años, que abolía el delito de prostitución, cerrando los prostíbulos. La nueva normativa no prevé la apertura de prostíbulos o lugares de alterne, sino que declara “ilegal ejercerla” y expresa su deseo de eliminarla. La ley condena a multas a personas “vestidas con ropa sucinta” o que manifiestan de “manera clara e incontrovertible la intención de captar clientes para ejercer la actividad de meretriz”. Se prevé que la ordenanza será convertida en ley el próximo año, anunciando además penas La pasada semana, el Consejo de Ministros de Italia aprobó un nuevo proyecto de ley en el que se establece el delito de prostitución, previendo la pena de cárcel tanto para quien la ejerce como para los clientes. de cárcel.
De momento, la fantasía de quien ha sido multado ha dado muestra del “ingenio” al servicio del tópico apetito sexual italiano, aduciendo excusas de diferente naturaleza e inventiva para no pagar. La primera ciudad en lanzar esa operación de “lucha contra el sexo callejero” ha sido Roma, donde su alcalde ha declarado la “tolerancia cero”. El primer multado en Roma, mientras contrataba los servicios de un transexual brasileño, ha declarado simplemente que trabajando desde las seis de la mañana se le había antojado un poquito de diversión, añadiendo que “no volveré a votar a Alemanno”. Muchos romanos comparten esta idea: “el otro (Veltroni) financiaba centros sociales y comunistas, pero nos dejaba tener relaciones sexuales con libertad”.
Muchos han recurrido a excusas por “razones de salud o médicas”: en una ciudad del Norte Italia, un multado se presentó en el despacho del alcalde de su pueblo con un certificado medico en regla en el que se establecía que “sufriendo de próstata, el médico sugiere tener frecuentes relaciones sexuales y, ya que no tengo muchas mujeres dispuestas a “curarme”, me desahogo con chicas del Este de Europa”. Sin embargo, el alcalde no quiso creerse la “cura irrenunciable”. Otro chico, sorprendido desnudo en presencia de una bonita albanesa, ha declarado “sufrir de disentería” y que no es “su culpa” que la chica lo haya seguido por el bosque. Otra persona “descubierta” en un monte ha afirmado que iba a recoger setas, que es preferible hacerlo desnudo (para que no se ensucie la ropa?!) y que no es su responsabilidad si una chica moldava quiso acompañarlo.
El último caso (en orden cronológico) ha sucedido en Perugia, donde un hombre detenido por la policía ha afirmado cándidamente: “No soy de Perugia: me he parado sólo para preguntar dónde está la estación de tren y la señorita, muy amablemente, se ha ofrecido a acompañarme”. Después de haber pagado la infracción el hombre ha añadido: “De verdad no soy de aquí, ¿podría quedarse la señorita conmigo?”
De nada sirve huir con el coche en caso de haber avistado a los agentes: al contrario, presenta el riesgo añadido de que, tomada la matricula del coche, la sanción llegue al domicilio y caiga en las manos de otra persona, pareja o pariente.
Finalmente, las primeras reacciones han sido controvertidas, y son muchos los que creen que los criterios establecidos son demasiado arbitrarios e improcedentes: jueces y fuerzas del orden se preguntan, ¿cómo debe ser de corta una minifalda para que quien la lleve manifieste la intención de prostituirse? El riesgo es que se repita un episodio análogo al que ocurrió a dos estudiantes peruanas paradas por la policía, generando la protesta informal del cuerpo diplomático suramericano. Por su parte, las prostitutas han hecho una apelación a la “libertad de vestirse”, invitando a la policía a “pasear fuera de una discoteca o un colegio, sea católico o no”. En cuestión de vestimenta, el Comité para los derechos civiles de las prostitutas amenaza seguir ejerciendo el “oficio más antiguo del mundo” vestidas con sayos y, frente a la prohibición de pasear, se está planteado dotarlas de bicicletas.
La medida parece de dudosa utilidad: si, como ha declarado el gobierno, sirve para luchar contra el crimen, ¿de verdad creemos que se combate la prostitución ilegal de esa manera? ¿o la criminalidad, como siempre, recurrirá a alternativas más rentables? ¿Es ésta la manera de abolir la esclavitud sexual o la obligación de prostituirse de menores extranjeras? Ojala fuera así…
De todas formas, a ver cuando el Gobierno Berlusconi empieza de verdad a interesarse por los problemas que afligen al país y de forma efectiva: mientras siga hablando de “temas tapadera” de interés pero no prioritarios, la crisis económica, la falta de avances y el crecimiento de poder de la criminalidad hundirán el país. Y luego… si la gente tampoco se puede desahogar…
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Politólogo
Andrea Donofrio es politólogo, experto en Relaciones Internacionales e investigador del Instituto Ortega y Gasset
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