Andrea Donofrio
ANDREA DONOFRIO es politólogo, experto en Relaciones Internacionales e investigador del Instituto Ortega y Gasset
LOS SUBTERRÁNEOS
Napolitano, el italiano más valorado del 2011
A nivel mundial, termina un año intenso y lleno de acontecimientos relevantes y cambios políticos, marcado por la grave crisis económica. En Italia, el 2011 se ha caracterizado por el fin de la era Berlusconi: el pasado noviembre, el pluri-investigado ex presidente del Gobierno tuvo que forzar su dimisión, dejando el mando de Italia tras una década de incontrastado poder. Una dimisión provocada por la grave crisis economica, la pérdida de credibilidad internacional, la debilidad de su coalición fragmentada en luchas intestinas y en la defensa de los propios intereses; forzada por los mercados, pero bien recibida por gran parte de la sociedad italiana. En esta operación, merece la pena destacar el papel del Presidente de la República italiana, Giorgio Napolitano, garante de la Constitución y decidido a que los italianos recuperasen la dignidad pérdida. Napolitano auguró un cambio político y de rumbo para el país. Aunque strictu sensu, se trata de un cargo más bien simbolico, el Presidente Napolitano ha utilizado plenamente sus poderes, consiguiendo actuar como Caronte en la transición italiana, orquestando y dirigiendo el cambio en una compleja etapa política nacional.
Internacionalmente, la figura de Napolitano ha resultado reforzada, tanto que la revista norteamericana Wired le ha coronado “el hombre del año”, mientras el diario The New York Times lo bautizó como “Rey Giorgio”. Otros misticamente, han llegado a afimar que “San Giorgio ha logrado matar al dragón “Berlusconi”. Por eso, no debe extrañar que el ex comunista resulte la personalidad más apreciada por los italianos, que incluso le consideran como el “salvador de la Patria” o “el Gran Timonel”. Ante una difícil situación politica, Napolitano decidió sabiamente actuar, tomando las riendas de un escenario que parecía fuera de control. El Presidente de la República invitó al cavaliere a tomar una decisión responsable, a dimitir tras la pérdida de la mayoría en el Parlamento italiano. Salió al paso y favoreció —dirigiendo- el cambio de Gobierno, apostando por el ex comisario europeo Mario Monti. Dio el primer paso nombrándole senador vitalicio, paso previo a designarle al mando de un nuevo Ejecutivo, “de emergencia”, cuyo primer objetivo ha sido el de tranquilizar a los mercados para luego emprender una reforma radical y drástica de la economía italiana.
El Presidente de la República italiana se ha distinguido por su realismo y pragmatismo, mostrando un profundo conocimiento de la praxis democrática y de la sociedad italiana. Aceptando la renuncia de Berlusconi, prontamente favoreció la formación de un nuevo Gobierno técnico, compuesto por personalidades de amplio consenso y competencia. En un momento de “particular fragilidad” del país, disolver el Parlamento y convocar elecciones anticipadas hubiera podido ser un riesgo para Italia, teniendo en cuenta la peligrosa situación económica italiana, pudiendo agravar la crisis financiera del país. Por eso, decidió encargar la formación de un nuevo Gobierno, que, aunque no saliese de las urnas, pudiese intentar operar las reformas que el país necesita. Actuando en los márgenes previstos por la Constitución italiana, Napolitano ha decidido apostar por un tecnócrata que bien conoce la política, y además, educado y erudito. Un cambio político, de estilo y cultural: “terminado Berlusconi, no ha terminado el berlusconismo”. El régimen del cavaliere no ha sido sólo político sino también económico, social y cultural. Los años de Berlusconi marcaron y representaron el apogeo de la transformación de la sociedad italiana. Ahora Italia debe recuperarse a sí misma y a su credibilidad internacional, saneando su economía, emprendiendo el camino del crecimiento. Asimismo, el país debe “volver a sentirse orgulloso”, pasar página después de la turbia fase berlusconiana, construir una etapa nueva y retomar el lugar que le compete. En 2011, Napolitano ha tenido que scendere in campo para el bien del país: el pueblo italiano le está agradecido y espera que 2012 sea un año mejor.




