Hidehito Higashitani
HIDEHITO HIGASHITANI es catedrático emérito de la Kobe University of Foreign Studies y actualmente catedrático de Literatura en Himeji Dokkyo University (Japón).
In contraria ducet
Odisea de una familia alemana en Japón
Ya hace cerca de un año desde aquella fecha memorable del 11 de marzo del trágico suceso del terremoto y del tsunami que azotó la región japonesa de Tohoku. Siguen todavía las labores de reconstrucción en las zonas afectadas por parte de los municipios de la región, que afortunadamente nunca han dejado de recibir hasta la fecha las ayudas tanto materiales como morales ofrecidas desde dentro y fuera del país.
Entre las múltiples ayudas recibidas hasta ahora, lo que más ha levantado el ánimo a los damnificados es —según lo que comentan los que trabajan para ellos- la ayuda ofrecida, por pequeña sea la cantidad, por aquellos ciudadanos particulares sin nombre movidos únicamente por la buena voluntad y la solidaridad con los damnificados.
En este sentido, la reciente ayuda ofrecida por un matrimonio alemán ha suscitado una alegría especial y una profunda emoción a los que siguen trabajando en la reconstrucción de la vida de la gente de la zona afectada. Se trata de la ayuda ofrecida por el matrimonio alemán apellidado Spielberg de la ciudad de Düsseldolf por la cantidad de 20 mil euros, recolectados por su iniciativa a través de una sociedad a la que pertenecen los dos en su lugar de residencia. Es que el matrimonio ha tenido una peculiar experiencia de ’vida o muerte’ que le ha movido ofrecer su ayuda por su propia iniciativa.
El matrimonio Jürgen y Angela Spielberg habla al diario japonés Asahi del motivo de su ofrecimiento de ayuda y de su viaje casi ’epopéyico’ a Japón de marzo del año pasado:
Llegan los dos a Tokio acompañados de su hija universitaria Johanna el 6 de marzo, justo unos días antes del terremoto, para realizar cuatro semanas de recorrido turístico por Japón para celebrar la graduación en los estudios de japonología de su hija en Alemania.
El 10 de marzo se hospedan en un ’ryokan’ (hotel de estilo tradiconal japonés) de Matsushima, ciudad costera de Tohoku, y al día siguiente se dirigen en tren a Sendai (capital de la provincia). En el camino a Sendai les sorprende el terremoto y se ven obligados a bajar del tren parado.
Toman un taxi para seguir el camino a Sendai, pero en ese momento las oleadas de tsunami llegan hasta el taxi y ellos bajan apresuradamente del coche, pero anegados por el agua hasta la cintura. Y a continuación, llevados a merced de las olas de tsunami, a duras penas alcanzan a nado al balcón de una casa. Y cuando logran agarrarse al balcón, un joven que se encuentra dentro de la casa les ayuda subir e introduce a los tres en las habitaciones interiores. Pero allí mismo, en una completa oscuridad sin electricidad, mojados de pies a cabeza, tienen que esperar la llegada de algún cuerpo de salvamento y pasan en vela ’la noche más fria de su vida’ arropados por unas mantas que les ha ofrecido el matrimonio de ancianos, dueños de la casa.
Al cabo de doce horas largas de espera, llega un equipo de bomberos. Uno de ellos les pregunta cortésmente si están dispuestos a ’tomarse la molestia’ de andar en el agua porque querían guiar y trasladarles a un sitio más seguro. Les impresionó- comenta el matrimonio- la cortesía y la impasibilidad en el comportamiento de los bomberos aun en un momento de tanta urgencia y de una situación tan extrema.
Les trasladan sanos y salvos a un refugio en la ciudad de Tagajô, cerca de Sendai.
El 15 de marzo les llega el director del refugio con el coche preparado para llevarles a la ciudad de Sendai. Al abrir el sobre que les ha entregado el director al abandonar el refugio, el matrimonio encuentra una pequeña nota que dice ’por si lo necesiten’ con unos billetes de dinero japonés.
El coche llega felizmente con la familia alemana al Centro de Ayudas Internacionales de Sendai. Pero al verles temblarse de frío con el traje mojado y sucio que llevan encima sin cambiar por unos días después del tsunami, se le ocurre al responsable del Centro, confiarles -por vía totalmente privada- al amparo de un amigo suyo personal de Niigata que está a unos 200 kilómetros y avisarle a su amigo que espere la llegada de la familia alemana con un baño caliente preparado y que les proporcione unas prendas limpias de vestir y comida caliente. De esta forma la familia alemana consigue reponerse en Niigata y finalmente el 16 —al quinto día del tsunami- se trasladan de Niigata a Tokio en el tren bala para tomar el avión de regreso a su país al día siguiente.
San Francisco Javier —uno de los primeros visitantes europeos a Japón-, hablando de sus primeras impresiones de los japoneses a su llega a Japón en 1549, escribe a sus compañeros residentes en Goa de la siguiente manera:
“Es gente de muy buena conversación, y generalmente buena y no maliciosa, gente de honra mucho a maravilla, estiman más la honra que ninguna otra cosa, es gente pobre en general, y la pobreza entre hidalgos y los que no lo son, no la tienen por afrenta.”
Y más tarde en una epístola dirigida a sus compañeros de Europa en 1552 también habla del carácter del pueblo japonés:
“Gente es que tiene en poco a toda otra gente extranjera…Es gente de grande cortesía entre ellos, aunque con extranjeros no usan aquellas cortesías, porque los tienen en poco.”
¿O estaba equivocado el santo navarro o los japoneses han cambiando bastante en estas últimas centurias en su comportamiento con los extranjeros? El hecho es que cerca de unos quinientos años después de la llegada del santo jesuita, los japoneses han sabido portarse con debida cortesía no sólo ’entre ellos’ sino también usando ’aquellas cortesías con los extranjeros’.
Jürgen Spielberg cuenta que cuando preguntó a las personas que le habían tratado con delicadeza durante su azaroso viaje por Japón con qué podría corresponder a las atenciones recibidas, todos le contestaron al unísono:
’Con que usted tenga la amabilidad de volver a visitar nuestro país, todo estará pagado de sobra”.




