Querella en torno a la evaluación de un reinado
jueves 30 de julio de 2009, 15:38h
La repercusión periodística que ha tenido el décimo aniversario de la elevación al Trono de Mohamed VI, puede interpretarse como si fuera la “crónica de un desengaño”.
No ha sido ésta, además, una reacción exclusivamente española, sino que una cadena de prensa como la francesa editora de Le Monde ha vuelto a mostrarse puntillosa con aspectos colaterales del reinado de Mohamed VI. Sin embargo, J(eune) A(frique), el semanario franco-africano que edita en París Béchir Ben Yahmed -periodista tunecino de altos vuelos- se ha inclinado hacia la presentación fotogénica del monarca alauí (“Maroc Citizen King”, por François Soudan en J.A., n. 2531).
Un reinado de reformas inacabadas: tal podría ser el sobretítulo del reportaje de Soudan. El reinado de Mohamed VI se caracterizaría por una apertura dadivosa hacia el sector social de los desvalidos, pero también se caracterizaría por la pervivencia de desigualdades escandalosas en los niveles de renta. Afección hacia el papel de la mujer en cuanto activo humano de importancia en la reconstrucción de un país joven, aunque “gastado” por falta de cuidados. (No en vano, la primera dama de Marruecos, Salma Bennani, es ingeniera informática y no estrictamente mera madre de los hijos del Rey).
Dos objeciones principales hace resaltar Soudan a la trayectoria oficial del rey de Marruecos: la elección del principio Morocco first, -en contraposición a la preferencia de Hassan II por una política de control represivo en el interior, y una proyección exterior sonora, y a veces rentable, cual fue la mediación hassaní tanto en los conflictos inter-árabes como en el enconado contencioso judeo-palestino-. Haber hecho vivir a Marruecos de espaldas al mundo exterior, no parece pauta política plausible.
Tampoco en la aportación a la Unidad del Magreb desde el interior, ha sido Mohamed VI un fervoroso abogado de tal bandera, como sí lo fue Hassan II, a cuestas con la simbología propia del lenguaje político árabe, antes y después de la Unidad del Magreb que se firmó en 1989.
De otra parte, mientras que el diario ABC ha mantenido un discreto perfil en su recepción del aniversario real marroquí en las páginas del rotativo -quizá una huella de la impronta que en este terreno dejó Alfonso de la Serna (+ 2006)-, Público en 24 de julio del año en curso no ha perdido la oportunidad para contribuir a alimentar entre los españoles el estereotipo del “rey retrógrado”. Sus reporteros se han dejado llevar por un enfoque apriorístico, lo que no ha hecho, por el contrario, El País (23 de julio de 2009). Con un atinado cálculo previo, el órgano de Prisa no ha castigado con saña al país vecino, ni al Rey, ni al estado de su situación interna. Esta última tarea la ha puesto en manos de un brillante intelectual de raigambre periodística. Me refiero a Abubakr Jamaï, director que fue del semanario Le Journal, editado en Casablanca, y de quien publiqué una entrevista que le hice en 2001 para mis Conversaciones con miembros de la élite marroquí (UNED, 2002).
Jamaï realiza, sin duda, un análisis crítico de fondo al enraizamiento del Trono en cuanto puente de convergencia institucional del Marruecos soberano a partir de 1956. Monarquía constitucional sí, pero de derecho divino también, con lo cual, varias lacras del pasado (clase política y ejército domeñados por Hassan II), tenderían a autorreproducirse (con el fenómeno a la vista de los grandes validos de Palacio -como Bassri ayer y Al-Himma actualmente-); tendencia también a no cejar en la inclinación marcada del Trono -y del Majzen- hacia la anexión del Sahara occidental, orientación combatida desde Argel a través de Tinduf y de la diplomacia argelina en la OUA y en la ONU misma. No se olvide que desde los años de Bumedián (1970’s) hasta llegar a la presidencia de Buteflika, Argelia opone, a la autonomía sahariana dentro del marco del Estado marroquí, un Sahara occidental en cuanto nación real, sí, pero sin haber alcanzado todavía la soberanía política que le hurta la intervención sojuzgadora de Marruecos en la Zona.
La cuestión palpitante, aquí y ahora, consistiría en saber si los vientos que soplan en la arena de las relaciones internacionales están tornándose desfavorables para la tesis del Trono en el asunto del Sahara occidental; o si, por el contrario, la causa del referéndum en la Zona ganará algunas posiciones al socaire de la carta que el presidente Obama ha enviado al rey de Marruecos.
Cabe pensar que Washington, D.C, no va a alterar de inmediato la “tradicional amistad” entre los Estados Unidos de América y Marruecos, exponiendo el statu quo norteafricano a perturbaciones indeseadas para el presidente americano y para su Secretaria de Estado.
Quizás, se trate de un revoque de fachada por parte del Ejecutivo norteamericano, con vistas al adecentamiento formal de su política en el Magreb, luego de la sesgada actuación de Bush en el asunto del contencioso en torno al Sahara occidental.
En todo caso, repítase aquí que si es cierto que algunas lacras del pasado siguen marcando a la sociedad marroquí todavía, el país real está experimentando un considerable -aunque lento- proceso de regeneración material. Y cuenta tenida del conservadurismo intestino de millares de ciudadanos de Marruecos, salta a la vista que el statu quo no se desmoronará en un abrir y cerrar de ojos; por mucho que así lo deseen los miembros más radicales del PJD (Partido de la Justicia y del Desarrollo) y los partidarios de la Asociación Justicia y Caridad, que patrocina el cheikh Yassin.
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Historiador. Profesor emérito (UNED)
VÍCTOR MORALES LEZCANO es director del Seminario de Fuentes
Orales y Gráficas (UNED) y autor de varias monografías
sobre España y el Magreb
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