Luis Alejandre

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LUIS ALEJANDRE es general de Ejército y ex Jefe del Estado Mayor del Ejército de Tierra y miembro de AEME

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Desde Menorca

23-F

10-02-2009

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Dos cadenas de televisión, una pública y otra privada, presentan estos días, anunciadas series referidas a un episodio que marcó nuestra andadura democrática: el asalto al Congreso de los Diputados en la tarde del 23 de Febrero de l981. En las próximas dos semanas el tema será reiteradamente debatido.

Han pasado 28 años y quizás sea bueno recordarlo, especialmente si se presenta en tono positivo, dirigido a las jóvenes generaciones, aunque sea para decirles que no todo fue tan sencillo, que debemos valorar el mérito de unas personas e instituciones que ayudaron a superar el grave trauma. En resumen, que vean como se puede aprender de los errores, por intrincados que estos aparezcan.

El planteamiento inicial de la serie de la cadena privada (Antena 3, lunes 9 de Febrero a las 22.00) me parece en extremo acertado, al situar el comienzo del ficticio hilo del relato, en el País Vasco, enturbiado desde hace años por ETA. Tengo claro que sin la persistente ofensiva de ETA en aquel momento, no hubiera habido 23-F. Es otro “flaco favor” que le debemos a la formación terrorista, que sigue utilizando sus “métodos democráticos” en forma de bombas, como la estallada anteayer en el Campo de las Naciones de Madrid. Es su léxico, su modo de hablar de libertad.

La situación antes del 23 de Febrero de 1981 era crítica, debido a la cadena de atentados mortales especialmente dirigidos contra personas del Ejército, de la Policía y de la Guardia Civil, con clara intención de provocar, de desestabilizar. Reconozco tristemente, que lo consiguieron. También conozco que les faltó tiempo aquella tarde para cruzar expeditos, el Bidasoa buscando refugio en sus consentidos santuarios del sur de Francia.

Por supuesto también hubo errores políticos. Siempre aparecen varios personajes en las tragedias clásicas. Erró el Ministerio del Interior al ordenar retirar ikurriñas-trampa que costaron la vida a policías y guardias, cuando ya estaba prácticamente pactada su legalización. Erraron Defensa e Interior cuando ordenaban sacar a los muertos en atentados, por la puerta falsa de sus cuarteles. Erró un sector importante de la Iglesia Católica, que con el pretexto de mantenerse al margen del conflicto, negó dar el debido culto a hijos suyos asesinados por la sinrazón. Erró aquel Gobierno que engañó en las formas, al legalizar al Partido Comunista con nocturnidad y procesional alevosía, cuando en el fondo tenía razón y debía hacerlo. Erró la oposición a aquel residual y desorientado gobierno de UCD, cuando no supo aportar factores de cohesión a una necesaria política de Estado, lo que si supieron hacer a partir del día 24, superada la angustiosa madrugada de la jornada anterior.

Entonces si en aquel angustioso momento hubo “reflexión de Estado”, no sería malo ir pensando hoy, sobre la necesidad de volver a aquel espíritu, ante la grave crisis que afecta a tantas familias españolas, y sin necesidad de un 23-F social, de la calle, tumultuario, que nos hiciera más daño, que nos separase aún más.

Porque si no aprendemos de nuestros graves errores pasados, estaremos condenados a repetirlos.







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