Olga González Alonso

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OLGA GONZÁLEZ ALONSO es periodista.

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Desde Galicia

Austeridad fashion en Galicia

07-02-2009

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Dice mi vecina la del quinto que se va a hacer socialista, que de hacer de socio-tonta ya empieza a estar harta. Quiere apuntarse, en fin, a ese partido izquierdista y proletario, defensor de la clase obrera, que a la mínima oportunidad llena la casa de obreros y se gasta los impuestos que nos saca a todos en reformas de lujo para vivir como los reyes del mambo que son. En realidad, pienso yo, lo que le gustaría a mi vecina es ser rica para poder presumir de progre, justo lo contrario de lo que han hecho el presidente Touriño y las gentes del PSOE, que aparentaron ser progres para poder vivir como ricos.

Un mes limpiando oficinas, a razón de ocho horas diarias pasando el mocho, es lo que le costaría a la del quinto pagar una de las diecinueve sillas que el presidente de la Xunta ha encargado para las reuniones del Gobierno, que a partir de ahora serán igual de inútiles pero mucho más fashion, dónde va usted a parar. El capricho socialista nos sale a más de 2.200 euros por culo gubernamental, casi cuatro veces el salario mínimo, que es lo que cobraba el marido de mi vecina antes de irse al paro. Claro que las sillas de marras se llaman “modelo Oxford”, son de diseño en piel de vacuno y vienen de no sé qué país nórdico y el marido de la del quinto se llama Manolo, viene de un pueblo de Lugo en el que, haber, hay muchas vacas, pero de diseño no saben mucho, y es un hombre de apariencia normalita y escasito de glamour.

Cuatro millones de euros se ha gastado en reformar tres salas de la Xunta nuestro presidente. El mismo que, días antes de tomar posesión de su cargo, allá en 2005, prometía que la austeridad y la prudencia serían las características fundamentales de su Gobierno. Y no mintió del todo, porque aquí, gracias a su gestión, la inmensa mayoría nos vemos obligados a ser austeros y prudentes, qué remedio con 200.000 parados —más de la mitad de ellos sin prestación-, más de 35.000 familias con todos sus miembros en las listas del INEM, sueldos que no llegan y precios que se pasan, no hay más que ver a cómo están las sillas.

También prometió Touriño, por aquellas fechas, que iba a “eliminar lo superfluo”. Y lo cumplió, empezando por los muebles de su despacho, que se ve que le sobraban y los cambió por otros al módico precio, sumando alguna obrilla más, de dos millones de euros. Siguió por el coche oficial, que de tan superfluo le parecía poca cosa y nos hizo comprarle uno bien blindado de a 480.000, exactamente 150.000 euros más caro que el de Obama, los grandes dirigentes mundiales es lo que tienen, que deben protegerse. Y ahora continúa con las salas de reuniones, en las que eliminar lo superfluo del suelo nos ha costado 113.000 euros, lo innecesario de la mesa más de 26.000 y lo prescindible del ventanal 170.000. Eso sí, ahora el presidente puede regular la opacidad del cristal de la ventana con un aparatito. O sea, que maneja con mando a distancia la transparencia de la que tanto presume.

Mi vecina la del quinto quiere hacerse socialista porque, como Touriño, está harta de la crisis y, ya puestos, prefiere la austeridad fashion de los progres del PSOE a la que le quiere imponer su Manolo, qué pesado con que no llegan a fin de mes. En cuanto se afilie, me dice, le compra una de esas sillas Oxford a ver si ahí sentado se relaja.







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