Rafael Ortega

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RAFAEL ORTEGA es presidente de la Unión de Periodistas Católicos.

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en la frontera

Aznar vuelve

15-11-2009

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No es una petición. Es una constatación. Hace una semana, el pasado lunes, José María Aznar pronunció una extraordinaria conferencia en la Universidad Católica San Antonio de Murcia, con motivo de su incorporación a la misma como Director de la Cátedra de Ética, Política y Humanidades. Una lección inaugural del curso que es todo un discurso político de intenciones y de “gran preocupación-como dijo-por nuestro destino como país y que todos sentimos como una herida el dolor de los millones de personas que, víctimas de un formidable engaño, han perdido su empleo y con él, ven como se aleja su proyecto de vida y su horizonte”.

¿Cuánto habríamos deseado que políticos en plena actividad hubieran pronunciado un discurso como el de Aznar?. Un Aznar que nos recordaba al de sus mejores tiempos cuando el lunes pasado manifestó que “debemos retornar a los principios seguros, a las verdades sencillas y a los valores esenciales”. Un Aznar que volvió a recordar que “las personas tienen dignidad; su libertad, sus derechos fundamentales-sobre todo su propia vida-no son negociables. La libertad no se negocia. La libertad ni se pide ni se vota: sencillamente se ejerce”.

Seguro que estas palabras de Aznar han sacudido algunos oídos en Génova y Ferraz, sobre todo cuando el ex Presidente dirigiéndose directamente a los jóvenes les dijo:”Debemos estar alerta cuando desde la política se resta valor a la honradez y se tolera o se minimiza la corrupción”.
La respuesta a esta esplendida lección magistral fueron varios minutos de aplausos, que manifestaban su total acuerdo con las denuncias de Aznar. Denuncias que iban contra la clase política de este país que está llevando la desilusión a una juventud que quieren hacer mirar al futuro sin ninguna esperanza. Por eso Aznar recordaba a esta juventud universitaria que “la política no sólo está hecha de valores y de ideas, pero cuando la política carece de valores degenera en corrupción, y cuando carece de ideas degenera en sectarismo. Una política sectaria merece el rechazo ciudadano. Y una política corrupta merece el rechazo ciudadano y el castigo de la Justicia”.

Un periodista, nos dicen, difícilmente se tiene que conmover ante noticias o discursos de cualquier tipo. Yo confieso que me he emocionado en algunas ocasiones, como cuando tuve que transmitir la noticia del asesinato de Aldo Moro o las muertes de Papas, como Pablo VI, Juan Pablo I o Juan Pablo II, o los consiguientes cónclaves. En esta ocasión, con el discurso de Aznar también me he emocionado porque, este hijo y nieto de periodistas sabe llegar con sus palabras y sabe lo que nos jugamos en esta sociedad sectaria que se nos está tratando de imponer. Emoción particular cuando Aznar remató la faena con la condena al aborto: “pretender la existencia de un derecho al aborto constituye una mayúscula agresión a la dignidad de las personas y a su derecho a la vida”. Gracias, José María, por tu vuelta, aunque sea a la Universidad.







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