A pesar de que nuestro país ya ha vivido más de tres décadas en democracia, sigue dividido en dos. El sistema de monarquía parlamentaria instaurado en la Constitución de 1978 no ha logrado sortear la imagen persistente de las
dos Españas, la de la derecha y la de la izquierda, que han copado los escaños en el Congreso de los Diputados de manera mayoritaria desde las primeras elecciones tras la muerte de Franco, en 1977.
El centro derecha, con la Alianza Popular y la Unión de Centro Democrático, embriones del actual Partido Popular, y el Partido Socialista Obrero Español se han repartido la inmensa mayoría de los votos durante treinta años. De hecho, en las once elecciones generales democráticas de nuestro país, en las que se han repartido un total de 3.850 escaños en la Cámara Baja,
ambos bandos suman un total de 3.289, el 85,42 por ciento de los asientos posibles.Sin embargo, esta situación podría empezar a cambiar, o al menos suavizarse, si, tal y como refleja la última encuesta realizada por el
Centro de Estudios Sociológicos (CIS), determinadas fuerzas minoritarias logran captar el voto descontento de Génova y de Ferraz.
La desafección de la ciudadanía española con la clase política fruto de la gestión de la crisis económica a lo largo de los últimos cinco años, primero con José Luis Rodríguez Zapatero como jefe del Ejecutivo y ahora con Mariano Rajoy, y la proliferación de los casos de corrupción han provocado que la ciudadanía busque otras alternativas a las tradicionales.
IU y UPyD ganan terreno... y cada vez másEstos dos hechos han desembocado a la mala imagen de la clase dirigente entre la sociedad. El
77 por ciento de los españoles tiene una mala o muy mala percepción de la situación política española, por sólo el 2 por ciento que la considera buena. Así, la política se ha convertido, por detrás del paro y de la crisis, en la tercera preocupación de la ciudadanía, cuyo
43 por ciento cree que todo seguirá igual dentro de un año.
Sin embargo, de las últimas encuestas también se desprende cómo, a la paulatina pérdida de votos de los dos grandes partidos, varias fuerzas minoritarias están recolectando ese segmento de descontentos y empiezan a contar con unos porcentajes de respaldo significativos. En este sentido, dos son las fuerzas que destacan del resto:
Izquierda Unida y Unión Progreso y Democracia.
Distribución del número de escaños tras las elecciones generales de 2011.Desde que se celebraran las últimas elecciones generales en noviembre de 2011, el Partido Popular ha pasado de tener un respaldo del 44,6 por ciento al 31,3% de hoy en día, mientras que el PSOE no ha logrado recuperar terreno en estos catorce meses y también ha caído seis puntos: del 28,7% al 22,7%. Por su parte, tanto IU como UPyD no han dejado de crecer y, mientras la formación comunista ha captado algo menos de seis enteros, el partido de Rosa Díez ha duplicado su respaldo electoral.
La formación liderada por
Cayo Lara ha logrado sobreponerse a la crisis interna que sufrió a comienzos de la década pasada y está logrando captar votos entre el sector de la sociedad descontenta con la labor realizada por
José Luis Zapatero y Alfredo Pérez Rubalcaba. A día de hoy, el 68 por ciento del electorado cree que la labor de oposición del PSOE esta siendo mala o muy mala, y es ahí donde Izquierda Unida está recabando apoyos
Algo similar es lo que le sucede a
Rosa Díez, cuyo discurso en favor de la transparencia y de la no concesión a la banda terrorista Eta le ha hecho ir ganando adeptos a pesar de sólo contar con seis años de recorrido. De hecho, Díez es la política mejor valorada de este país con un 4,33, una clasificación en la que no se suele salir muy parado y en la que Rajoy obtiene un 2,8 y Rubalcaba un 3,4.
¿Un hecho circunstancial?Pero, la clave reside en saber si esta tendencia responde a la actual coyuntura política y social o se perpetuará en el tiempo. En este sentido,
Víctor Pérez Díaz, presidente de Analistas Socio-Políticos (ASP), sostiene, en conversación con este periódico, que "atisbar una erosión del bipartidismo en una etapa tan concreta como la que vivimos es muy peligroso y no del todo objetivo".
El experto cree que "la clave está en que los votos que pierden los dos grandes partidos los ganen otras formaciones y que esta tendencia se mantenga en el tiempo y no sólo en un momento concreto; no podemos proyectar a futuro porque puede que este cambio acabe por diluirse".
Sin embargo,
Enrique Sostres, único diputado de Foro de Asturias en el Congreso de los Diputados, no comparte este punto de vista y afirma a EL IMPARCIAL que "es evidente que hay una tendencia clara, aunque no tiene por qué ser concluyente, de que la distancia entre el sistema electoral y los políticos se está incrementando, y eso está cambiando el sentido del voto tradicional".
Sostres cree que este debilitamiento del bipartidismo tiene algo de circunstancial pero también identifica una erosión en el tiempo. "Nuestro modelo electoral está dando
claros síntomas de agotamiento, lo que le está dando cierta permanencia al problema, y la gente se lamenta de que las listas sigan siendo cerradas; es necesaria una reforma", sostiene el parlamentario.
Este punto de vista es compartido por el
portavoz de UPyD en el Ayuntamiento de Madrid, David Ortega. "La gente está harta del bipartidismo, de 30 años haciendo las cosas igual y mal, del político profesional y, por tanto, es incuestionable la desafección de la gente con los dos grandes partidos", sostiene en declaraciones a este periódico,
Además, Ortega señala que su partido está centrado "en
hacer las cosas diferentes, en plantear una nueva visión, una alternativa fresca en este punto de inflexión en el que nos encontramos".
Europa también se divide en dosAhora bien, lejos de lo que se podría esperar, el resto de grandes potencias europeas también se rigen por un bipartidismo en sus sistemas muy similar en los porcentajes de reparto de escaños y, en algunos casos, incluso superior, como son los casos de Reino Unido y Francia.
La
Cámara de los Comunes, lo que sería nuestro Congreso de los Diputados, cuenta con 650 asientos, de los que 561, el
86 por ciento, se los reparten el Partido Conservador del primer ministro David Cameron (306) y el Partido Laborista comandado por Ed Miliband (255).
En
Francia, el porcentaje bipartidista es ligeramente inferior: un
85 por ciento. La Unión por un Movimiento Popular está representada en el parlamento galo con 196 escaños de los 577 asientos, mientras que la coalición de izquierdas suma 295.
Por su parte, la
Cámara Baja italiana, que cuenta con 630 parlamentarios, se reparte, en un
78 por ciento, entre el Pueblo de la Libertad, con 276 diputados, y el Partido Democrático, con 217.
El contrapunto a esta tendencia bipartidista lo pone
Alemania. El Bundestag es, de entre los grandes países europeos, la cámara más atomizada, ya que los dos partidos más votados, la CDU de Angela Merkel y el SPD, suman el
54 por ciento de los diputados hábiles. Los 612 escaños con los que cuenta el parlamento se dividen entre seis formaciones, aunque la que menos representación ostenta tiene hasta 43 asientos.
Aunque el sistema bipartidista por excelencia es el de
Estados Unidos, donde republicanos y demócratas se reparten la práctica totalidad de los cargos políticos del país, desde las dos grandes cámaras hasta las alcaldías, si bien es cierto que el sistema de partidos allí es diferente y la rigidez y la estructura organizativa es mucho más difusa.
Alfred Emanuel Smith, célebre político estadounidense, afirmó a comienzos del siglo XX que "todos los males de la democracia pueden curarse con más democracia". Una afirmación que cobra todo el sentido cuanto más repartido esté un parlamento nacional, una utopía hasta ahora en España, tal y como demuestran las cifras, pero que podría empezar a tornarse en realidad.