Juan José Laborda
JUAN JOSÉ LABORDA MARTÍN es senador constituyente por Burgos y fue presidente del Senado.
Tribuna
Cambios en el Gobierno: el factor andaluz
El hecho más relevante de este Gobierno, es la creación de una tercera vicepresidencia de Política Territorial, cuyo titular es Manuel Chaves, presidente, a su vez, del PSOE. La importancia política que tiene el asunto, no ha escapado al Gobierno catalán, que se ha apresurado a recibir al vicepresidente Chaves, reafirmando sus reivindicaciones sobre financiación, etc.
“La cuestión andaluza” vuelve a estar en el centro de la dinámica política de nuestro modelo territorial. Me refiero a lo que sucedió entre marzo de 1978, al iniciarse el primer Gobierno constitucional de Adolfo Suárez, y el 28 de febrero de 1980, día en que se celebró el referéndum con el que Andalucía se situaba en el máximo nivel de autogobierno. Fueron unos meses “que estremecieron el mundo del Estado constitucional español”. Entonces se creó el modelo autonómico, y cada vez que posteriormente se ha forzado su alteración, el intento se ha saldado con una decepción.
En mi opinión, el modelo tiene asimetrías, tal vez más espirituales que estructurales. Están dispersas a lo largo de la Constitución: “nacionalidades y regiones”, “el convenio y los conciertos económicos”, “las autonomías que alcanzaron su autogobierno porque durante la República habían plebiscitado su estatuto”, son las principales. Pero esas asimetrías, proceden de una historia estatal mucho más antigua. Los Borbones, en el siglo dieciocho, mantuvieron el régimen foral vasco-navarro, así como el derecho civil singular de Aragón, Cataluña, Valencia y Baleares. En realidad, el Estado franquista, el más revolucionario -en eso- de nuestra historia, mantuvo también unos “hechos diferenciales”: Navarra y Álava conservaron la foralidad en su estructura provincial, incluyendo su sistema impositivo propio.
Gumersindo Trujillo, que fue un sensible observador del Estado autonómico, sostuvo que por debajo del sistema constitucional, había otro material que descansaba en tres pilares: Madrid, Barcelona y Bilbao. Añado otro a la fecunda intuición sociológica de Trujillo: Sevilla. Con eso contemplo la influencia de Andalucía en España, influencia que se cifró en el impulso que dio al modelo en su conjunto, bien que manteniendo las asimetrías.
Ahora está Manuel Chaves, como máximo responsable del Gobierno. También domina el ámbito competencial del Partido: María del Mar Moreno es la secretaria federal de política autonómica, una andaluza de la máxima confianza de Chaves. Pero esa misma responsabilidad la ostentó otro andaluz, Javier Arenas. Cuando el Partido Popular hizo su Congreso en enero de 1999, el primero estando en el Gobierno, José María Aznar adoptó unas decisiones importantes, no sabremos si pasaron del nivel de intuiciones. Encargó a Javier Arenas, la formulación de la política autonómica del partido. Extrañó que Arenas lo hiciera, pues en aquel momento era ministro de Trabajo. Mariano Rajoy, que era el ministro competente en asuntos territoriales, quedaba (tranquilamente) apartado de la cuestión. En realidad, el Congreso iba a cambiar 180º grados la orientación autonómica: fue entonces cuando la política autonómica del Gobierno se basó en el cierre a cualquier reforma, afirmando una interpretación rígida de la Constitución, en la que las Comunidades Autónomas, debían someterse a la orientación general definida por el Ejecutivo. Mariano Rajoy había encarnado otra política en el ministerio de Administraciones Públicas, la misma que había seguido cuando preparó los “Segundos Pactos Autonómicos” con el Gobierno de Felipe González, firmados, simbólicamente, el ¡28 de febrero! de 1992. Arenas dejó el Ministerio de Trabajo para hacerse cargo del Partido. En Administraciones Públicas, entró como ministro Ángel Acebes. Y Mariano Rajoy ocupó Educación y Ciencia, cuando Esperanza Aguirre fue despedida…hacia la presidencia del Senado, Cámara que nunca más habló de su reforma constitucional. Después, en 2003, Javier Arenas fue recompensado con la vicepresidencia del Gobierno para asuntos territoriales. Esa función estaba desempeñando, cuando llegó Zapatero.
Hasta que Zapatero pactó el “Estatut” con Artur Mas, la política autonómica se fue al otro extremo, condicionada por el Gobierno catalán de Pasqual Maragall. Esa fecha, como la de enero de 1999 para el PP, viene a marcar cambios de calado en ambos casos. ¿Es casualidad que sea un político andaluz como Manuel Chaves, el que esté hoy en ese cometido? Andalucía, para la mayoría de las Autonomías, significa, además de lealtad constitucional, la pluralidad territorial que está implícita en el modelo. Creo que ahora es posible, volver al espíritu reformista que se abandonó en 1999. Mariano Rajoy, debe recordarlo. Hay otro factor propicio: en 1999, Ibarretxe iniciaba entonces la intranquilizadora vía soberanista, el gran pretexto para congelar cualquier mejora. En 2009, por el contrario, Patxi López, presidirá un Gobierno con una orientación completamente diferente. Habrá que tener en cuenta, además, que Manuel Chaves vivió y militó en el País Vasco en los años 70. Cataluña, en estas circunstancias, deberá optar por situarse en la tendencia general, el reformismo constitucional. Así lo esperan muchos, dentro y fuera de Cataluña.




