Entre adoquines
Cataluña, trending topic mundial gracias a los toros
Los principales medios de comunicación internacionales sabían que la polémica votación de ayer en el Parlamento de Cataluña era una noticia que no se podía dejar pasar. El elevado número de periodistas extranjeros que acompañaban a los nacionales y la rápida difusión de la prohibición de las corridas en Cataluña en los periódicos, agencias y cadenas más conocidos, nos daban aquí una idea de que la repercusión de la noticia. El mundo estaba pendiente, igual que hace días lo estuvo de “La Roja” y del beso de Casillas a Carbonero. España sigue vendiendo y el número de turistas ha crecido después del Mundial de Sudáfrica, pero a partir de 2012 quien quiera completar un viaje verdaderamente típico y lleno de tópicos, que sepa que las entradas para una corrida no las va a encontrar ni en Canarias ni en Cataluña. De lo de Cataluña, seguro que ya han tomado nota desde ayer, porque la prohibición llevaba tanto tufo político que, desde el principio, ha provocado la confrontación del personal, dividido en dos frentes, a favor y en contra, que enseguida ha saltado de las tertulias de bar a los foros de Internet, haciendo que la palabra Cataluña se convirtiese ayer en un trending topic de Twiter, es decir, en un término caliente por la cantidad de internautas que se pusieron a usarlo al mismo tiempo en sus conversaciones.
Y es que el negro toro que nos identifica, tantas veces sustituto del escudo en la bandera, silueta de Osborne grabada en cualquier souvenir made in Spain, llevaba tiempo jugándose el sabroso rabo y las dos orejas en el ruedo político que, oportunista como ninguno, aprovechaba la corriente antitaurina de los defensores de los animales, para atacar a la nación de la que los separatistas catalanes no se consideran parte. Que digo parte, en realidad, da la patética sensación de que, si fuera posible, serían de aquellos que defienden lo que consideran “suyo” no mezclándolo nunca con lo de los “demás” para que no se contamine y levantando vergonzosos muros para que, si alguien de los que quedan dentro del mismo, no está de acuerdo, no tenga la posibilidad de salir y contarle al resto del mundo que las cosas no son tan idílicas ni, por supuesto tan unánimes, como las pintan sus fanáticos dirigentes.
Personalmente, confieso que no ha llegado a entrar en mis venas la emoción por la fiesta nacional y que con una vez que acudí a la plaza, ya he tenido bastante para saborear lo único que me gustó: el ambiente del coso, su alegre música que sigue trasladando a otras épocas y esos “olés” pronunciados al unísono por una multitud que, además, habla en un lenguaje particular que hace que, si no tienes la posibilidad de acudir a la plaza acompañado por un experto, te quedes fuera, en buena parte, del conjunto artístico en el que se basa la centenaria tradición. Por otra parte, reconozco además, que desde pequeña he sido militante poco activa de Adena, que no compro cosméticos sospechosos de haber sido elaborados valiéndose de la muerte o la experimentación con animales, salvo ratas, que aún no sé porqué parecen de segunda y nadie las defiende en concreto, a pesar de ser las más vapuleadas.
Y que firmo lo que haya que firmar para que dejen de matar a las focas a golpes o de exterminar a las pocas ballenas que quedan en el mar. No uso abrigo de piel natural y eso que soy la mar de friolera; no tengo zapatos ni cinturones de piel de cocodrilo, caimán o cebra.
Es verdad, hay que defender a los animales porque no lo pueden hacer por sí mismos, hay que perseguir las peleas clandestinas de gallos o perros. Vigilar para que los pobres jilgueros no se pasen toda la vida entre barrotes, colgados de un balcón frente a una autopista, y que los dueños de los perros urbanos estén obligados a sacarlos, por lo menos dos veces en semana, al campo para que puedan correr a sus anchas y olviden durante unas horas el trauma que deben sentir por hacer pis siempre en la misma acera o en la misma rueda.
Y, cómo no, hay que prohibir comer carne del animal que sea, aunque el bicho no haya muerto en la plaza a la vista de todos. Perseguir a los que estresan a las gallinas o a los rodaballos de las piscifactorías, a los que lanzan al río o al mar sus malignos cebos. Meter de por vida en la cárcel a quienes volvieron locas a las vacas e hicieron tiritar de gripe a los pollos. Y que quede terminantemente prohibida también cualquier experimentación en animales de nuevos medicamentos para curar enfermedades graves.
Pero no hay que preocuparse, seguro que todo esto y mucho más para la defensa verdadera y no demagógica de los animales ya se está incluyendo en el orden del día de las próximas reuniones de los diputados catalanes. Entonces, seguro que se merecerán ostentar el cibernético título de trending topic y podremos comprobar en las imágenes que se celebra el triunfo sin la pasión apestosamente partidista y visceral con la que hemos visto saltar y aplaudir a quienes, en realidad, no han ganado nada.




