¿El acuerdo que corrigió el mal rumbo?
Juan José Laborda
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1718lamartingmailcom/12/12/18
viernes 21 de junio de 2013, 20:15h
Puede que algo cambió a mejor cuando el 12 de junio Rubalcaba se puso de acuerdo por teléfono con Rajoy. El acuerdo fue y es más bien modesto: los diputados socialistas y los populares votarán una proposición no de ley (PNL) para llevar una posición común -del Gobierno y de la Oposición- a la reunión del Consejo Europeo de 27 y 28 de este mes.
El acuerdo no sólo descansa en un débil documento parlamentario, sino que su contenido es bastante genérico -un plan de empleo juvenil, ayudas a las PYMES del Banco Europeo de Inversiones y nuevas inversiones procedentes de los Fondos Europeos-; y por otra parte, no está garantizado que el Consejo Europeo apruebe su contenido.
Sin embargo, los otros grupos parlamentarios sí le han dado importancia. Los nacionalistas y UPyD han protestado porque han sido invitados cuando el acuerdo ya estaba hecho; IU, además, porque no contiene sus propuestas para cambiar la lógica económica europea. Pero todos siguen pensando que el futuro de España sigue estando en la Unión Europea; y existe una rara unanimidad para que Europa continúe su integración política y económica. En este aspecto, el federalismo europeo no suscita las aprensiones que produce internamente.
Rubalcaba ha conseguido -¡por fin!- uno de sus propósitos. Tanto él, como Rajoy, -se dice- se han puesto de acuerdo al ver en peligro el bipartidismo. No pienso que ésa haya sido la principal causa del acuerdo. Como ha comentado Felipe González, los dos partidos son criticados porque no se ponen de acuerdo, y cuando lo intentan, son acusados de pactistas.
Mi impresión es que Rubalcaba -un dirigente que conoce y practica la política europea-, y Rajoy -porque está pendiente de las decisiones de la UE-, se han dado cuenta de que estamos en un momento decisivo. ¿Estamos en ese momento? La opinión pública española, en una gran proporción, no lo percibe así. Enfrascada -dentro de un frasco, como el genio encerrado en un recipiente- en asuntos domésticos -desde la secesión catalana hasta las variadas crónicas judiciales-, la sociedad ve la realidad a través del frasco informativo que la tiene cautiva.
El caso es que España es vista en el extranjero a través de las informaciones periodísticas que se hacen en nuestros medios de comunicación. Las élites internacionales, como una importante parte de la opinión pública española, saben que la exageración sensacionalista, y la descalificación generalizada de nuestra política, son el defecto de nuestro momento actual. Pero esas diversas élites internacionales, que deciden en función de la confianza que dan los países, tienen dificultades con España porque aparece en sus medios con una imagen que no es exactamente real. La opinión pública en este momento no es muy diferente de la publicada, y eso podría indicar que la sociedad civil española carece de una autentica capacidad crítica.
Cada vez se escuchan más quejas por esa situación que nos perjudica.
El acuerdo se produce por eso. En un momento decisivo. Contra lo que algunos pensaron, Merkel y Hollande se han puesto de acuerdo sobre las líneas básicas de la gobernación europea. Con Gran Bretaña ausente del debate europeo, el futuro de Europa -¡de nuevo!- se definirá por Francia y Alemania, o no habrá proyecto europeo. Es verdad que, hasta que pasen las elecciones alemanas, las cosas seguirán sin muchos cambios. Pero después, tienen que producirse rectificaciones importantes en la UE.
Y España necesita salir de su ensimismamiento acerca de sus dificultades. En el tablero europeo ahora deciden más los más “sanos” económicos: Alemania, Países Bajos, Austria y Finlandia; los cuatro aportan 39,50% de la riqueza del “área euro”. Pero Francia, Italia y España suponen el 49,50% de las economías “euro”. ¿Por qué tiene importancia el acercamiento de Merkel y Hollande? Porque Alemania no puede seguir sola con los ortodoxos, y necesita que Francia, Italia y España no sigan en recesión o con una demanda mínima.
A esto habrá que añadir el proyecto de un área de libre comercio entre Europa y los Estados Unidos.
Tendría coherencia que ese mínimo pacto abriera una fase de colaboración más profunda entre el Gobierno y el PSOE. La política europea no es un asunto más de política internacional -como a veces aparece-, sino que será el único asunto político esencial del futuro. Sumarse al grupo de países que vayan definiendo una Europa más integrada, más federal, es una oportunidad que no se puede perder. Los dos grandes partidos españoles tendrán que abandonar la estrategia de considerar al otro como enemigo (según la famosa tesis de Carl Schmitt), algo que arrastramos -incluso impidiendo un reformismo auténtico- desde, al menos, 1993, cuando se iniciaron los “años de plomo”. Habrá que rectificar la deriva que empezó con el Gobierno de Aznar y continuó con el de Zapatero. La ruptura del consenso entre ellos alcanzó con el tiempo a todo el sistema político; hoy estamos así. Este modesto acuerdo europeo podría indicar que volvemos a tomar el buen rumbo.
Es indudable que apostar por esas reformas en la Unión Europea servirá para abordar los problemas internos que tanto nos agobian: hacer frente a nuestras deudas económicas y restablecer nuestra unidad constitucional. Esperemos.
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Consejero de Estado-Historiador.
JUAN JOSÉ LABORDA MARTIN es senador constituyente por Burgos y fue presidente del Senado.
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