El PP: prietas las filas, pero el secesionismo acecha sin piedad
Joaquín Vila
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directorelimparciales/8/8/20
sábado 01 de febrero de 2014, 15:06h
La convención del PP de este fin de semana en Valladolid puede considerarse un éxito. Para Rajoy. Al margen de las disidencias que se han producido, sobre todo la de Mayor Oreja, vitoreado y ovacionado por su caballerosidad y su elegancia política (lo de Vidal- Quadras es una anécdota menor, tan menor como él), el presidente del Gobierno ha dicho lo que todos esperaban.
Ni media broma con los etarras, no permitirá un referéndum en Cataluña, la economía se recupera y los que están con él son una piña. Estuvo contundente, serio y hasta convincente. Sonreír poco. Bueno, un amago. Ni es su estilo ni están los tiempos para bromas. Hubo, no obstante, abrazos, besos, alaridos de pasión…Toda una fiesta. Hollywood en Valladolid. Mientras, Rajoy, se mesaba las barbas.
Pero la cuestión esencial que le falta por aclarar al presidente, al margen de las ovaciones descontroladas de sus adeptos, radica en la estrategia para evitar el referéndum catalán, que como aseguró y prometió, impediría por todos los medios y, al tiempo, pararía los pies a los proetarras, que andan creciditos, chulitos, violentos como siempre y repugnantes.
Hasta ahora, Rajoy se ha limitado a dejar pasar el tiempo y mirar al tendido. Y no tiene capote. Pero el tiempo es implacable. Y hay mucha gente harta de la pachorra del Gobierno ante la amenaza más agresiva y letal de los últimos tiempos para España.
La consulta secesionista catalana tiene muchas dificultades para abordarla y frenarla sin medidas excepcionales. Es verdad que sería ilegal celebrarla si el Congreso de los Diputados, como ocurrirá, tumba las pretensiones catalanistas. ¿Pero qué pasará después? ¿Cómo aplicará el Gobierno “todos los medios” que ahora promete?
Los nacionalistas apelarán a esa “democracia” manipulada, al derecho a decidir y a todas esas falsedades, a todas esas mentiras, a todas esas ilegalidades que llevan vomitando desde hace tiempo. Es probable que a Artur Mas le hubiera gustado echarse atrás. Pero se ha comprometido demasiado. Y, además, lo tiene crudo. Su jefe, el simpático y dandi Junqueras (le llaman el George Clooney del Cogreso) no se lo permitirá y querrá colocar urnas en todos los distritos electorales para que los catalanes voten. Y Artur Mas no tiene bemoles para enfrentarse a él.
Es verdad que la consulta sería ilegal, que, además del Congreso, el Tribunal Constitucional derogaría tales pretensiones. Pero, los catalanistas están dispuestos a todo. Les han dado carrete. Y están lanzados río abajo, quizás por el Llobregat, por la corriente turbulenta y desbordada de sus paranoias.
¿Qué puede, entonces, hacer el Gobierno? ¿Desmantelar con nocturnidad todos los colegios electorales? ¿Colocar retenes de la Policía Nacional o tanques en las puertas de los colegios para impedir que se vote? Menudo embolado. Hagan lo que hagan, saldrán escabechados.
Salvo que Rajoy tenga esa varita mágica, que esconde como un truhán, y que evite el referéndum sin violencia, ni Policía, ni altercados. Pero, quizás, esa varita, si es que la tiene, ya debería haberla enseñado. Porque los españoles nos tenemos lo peor. Y la crisis institucional puede ser histórica. Apenas queda un año y, mientras tanto, los catalanes se chotean de todo, no cumplen ni una ley. Ni la de Educación, ni ninguna otra. Crucemos los dedos. Sólo nos queda la varita mágica, Europa. O Australia.
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Director de EL IMPARCIAL
JOAQUÍN VILA es director de EL IMPARCIAL
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directorelimparciales/8/8/20
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