España, en su ratonera
José Antonio Ruiz
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jantonruytelefonicanet/9/9/20
viernes 06 de septiembre de 2013, 20:10h
Hispania vuelve a la anormalidad. La Celtiberia showrealista y estrafalaria que fabuló el inolvidado Carandell, tan pronto se enamora de sí misma tal cual el Narciso pre freudiano de la Metamorfosis de Ovidio, como se le va la olla y se abre las venas emulando a Séneca.
En tiempos de Enrique Jardiel Poncela, el que no se atrevía a ser inteligente se enrolaba como grumete en el remolcador de la política. En estos otros tiempos convulsos que vivimos ahora a deshora, los susodichos directamente se meten a periodistas, siguiendo el ofensivo consejo de Chesterton, que recomendaba a los duros de mollera que no servían para otra cosa, antepasados remotos del entrañable Forrest Gump, que barajaran la posibilidad de ejercer como salva patrias o como gacetilleros.
Lo peor de este simulacro de país apolillado, carcomido de mediocridad y maledicencia, no son, a juicio deliberadamente perdido de este cronista, los partidos y los políticos caducos, ni siquiera los sindicalistas liberados de principios y decencia que se entregan al choriceo mientras cantan con el puño en alto y sentidos golpes de pecho la Internacional.
Lo peor de lo peor son los mal llamados medios de comunicación y los presuntos periodistas mamporreros, chaperos del poder, que ejercen la profesión con impunidad, abusando de la condición lanar y mansurrona de la sociedad incivil.
Hoy, muy a mi pesar, «cumplo un sueño de infancia», como todos los galácticos que firman por el Madrí y el día de su presentación en el Circo Máximo tienen que pagar el peaje de hacer el canelo y la genuflexión a los pies de Florentino, el Emperador de Concha Espina: arremeter sin piedad pero con conocimiento de causa, pues formo parte de la casta, contra la clase periodística.
Si la mentira es un hecho consustancial al ejercicio del poder, cuyas contraindicaciones ya catalogó Maquiavelo, los tirones del moño de verduleras que se suceden a diario entre colegas de linotipia se parecen cada vez más a los ajustes de cuentas entre miembros ilustres de la Cosa Nostra.
Cerrado el mercado de fichajes, la última revelación de la temporada es un tal Mauricio Casals (no confundir con su compañero de consejo, Maurizio Carlotti, otro que tal baila como vicepresidente de Atresmedia), apodado en los ambientes cortesanos con el alias de Príncipe de las tinieblas.
El hombre ha prosperado como presidente de La Razón, el libelo marianista del Planeta, gracias a su contrastada habilidad para compatibilizar el cargo de ejecutor de los designios de Lara con el de componedor áulico del Gobierno PePero, aunque en el organigrama de Moncloa quien figure al frente de la gestoría propagandística sea Carmen Martínez Castro.
Para todo ello cuenta con la impagable ayuda de su fiel escudero Paco Marhuenda, que antes de ser lo que es, director de la cosa, o sea, ha ido labrando su carrera y subiendo en el escalafón a las faldas de Rajoy, entrando y saliendo por la puerta giratoria, de la política al periodismo, y viceversa, según ha ido conviniendo a sus intereses profesionales y a los intereses políticos de sus respectivos señoritos de Génova.
Nada nuevo en el horizonte desde el supuesto petardazo del Big Bang, pues la legítima ambición humana no parece conocer límites, por lo que hace bien el menda sacándose unos sobresueldos como entretenedor de ignorantes y alcahuetas en los reality show en las teles planetarias, osease, Antena 3 y La Sexta.
La novedad ha sido el pronto que le ha dado a Pedrojota desenmascarando al jefe de Paco, al publicar un SMS que Bárcenas envió a Casals, a quien El Mundo atribuye el papel de intercesor entre el ex tesorero y el partido para negociar el finiquito de Luis a cambio –es un suponer- de su silencio eterno.
Dicho sea al paso, el dichoso mensaje ha venido a dejar a Cospedal a los pies de los caballos de la hípica de Pepe Bono, mientras Ramírez se frota las manos acariciando la posibilidad de que el juez Ruz llame a declarar al editor pluriempleado, a ver si de rebote la juerga contribuya a frenar la sangría de la venta al kiosco.
Con las revelaciones, Pedro se cobra venganza frente a Mauricio, supuesto muñidor del veto a la fusión de ABC y El Mundo, por indicación expresa del registrador; pues una historia hubiese sido acceder al doble favor de perdonarles la vida a los inquilinos de Josefa Valcárcel y de la avenida de San Luis, rescatándoles de la ruina, y otra bien distinta, a todas luces intragable, encima tener que tragarse un sapo como Ramírez al frente del Frankestein resultante, convertido en heredero de los Luca de Tena.
Frustrando el casamiento de conveniencia, es de imaginar que Mauricio se dio además el gustazo de vengar la afrenta que supuso en su día la famosa Operación Soprano que le montaron los Vocentos, que también son mansos pero topan, con la aviesa intención de torpedearle el chiringuito de La Razón.
Hasta aquí la Tragicomedia de Calixto y Melibea; nada que objetar; allá cada cual con su cantimplora. Lo que no tendría un pase, pero explica el escaso prestigio de la cofradía mediática, es pensar en la hipótesis de que La Razón haya dispuesto desde el principio de más y mejor información sobre el affaire Bárcenas que El Mundo y que El País juntos, porque la tiene de primera mano a través de su propio editor, y en lugar de publicarla se dedique a negar los hechos y arremeter contra la competencia recriminándole su obsesivo empeño golpista en derrocar al Gobierno.
No todo vale, ni en política ni en periodismo. También en nuestra profesión hay una línea roja, que casualmente suelen cruzar quienes más lejos llegan ejerciendo, no tanto el hermoso oficio que a muchos nos da la vida (y nos la quita), cuanto la función de «abrazafarolas», que diría García. Visto lo visto, comienzo a pensar que Paolo Vasile, con todo su golpe de Tutti Frutti, es un pobre diablo pendiente de la redención de Berlusconi, y que las Mama Chicho tenían más cosas en común con las monjas Ursulinas que con las mujeres que fuman.
Ojalá Mariano fuera El héroe discreto que lucha contra el destino, de Vargas Llosa. Pero al paso que va, le puede suceder lo que a Fernando VII, que comenzó siendo el Deseado y acabó siendo el Felón.
Cada año por estas fechas, en la localidad onubense de Cartaya se apuesta por el trozo de parcela en el que la vaca Campanera defecará. El ganador se lleva 6.000 talegos. No es de extrañar que en este país nuestro de cencerros y cabestros la venta de papeletas haya vuelto a superar una edición más todas las previsiones, y que más de un conductor perplejo se haya topado con la vaca vagando por el arcén de la M40 camino de Moncloa.
Sólo nos faltaba ahora que con motivo de la Diada del Onze de Setembre, saliera don Jordi Pujol al balcón, loco por unos McNuggets, y volviera a entonar la copla de amor a las Jenifers, esa donde invita a las chonis a chapurrear el catalán para hacerse merecedoras de un ticket de acceso al paraíso terrenal del Rey Arturo.
Al término de la última clase que di a los alumnos de Periodismo de la Complutense les dije, siguiendo el sabio consejo de Lola Flores: ¡Si me queréis, irse! (…) La próxima, estoy planteándome recomendarles directamente que antes de matricularse lean la Divina Comedia de Dante… ¿Periodistas? (…) «Oh vosotros los que entráis, abandonad toda esperanza» (Infierno. Canto III).
No tengo ni idea de cuándo comenzó a joderse el Perú; lo que tengo claro es que como sigamos por estos derroteros, al abajo firmante le jodería tener acabar dando la razón a Honorato de Balzac por la clarividencia con la que sentenció que «si no existiera el periodismo, no habría necesidad de inventarlo».
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Periodista
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jantonruytelefonicanet/9/9/20
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