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Podemos: ¡Todos contra la coleta!

Francisco Delgado-Iribarren
lunes 30 de junio de 2014, 14:12h
Actualizado el: 07/08/2015 09:33h
Si alguien no quiere leer sobre la abdicación del Rey, esta es su columna. No es nada personal, Su Majestad, ni un desaire hacia usted, Su Alteza Real el Príncipe de Asturias, próximo Rey Felipe VI. Les explico: es porque la Décima del Real Madrid retrasó mi columna sobre Podemos de Pablo Iglesias, y ahora Podemos retrasa mi columna sobre la abdicación, el reinado que termina y el reinado en ciernes. Si un buen periódico es una nación hablándose a sí misma (Arthur Miller), los periodistas también debemos seguir un ritmo y evitar hablar atropelladamente.

Las primeras dimisiones tras conocerse el resultado de las elecciones europeas deberían haberse producido en las empresas de encuestas electorales. Por ejemplo, Metroscopia daba al bipartidismo el 63,7% de los votos; fue el 49%. PP y PSOE empatarían a 19 diputados; fue 16-14 para el PP. Podemos sacaría el 2,4% de los votos y un escaño; fueron casi el 8% y cinco escaños. Las consultoras Sigma-Dos, GAD3 e Invymark otorgaban todavía más escaños al PP, 21 o 22. El gozo de los populares, en un pozo. Tampoco DYM, NC Report, Feedback, el CIS, Celeste Tel ni Demoscopia se acercaron a acertar la quiniela. La empresa que mejor olfateó la verdadera intención de voto fue Investigación social (para el digital Público), como se puede comprobar en el cuadro resumen de los sondeos de la web Electrometro.com. Tanto bombardeo de encuestas para luego quedarnos todos con la boca abierta. Me imagino que España nunca padeció tan alta fiebre de encuestitis.

La gran sorpresa, aparte del batacazo de los dos “grandes”, el candidato revelación fue Pablo Iglesias. Un escalofrío recorrió muchas almas de españoles, muchos se llevaron las manos a la cabeza y a la cartera, muchos exclamaron “¡oh, Dios mío!”, e incluso el “¡que vienen los rojos!” con el que Juan Manuel de Prada tituló su columna al respecto. Un vértigo histórico. Muchos, los que no ven las tertulias, no conocían al chico de la coleta ni a su neonato partido. No es por presumir (en realidad sí), entre otras cosas porque para eso estamos los periodistas, para informar, pero en este mismo espacio digital de Tiempos difíciles, a fecha 21 de enero de 2014, recién naciditos Vox y Podemos, un servidor publicó una columna titulada precisamente así, Vox y Podemos, en las que se alertaba del potencial de ambas formaciones, especialmente de la izquierdista.

Quien pinche en ese artículo recordará que el Nuevo Pablo Iglesias pidió a la rebelión de las masas 50.000 firmas para lanzar su proyecto, y que en solo un día las consiguió y pronto superó ámpliamente. Que militó de los 14 a los 21 años en las Juventudes Comunistas de España. Que ha perorado en muchos platós, desde La Sexta hasta Intereconomía (también en Cuatro). Que apoya los referéndums independentistas, el aborto libre y gratuito y la nacionalización de la banca privada, entre otras impactantes y destructivas medidas. Yo le adivinaba “predestinado a un liderazgo de masas”, advertía que “PP y PSOE harían mal en minusvalorar la incidencia que estos partidos puedan tener” y destacaba el tirón entre los jóvenes. Vox ha debutado con casi 250.000 votos, lo cual, con cinco meses de vida, tampoco es moco de pavo.

El éxito del Nuevo Pablo Iglesias ha provocado dos reacciones muy españolas: la primera, atizar con saña al recién aterrizado al ruedo político, sacando toda la gama roja de colores a Podemos. Los ataques al gran líder no son solo políticos, sino también personales, como si un alto jefe, después de un toque de corneta, hubiera lanzado la consigna: “¡Todos contra la coleta!” La segunda, crear, diseñar y realizar fotomontajes para enviarlos por WhatsApp a los contactos, como sortilegio para conjurar el pavor por medio de los chistecitos. Ya es tarde para cambiar los resultados electorales, toda esa labor de lucha ideológica tendría que haberse acometido antes de las elecciones.

Esta columna no va dirigida a combatir al Nuevo Pablo Iglesias, o al menos no solo a eso. En mi opinión el susodicho no tiene más culpa que haber realizado su trabajo con audacia, esfuerzo y éxito. Asumo que en España, por unos cuantos años más, habrá líderes políticos de extrema izquierda, porque venimos siendo un país con mayoría social de izquierdas, mucho más condescendientes e indulgentes con el extremismo zurdo que con el diestro, y eso que nuestros principales partidos a la derecha del PP no son en absoluto homologables a los que crecen en Europa.

A los analistas políticos no deben dolernos prendas en reconocer los méritos de Iglesias y del que, dicen, es el cerebro de Podemos, el director de campaña Íñigo Errejón. Su demagogia está más elaborada que la de Elena Valenciano. Abarcan más temas que el feminismo y el aborto. Su vocabulario es más rico y conecta mejor con un sector de la sociedad desencantada y estancada. En este universo léxico brillan como estrellas unos cuantos términos: empoderamiento, desahucios, casta, chollo, bancos, estafa, troika… Pablo Iglesias tiene su propia definición de demagogia: “Cañete subiéndose a un tractor”. Es justo reconocerles más imaginación, ingenio y frescura que a muchos de sus vecinos de la escalera izquierda.

Y además, están los gestos. Los gestos de coherencia que, en la era del papado de Francisco, valen más que mil palabras. El gesto de rebajarse los sueldos de eurodiputados en un 75%, de unos 8.000 a unos 2.000 euros. Habrá que vigilar que lo cumplen. Y el gesto de renunciar al millón de euros de subvención que corresponde a Podemos por su éxito electoral. El dinero al que renuncian hoy son más votos del mañana. Los españoles ahora mismo nos dividimos en dos grupos: los que piensan que los votantes no saben lo que han votado y que por tanto Podemos será poco más que flor de un día, y los que piensan que la gente sí sabe, en esencia, lo que vota y que el fenómeno Podemos va a crecer en próximas elecciones. Pertenezco al segundo grupo.

Este revolcón electoral ha vuelto a poner de moda la palabra autocrítica. Yo pediría esa autocrítica para todos los sectores moderados y conservadores. Porque el éxito de los exaltados suele suceder al fracaso de los moderados. Y en España muchas victorias de la izquierda se producen por incomparecencias de la derecha: en las universidades (como la Complutense de Carrillo), en los medios, en la batalla ideológica y cultural.
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