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Editorial
La cultura de la irresponsabilidad
Es hora de que el Jefe del Gobierno español, José Luís Rodríguez Zapatero, aterrice en la Tierra y descienda de su periplo planetario, para hacer frente a los problemas reales que afronta la sociedad española, y que van más allá de la crisis económica que ha afectado el país a largo de 14 meses.
Pretender cambiar desde el Boletín Oficial del Estado el modelo productivo, es un ejemplo de soberbia intelectual que haría las delicias de Hayek. Pero el señor Zapatero bien podría ir mejorando la educación de los niños y jóvenes españoles. Modestamente, poco a poco pero con seriedad y continuidad. Claro que ese ejercicio efectivo pero callado produce pocos titulares y menos telediarios. Entretanto, España continúa registrando los peores índices europeos en materia de Educación. Todos los años los barómetros nacionales e internacionales confirman el deterioro del nivel académico de nuestros jóvenes que salen de los institutos más duchos en las artes de cómo sobreponerse a la resaca del botellón y más conocedores de las bondades de la píldora del “día después”, que versados a la hora de redactar un ensayo correctamente aceptable como para no hacer el ridículo en la universidad.
El hecho de que el Gobierno de Zapatero insista en la política de que los jóvenes españoles puedan pasar curso con cuatro materias suspensas, cuándo semejante método es impensable en el conjunto de los países europeos y de otras latitudes geográficas, entre los que se encuentran, varios países del denominado Tercer Mundo, es un ejemplo de los grandes desenfoques de esta administración. Se trata de un ejemplo más de una línea cada vez más alejada de las ideas y supuestos que iluminaron al viejo socialismo español, tan influenciado, en su política educativa, por principios filosóficos que le venían de los venerables maestros de la Institución Libre de Enseñanza. Por eso, Pablo Iglesias hizo suyo el propósito de rescatar al obrero del naipe y la taberna, buscando dignificarle a través de una educación responsable. La idea estoico-ciceroniana de responsabilidad, autocontrol, esfuerzo y trabajo eran pilares de esta filosofía.
En vez de subsanar las deficiencias de nuestro sistema educativo, con el objeto de impulsarlo en dirección a la excelencia, a fin de formar una sociedad pujante y productiva, que camine a la par de los países que están a la cabeza de Europa, el Ejecutivo Zapatero se ha dedicado a avalar la irresponsabilidad y la mediocridad del “todo vale”. Se trata de un populismo educativo que no hace otra cosa sino jalear a una generación de jóvenes propensos al analfabetismo funcional, que desconocen —porque no se lo fomentan- la seriedad y la responsabilidad que conlleva el valioso e inherente derecho ciudadano a la educación.
Ya es hora de que el señor Zapatero baje de su OVNI teatral, trufado de encuestas, para encarar las realidades de la España actual, que ya acumula varias materias suspensas dentro de la agenda local y regional: un expediente “académico” con el que difícilmente se puede aprobar en la Europa del Primer Mundo.




