La noche más negra del PSOE y la euforia en el PP
domingo 22 de mayo de 2011, 22:34h
La sede socialista en la calle Ferraz de Madrid se convirtió, según iban llegando los datos del descalabro del PSOE en las elecciones, en un auténtico funeral, en la noche más negra que han vivido los dirigentes del partido. Zapatero fue recibido con frialdad, aunque alguno de sus más allegados se acercaron a él para animarle, para consolarle. Pero más de uno se escabulló para no tener ni que mirarle a la cara.
José Blanco, como suele, intentaba insuflar ánimos, dar la impresión de que la derrota no era tan descomunal, que las elecciones generales todavía se podían ganar si el partido reaccionaba. Pero ni él se lo creía. Se formaron corrillos, se mascaba la tragedia y los más osados comenzaron a señalar, con el dedo escondido, claro, al responsable del batacazo: a Zapatero.
Según las fuentes consultadas por El Imparcial, se produjeron momentos de tensión, de rabia, de impotencia. Las botellas no se descorcharon, los canapés se quedaron fríos y la estampida fue general. El PSOE vivió su noche electoral más negra. Y los dirigentes salieron de la sede cabizbajos y mascullando que la única solución para sobrevivir pasaba por la dimisión de Zapatero.
En la calle Génova, por lógica, el ambiente era el contrario. La euforia dentro y fuera de la sede se extendía como la pólvora. Rajoy fue abrazado hasta por los bedeles, Esperanza Aguirre, que ha superado con creces su mayoría absoluta, sonreía más que en la foto del cartel electoral y Gallardón, pese a perder algún concejal, también disfrutaba como un niño con su nueva mayoría absoluta. Se descorcharon todas las botellas y no quedó un sólo canapé. Y la calle Génova se llenó con los miles de ciudadanos enarbolando las banderas de España y las de su propio partido. Y en los corrillos se comentaba que este histórico resultado supone el preámbulo de la victoria en las elecciones generales que ya se avecinan. Aunque todavía nadie sabe cuándo se celebrarán.