25-S: ¿Quién le pone fecha a los levantamientos?
José María Zavala
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jmzavalagmxnet/8/8/12
lunes 24 de septiembre de 2012, 20:15h
Son ya miles las incógnitas y la confusión reina por doquier. El origen y desarrollo de la convocatoria es ambiguo, y no lo es menos la postura del Gobierno. Este martes día 25 hay una cita con el descontento delante del Congreso de los Diputados, motivo por el cual el Ministerio del Interior ha decidido blindar la cámara a través de un fuerte despliegue policial.
Finalmente no quedó muy claro si el objetivo del encuentro es el de “ocupar”, “rodear”, “rescatar” el Congreso, o incluso el de crear un caos burocrático a través de la exigencia conjunta de una “Democracia 4.0”. Tampoco sabemos mucho acerca de cuál será el nivel de contundencia con el que se le indicará a los agentes que deben actuar. Sin embargo sabemos desde el 15 de mayo de 2011 que la violencia tiene la capacidad de desmovilizar pero también la de potenciar la indignación, y una respuesta “desmedida” sería un imán para la ciudadanía.
No puedo evitar compartir la sensación de que esta llamada es extremadamente ambiciosa y precipitada si tenemos en cuenta el nivel de apatía política mostrado por una buena parte de la población. Las revoluciones no se convocan con una fecha concreta, sino que surgen por un motivo puntual. Como la respuesta generada por uno de los anuncios de recortes este último verano, que provocó una riada de personas enfadadas bajando por la Gran Vía, aumentando de volumen a su paso.
La falta clara de objetivos para esta próxima cita la convierte en una acción marcadamente emocional. Una mera reacción que ataca a los símbolos del poder político y que en sus aspiraciones no queda claro si pretende acabar con los rostros que lo representan o con la raíz del propio sistema. Tan sólo parece estar de acuerdo en la creación de un vacío de poder, generando en caso de lograrlo, situaciones peligrosamente manipulables. Luego es cuando vienen los arrepentimientos.
Siento ser tan negativo, pero un breve vistazo a la historia de la insurgencia nos dará material sobre el que reflexionar y contribuirá a temer una nueva frustración política. Lo único que está claro es que la situación actual genera insatisfacción. Ante ello, es necesario preguntarse “¿por qué?”. Y más adelante, pensar acerca de si realmente se desea un cambio, cómo de profundo y de qué tipo. Tener en la cabeza una orientación, unos objetivos, unos ideales es imprescindible para que no sean otros los que nos vendan los suyos y que precisamente de esa manera no cambie nada.