José Antonio Sentís
JOSÉ ANTONIO SENTÍS es director general de EL IMPARCIAL.
paso cambiado
Las mentirijillas de Zapatero
En una provocadora portada del ABC de Anson, a Felipe González vestido de Pinocho se le alargaba espectacularmente la nariz. Tenía talento para camuflar la verdad, pero al final se le pillaron casi todas sus mentiras. Y no todas, pues sabido es que se libró del banquillo, bajo la versión "yo no sabía nada y me enteré por la Prensa", de algunos pequeños asuntillos que llevaron a colegas socialistas en tropel hacia Alcalá-Meco. Y aclararé a nuestros lectores allende las fronteras que es una moderna, espaciosa y emblemática cárcel vecina a Madrid.
Las mentiras de González podían, sin embargo, ser entendibles, porque eran en defensa propia. Algo parecido a las del admirado progresista Bill Clinton, cuando intentó evitar que la futura entonces secretaria de Estado de Obama, a la sazón su señora Hillary, le obligara a dormir en el sofá por el inapropiado uso del puro y su imprecisión sobre el conocimiento de las tareas de una becaria en la Casa Blanca.
Aquel Felipe González, sin embargo, era chato en comparación con Zapatero. Con el agravante de que éste no defiende su libertad o se intenta evitar un sonrojo matrimonial. Sólo utiliza la mentira como argamasa del Poder, como arma de idiotización masiva para sus compatriotas. Y, aún peor, cuando le descubren actúa como el embustero perfecto, el que niega hasta la muerte sus embustes.
Zapatero recuerda al actor de una ácida comedia italiana que, pillado in fraganti por su señora en la cama con otra, espera a que su amante se vista y se vaya y luego le espeta a su mujer: "Estás loca. ¿De qué mujer, de qué cama me estás hablando?".
De los cinco años de Zapatero, lo peor no han sido sus mentiras, descritas y denunciadas por quienes esto de la moralidad pública les importa algo, y disculpadas por quienes lo que les importa es que gane Zapatero, es decir, los socialistas y algunos socios nacionalistas variopintos. Lo peor, digo, ha sido el último espectáculo televisivo del presidente del Gobierno, haciendo luz de gas a los españoles. ¿Cómo que yo hablé de pleno empleo? Ni se me ocurre, vamos. ¿Qué yo negué la crisis, que llamé antipatriotas a los que la anunciaban? Ustedes están locos. ¿Qué no me levanté al paso de la bandera americana? ¿Pero, ustedes no saben lo que yo quiero a los Estados Unidos de Obama, digo de América? ¿Armas a Israel? No, hombre, apenas algún material insignificante, de ése que no mata.
Y Zapatero no mintió más, y no negó más mentiras, porque no tocaba. Porque ahora nadie pregunta por la negociación con Eta, ésa que no existía, pero finalmente existió, pero sólo cuando ya no iba a existir más… presuntamente.
O sobre ese Estatuto de Cataluña, que tantos problemas ha causado hasta a los nacionalistas catalanes, que ni soñaban con el arranque hipernacionalista de Zapatero, que se subieron al carro para no quedarse atrás, y que después se encuentran a un señor que se llama andana y a la espera de la impagable ayuda del Tribunal Constitucional, a ver si éste le resuelve el destrozo.
Y tampoco se trató mucho de la Nación española, pero la nueva fe nacional de Zapatero (que también quiere sacar rentabilidad al patriotismo, porque ha visto que a Obama le va bien) choca bastante con aquello de la Nación como concepto discutido y discutible.
Pero no son todos éstos los embustes del bondadoso líder. Porque colocarse como apóstol de la convivencia nacional y hablar de los éxitos de la evolución democrática española con la que ha liado con la reivindicación de la República y con la recuperación de la Memoria Histórica revelan una visión que roza la patología del mentiroso compulsivo.
El mundo animal contiene el uso del camuflaje para evitar los peligros o para proporcionarlos. Lo utilizan las víctimas y los depredadores. Pero este caso humano es más complejo: se hace pasar por víctima cuando tiene una vocación política homicida. Y con mucho éxito, hay que decir, porque se ha llevado al huerto a partidos que creen que gobiernan con él, cuando sólo son los tontos útiles de la farsa. Porque ha hecho trizas al Partido Popular, que como siga así no va a gobernar ni en las pedanías murcianas. Porque sigue convenciendo a la mayoría de los españoles, que parecen creerle aunque le escuchen en la fila del Inem. Porque ha conseguido el PSOE más aborregado que recordarse pueda, pues hasta González tuvo críticos, que hoy son especie extinta.
Este Zapatero va, pues, para gran líder, de ésos capaces de reescribir la realidad a su antojo, de los que van borrando de las fotografías a sus opositores, de los que logran que sus discrepantes parezcan inadaptados sociales. Los españoles hacen muy bien en aceptarlo, aunque tengan que perdonarle alguna que otra mentirijilla de nada. Porque, en caso contrario, serían carne de psiquiátrico.




