David Ortega Gutiérrez

David Ortega Gutiérrez

David Ortega Gutiérrez es Profesor Titular de Derecho Constitucional de la Universidad Rey Juan Carlos.

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TRIBUNA

Nuestro futuro político: Entre la alternativa y la resignación

13-09-2011

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El tiempo pasa rápido y ya estamos a menos de 10 semanas de una fecha importante y trascendental para nuestra vida pública, e incluso privada: el 20 de noviembre, cuando el protagonismo -y no lo olvidemos, la responsabilidad- real lo tenemos los ciudadanos, al decidir y optar por quién va a regir nuestro futuro político para los próximos cuatro años. A este respecto es bueno ir avanzando algunos parámetros que pueden sernos útiles, para decidir con mejor y más fundado criterio el sentido de nuestro sufragio.

De entrada avanzar algo que, por obvio y evidente, a veces no se retiene suficientemente: el voto es libre. Es importante no dejarse llevar por el bombardeo mediático de lo de siempre, del voto de la rutina, del eterno blanco y negro, PP/PSOE. En las encuestas del CIS y en el resto que publican los medios de comunicación, tanto Rubalcaba como Rajoy, los líderes de los dos principales partidos políticos, no despiertan excesiva confianza a la hora de solucionar nuestros principales problemas. Ambos “logran” cerca de un 70% de desconfianza por parte de la ciudadanía. Ante esta realidad es bueno que el ciudadano comience a reflexionar sobre quién defiende realmente, al menos, tres cuestiones que estimo básicas.

Primera. Necesitamos responsables políticos que afronten con sensatez, eficacia, prudencia y coraje político los problemas de fondo que tiene España, es vital priorizar y jerarquizarlos: una organización racional y eficiente de nuestro territorio; control real del gasto de las administraciones públicas -no pospuesto al año 2020 como la absurda reforma constitucional del artículo 135-; despolitización de las cajas de ahorro -donde el papel del PSOE/PP ha sido lamentable-; independencia del poder judicial y del Tribunal Constitucional y máximo respeto por el cumplimiento del Estado de Derecho y la esencial separación de poderes -el papel PP/PSOE no ha sido mejor-; reformar un sistema electoral, diseñado por las últimas Cortes franquistas en la Ley para la reforma política de enero de 1977, para que sea más igualitario y justo independientemente de la provincia en que se vote; igualdad de disfrute de derechos entre las 17 Comunidades Autónomas, especialmente en materia sanitaria; afrontar el problema educativo y el elevadísimo fracaso escolar, postulando la recuperación de esta competencia por parte del Estado; actualizar y modernizar el funcionamiento y la estructura de nuestros sindicatos; apostar por un contrato laboral único y progresivo en cuanto a su protección, proporcional a la mayor antigüedad del trabajador; amén de la necesaria reducción de nuestra incontrolable proliferación normativa-burocrática (más de 100.000 normas de contenido económico), que rompe nuestro mercado interior, haciendo muy poco atractivo invertir en España a empresarios nacionales y extranjeros.

Segunda. Apuesta decidida por el interés general y el bien común, que afecta al Estado en su globalidad, esto es, a los 46 millones de españoles. España se encuentra en la actual situación por la responsabilidad muy concreta de los dos principales partidos políticos que a nacional -PSOE- y a nivel autonómico y local -PSOE/PP, y en un segundo plano, nacionalistas- nos han llevado hasta ella. Esto denota un problema de fondo que afecta a nuestra democracia actual, los ciudadanos tienen la sensación de que los partidos políticos tradicionales no priorizan lo básico: el interés de los ciudadanos, y por lo tanto nuestra democracia degenera hacia una partitocracia muy preocupante.

Tercera. Frente a la realidad actual que tenemos y la resignación que los partidos tradicionales nos venden, o blanco o negro, es imprescindible que los ciudadanos optemos: o por agachar la cabeza y elegir entre lo de siempre, o por abrir nuevos caminos, alternativas -que no alternancias, quítate tú para poner yo y ser más de lo mismo-. Para ello, muy relevante, hemos de valorar quién va a decidir, en última instancia, con un planteamiento realista. Me explico. Es difícil saber si el PP logrará mayoría absoluta -para mí siempre males por definición-, si atendemos a las distintas encuestas, pero no podemos dejar de plantearnos quién queremos que apoye al PP en caso de no lograrla, y por lo tanto, tenga la llave del Gobierno de España: o los nacionalistas, como ha pasado mayoritariamente hasta ahora, o un partido como UPyD que vele con seriedad y rigor, tal y como ha demostrado en estos cuatro años, por el interés general y las principales necesidades que tienen los 46 millones españoles. Y aquí, sí nos jugamos el futuro de nuestra Nación para tener más de lo mismo o comenzar a enderezar una situación verdaderamente crítica.







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