PNV-Amaiur: la guerra que se avecina
viernes 02 de diciembre de 2011, 21:20h
Por supuesto los resultados de las elecciones generales en el País Vasco son preocupantes para todos los no nacionalistas, entre los cuales me incluyo. Probablemente no sea un drama ni una tragedia pero sí provoca una inquietud política bastante comprensible: cuando se hace de la diferencia, del odio al otro y de la búsqueda romántica y metafísica de la identidad, sea eso lo que sea, una forma de hacer política, las consecuencias suelen ser desastrosas.
La victoria de Amaiur el 20-N deja además una noticia colateral: su triunfo no se produce apenas a expensas del PNV, que se quedó a centenares de votos de repetir sus resultados de 2008 sino aprovechándose del desastre socialista. No se puede decir sin más que los votantes del PSE se hayan pasado en masa a Amaiur. Eso sería ridículo. El caso es que los intrincados vasos comunicantes de todo proceso electoral han derivado en un resultado histórico: 7 diputados para los constitucionalistas, 11 para los nacionalistas.
Como este análisis ya lo habrán visto en mil sitios antes, con sus exageraciones y sus celebraciones, con sus críticas a Eguiguren, probablemente el político que más hace por la “izquierda abertzale” día a día, con un empeño desolador, voy a centrarme en otra cosa, en el futuro a medio plazo, en las elecciones vascas de 2013, si es que no se adelantan, lo cual no es en absoluto de descartar.
El escenario es inquietante pero a la vez es novedoso: el PNV es uno de esos partidos, como CiU, que se vertebran a través del poder. Su ideario es confuso y pragmático, es decir, no se atreven a defender el independentismo aunque coquetean con él, pactan en Madrid lo que luego critican en Vitoria y se manejan en un doble juego confuso incuso para sus votantes. Para el partido, recuperar Ajuria Enea es vital, objetivo número uno. La derrota de 2009 sentó como un golpe bajo a muchos de los cuadros nacionalistas y costó muchos puestos de trabajo, para qué negarlo.
Al PNV le ha bastado con apelar al voto romántico, el de los fueros y las Juntas y el “no nos entienden” para ocupar la lehendakaritza durante décadas. El problema para ellos es que ahora, en vez de aliado, tienen rival: Bildu. El PNV no puede permitirse que Bildu siga creciendo, que sea una opción valorada por su electorado. Si hay que entender que buena parte de los votos de los socialistas pasaron a manos de nacionalistas moderados, es lógico pensar que buena parte de los votos moderados pudieran pasar directamente a las formaciones más radicales.
Así ha sido siempre. Puestos a elegir, mejor el original que la copia.
Sin ETA en el horizonte, aunque con su presión social aún en el cogote de muchos vascos, el PNV se enfrenta a una disyuntiva única: ¿Dónde pescar los votos? Puede acercarse a posiciones legalistas y competir con PSE y cierto voto conservador del PP o puede echarse al monte y competir en testosterona patria con Bildu, guerra que probablemente perderían. Por supuesto, no es la primera vez que el PNV se encuentra ante un dilema así pero sí es la primera vez que el voto batasuno puede sumar los suficientes cientos de miles como para ganar las elecciones.
Si se diera el caso de que Bildu, Amaiur o como quieran llamarlo ganara las elecciones vascas, el PNV no tendría más remedio que buscar apoyos constitucionalistas y moderar su discurso. Lo sé, estoy siendo optimista. La otra opción es apoyar un gobierno de Arnaldo Otegi o el equivalente disponible y algo me dice que eso no va a ser así, aunque solo sea porque en el fondo se odian tanto como odian al resto. La cultura del odio es lo que tiene. Incluso tus amigos son tus rivales.
No, no habrá gobierno de Bildu porque el PNV no lo permitirá. Ambos son ahora mismo rivales directos y no solo muletas de apoyo. No digo que sea un escenario soñado pero es el que hay y me gustará ver qué pasa. Como ya he dicho antes, los deseos no sirven para modelar la realidad, les diga Jorge Bucay lo que les quiera decir, pero tampoco es cuestión de que la aritmética le fastidie a uno sin más el día.
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Escritor, analista y profesor
GUILLERMO ORTIZ es licenciado en filosofía. Ha colaborado con revistas digitales como El Semanal Digital, Factual o JotDown Magazine así como en medios culturales como Neo2 o Cuadernos Hispanoamericanos.
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