
El analista, escritor y periodista
Andrés Ortega ha presentado este miércoles ante un grupo de periodistas
Recomponer la democracia. Lo ha hecho en la
Fundación José Ortega y Gasset-Gregorio Marañón rodeado de libros y en torno a una gran mesa con café, zumo y pastas para dialogar y discutir acerca de las cuestiones que plantea el texto. A su derecha,
Marc López Plana (izquierda en la imagen), uno de los promotores del portal
Agenda Pública, que ha servido de "contrapeso generacional" a las tesis de Ortega, según ha reconocido el propio autor. A su izquierda,
Carlos Westendorp Cabeza, exministro de Asuntos Exteriores y exembajador de España en Estados Unidos, entre otros cargos de relevancia.
"El punto de partida es que la crisis económica es consecuencia de una serie de fallos políticos", ha comenzado el ponente. A su juicio, "
la crisis ha acelerado una crisis política que no va a desaparecer porque se arregle la economía; economía que no se arreglará –ha abrochado- hasta que no se arregle la política". Para Ortega, el problema español es "multiorgánico", el "fallo" de "un sistema que no ha sido capaz de generar un nuevo modelo de país, que no articula los cambios experimentados por una sociedad que parece ir por delante".

El peligro, ha opinado, no es una dictadura sino la "posdemocracia", que ha descrito como un escenario de "aburrimiento" y "frustración" por parte de la ciudadanía, con la democracia como mero "simulacro protagonizado por actores atrincherados en el sistema", en alusión a los políticos, o con la "comercialización del Estado del Bienestar", algo que, a su parecer, ya está ocurriendo: "
Los derechos se adquirían por el hecho de ser ciudadano y no por poder o no comprarlos", ha lamentado. En este punto ha añadido que se está "confundiendo" liberalización con privatización. "Especialmente los gobiernos del PP", ha puntualizado.
En turno de preguntas y debate han surgido distintos temas de interés. Uno de ellos, los partidos. Para Ortega, estos "se han convertido en agencias de colocación" y han favorecido una
deriva de "ejecutivitis" y "presidencialismo" por la que la voz de la calle poco o nada cuenta. "Son élites, es una clase dominante más que dirigente". Como ejemplo ha puesto el Tribunal de Cuentas, "prácticamente secuestrado". Sin abandonar las clases, ha alertado de una nueva: el "precariado". Ha asegurado que "en desigualdad hemos retrocedido tres décadas". En este punto, López Plana ha aportado que hoy día se puede tener trabajo y sin embargo "estar fuera del sistema" dadas las condiciones y salarios conocidos. Para él, los grandes salpicados por la crisis son los hijos de la clase media, con mayores oportunidades que sus padres pero condenados a un futuro más gris.

"
¿Sobran políticos en España?", se ha preguntado el autor. Hay alrededor de 125.000, ha contestado, mientras que en Gran Bretaña, según datos de la BBC, apenas hay 29.000. Como añadidura, "los representantes no hablan, no mantienen contacto con sus votantes, con los ciudadanos, estos apenas saben quiénes son", ha señalado. Derivada de la falta de participación se ha puesto sobre la mesa la figura del referéndum. "
No hay cultura de referéndum en España como puede haberla en Suiza", ha valorado, y el caso más conocido aquí, el de la OTAN, ha recordado, "se convirtió en un plebiscito sobre Felipe González".
Al hilo de las consultas, y de la pura actualidad, Cataluña ha sido otro de los asuntos de interés en el coloquio. Ortega cree que de las tres vías posibles, "no hacer nada, elecciones plebiscitarias o reforma constitucional y nuevo modelo de financiación", la más atinada es la última. En este y otros casos, el autor espera movimiento y un cambio generacional. Pese a todo, no pierde la esperanza de que sea la propia política la que reaccione y sepa adecuarse al grito de la calle. El origen de todo, estima, "es una
cierta complacencia con la Transición", adecuada en su momento, ha subrayado, pero sobre la que no se ha avanzado como se debería.
A lo largo de
Recomponer la democracia, ejemplar no demasiado grueso, Andrés Ortega sintetiza lo espinoso y propone salidas para sanear el poder y dignificar y fortalecer el papel del gobernado. "¿Un libro políticamente incorrecto? Diría que demasiado correcto, plantea los temas sin meterse con nadie", ha bromeado.