Todavía en la España de Zapatero
viernes 28 de septiembre de 2012, 01:17h
La vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, acompañada por los ministros de Hacienda y de Economía, Cristóbal Montoro y Luis de Guindos, ha presentado ante la sociedad española las cuentas básicas de los Presupuestos Generales del Estado para 2013, junto con el Plan Nacional de Reformas.
Hay una ley no escrita al respecto de los Presupuestos, pero que es la única que se cumple año a año respecto de los mismos. Y es que todos se presentan con la palabra “austeridad” en algún momento, pero todos suponen un aumento de gasto sobre el año anterior. Un año más, se vuelve a cumplir. Estos están llamados a ser “los presupuestos más austeros de la democracia”, pero supondrán un nuevo crecimiento del gasto público. Es normal, dado que las dos principales partidas del año pasado, las pensiones y los intereses de la deuda, crecen de forma importante.
Es comprensible que el Gobierno haga un esfuerzo por que el ajuste presupuestario no afecte en exceso a los pensionistas. Han trabajado toda su vida y a muchos no les queda muchos más recursos que la pensión. Pero el Gobierno debería haber hecho el mismo esfuerzo por no cargar a los ciudadanos con más impuestos, haciendo una reforma verdadera y temprana del coste de los servicios públicos y una racionalización de la Administración. Todo ello queda, por el momento, poco más que apuntado. Y la consecuencia es que los contribuyentes tendrán que hacer un esfuerzo redoblado para que el Estado ajuste sus cuentas.
Estos iban a ser los presupuestos para una España que ya no está, pero que, no obstante, existe: la de José Luis Rodríguez Zapatero. Lo que nos plantea el Gobierno, pese a todos los pasos en el buen sentido, es mantener esencialmente la estructura de Estado y de gasto del anterior gobierno. Con todo, el Ejecutivo de Mariano Rajoy está poniendo en marcha un conjunto de reformas, algunas obligadas por Bruselas en el contexto del semestre europeo, que serán lo más fructuoso de esta dura crisis, que se prolonga ya por mucho más tiempo que el que podemos asumir.