Toros y prohibición
José Eugenio Soriano García
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josesorianoelimparciales/11/11/23
miércoles 04 de agosto de 2010, 21:41h
Quiero echar mi cuarta a espadas, yo también, en y sobre esta cuestión desdichada de la prohibición de los toros por el Parlamento catalán.
Echar mi cuarto a espadas, no en el sentido del DRAE «tomar parte oficiosamente en la conversación de otros» sino como decía José Gaos, con la esperanza de que en este mi «tomar parte oficiosamente en la conversación de otros», que es como la Academia Española explica la frase hecha, no prepondere la «importunidad y hazañería del que se entremete en oficio o negocio que no le in incumbe» sobre la «diligencia y cuidado de los oficios de amistad», que es como define sendas acepciones de la oficiosidad la misma.
Porque sorprende encontrarse en la prensa escrita hoy, tantos amigos que tirándose al ruedo han comenzado a banderillear este morlaco y dar sus pases sin complejos, lo que da alegría en una sociedad tan correcta y acomplejada políticamente como la nuestra. Algún trabajo reciente y magnífico de Tomás Ramón Fernández, que es como el Cossío en la literatura jurídica taurina, merece la pena ser leído y recomiendo al lector vivamente que lo busque.
Fue Azorín quien acuñó aquello de que “En España, mandar es prohibir”. No sabía el maestro de Monóvar lo proféticas que serían sus palabras en la época actual. Eso sí, multiplicándolas por 17, o quizás por 17 y ½, ya que los niveles de prohibición que se alcanzan en la Cataluña de hoy, solamente pueden encontrarse en el resto del país, con anterioridad a los principios del siglo XIX. No hace falta explicar el anantapódoton.
Reconozco alguna afición al arte de Cúchares y tengo en gala haber sido invitado este año al centenario del Círculo Cocherito por su Presidente, el gran Leopoldo Sánchez Gil.
El Club Cocherito se fundó la mañana del domingo 20 de noviembre de 1.910 en el Salón Vizcaya, sito en la calle San Francisco de la capital vizcaína. De esta asamblea constitutiva surgió la primera Junta Directiva presidida por D. Pedro Viguera. Este club es decano de cuantas asociaciones taurinas coexisten en el mundo, tomó su nombre del matador de toros bilbaíno Cástor Jaureguibeitia Ibarra, apodado "Cocherito de Bilbao".
Pero como mi oficio es más de jurista, también me tengo que preguntar qué hacemos con la Constitución en unos momentos en que ha pasado de ser una norma jurídica, la Norma por excelencia, a una mera orientación programática, más o menos seguible, pero poco vinculante. Esa es la cuestión. Los límites al Estado Autonómico en el ejercicio de libertades que están (estaban) claras cuando se discutía el texto, pero que últimamente, han comenzado a permitir que todo sea interpretable y cuestionable, especialmente por obra del Tribunal Constitucional, cuyo prestigio es urgente recuperar y enderezar.
Pero volvamos a los toros. Por de pronto, sorprende la falta de debate sobre lo que supone la extinción voluntaria y decidida de una especie, acaso ya única. Cuando uno contempla los grabados en los que se ven los extintos uros, o simplemente entra en la red preguntando en Wikepedia que era eso , se encuentra con lo siguiente: uro (en otras lenguas europeas, aurochs) (Bos taurus primigenius) es una raza de toro salvaje que dio lugar tras su domesticación a la mayor parte del ganado vacuno actual. Se encuentra extinto desde 1627, fecha en que se tiene identificado el último de ellos, según los zoólogos. Luego, si seguimos leyendo lo que se lee en la red, encontramos: En 1920, los hermanos Lutz y Heinz Heck, alemanes, se propusieron “recrear” el extinto Bos taurus primigenius mediante cruces de distintas razas de ganado vacuno, intentando potenciar los rasgos más típicos de los uros en cada nueva generación. El resultado fue la aparición del “uro recreado”, “neouro”, “uro de Heck” o simplemente el más aconsejado “Bovino de Heck”, una nueva raza grande, robusta, de largos cuernos y pelo negro o pardo que puede verse en distintos zoológicos del mundo como curiosidad”
Este es el lindo destino que quiere dársele al toro de lidia por parte de los parlamentarios catalanes. ¡Nada de que sigan libres unos bóvidos salvajes. Nada de eso: artificio y encierro, pero entre jaulas, como debe ser!
No se preguntan nada sobre la caza, faltaría más. Pueden seguir pegándose tiros a animales, algunos de pura suelta, que luego, si no se cobran, malheridos serán pasto de gusanos. Y yo no tengo nada, absolutamente nada, contra la caza. Y más bien creo que, aunque la desconozco por completo, debe seguir existiendo, con la regulación apropiada, pero sin duda alguna tiene que continuar haciendo felices a miles de cazadores y permitiendo la repoblación continuada.
Pero pongo este ejemplo porque a un personaje que como yo mismo no entienda ni sepa nada de caza, le resultaría muy fácil “apretar el gatillo” de su botoncito parlamentario y decidir, pues, ¡que a partir de hoy queda prohibida la caza!
Bueno ¿y la pesca? ¿Por qué no prohibir la pesca? Si se captura a un pez con la terrible arma que es un anzuelo, nada menos que todo un garfio con púas para atravesarle la garganta ¿no estamos en la más horrible de las torturas?
Yo confío en que el Parlamento catalán reflexione seriamente y prohíba de una vez la caza y la pesca. Y los “castellets” que son expresión inhumana del maltrato infantil, de su exhibición casi pornográfica y de un riesgo enorme que ya ha producido varias muertes de inocentes, paraplejias, en fin, barbaridades solo admitidas en un pueblo bárbaro.
Y los correbous, del Delta del Ebro. Todo eso hay que prohibirlo. Y ya. Y no se preocupen, que con el Tribunal Constitucional que tenemos, será difícil que cualquiera de estas prohibiciones no sea “interpretable”
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Catedrático de Derecho Administrativo
JOSÉ EUGENIO SORIANO GARCÍA. Catedrático de Derecho Administrativo. Ex Vocal del Tribunal de Defensa de la Competencia. Autor de libros jurídicos.
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