Una pista para saber dónde estamos o la verdad necesaria
Juan José Laborda
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viernes 26 de abril de 2013, 21:07h
En España surge la germano-fobia, lo mismo que en otros países de la Europa del sur. Pero mientras los franceses, los griegos, incluso los italianos, han tenido recientes conflictos bélicos con Alemania, los españoles carecen de esa especial inquina que dejan los antiguos enemigos. Por eso, entre nosotros, es la canciller Merkel la que concita la animadversión, y no tanto los alemanes como pueblo. Es un sentimiento que aparece con una crisis económica inaudita. Con más de 6 millones de desempleados, un 27,16 por ciento de la población activa, y con un dramático 57,2 por ciento de jóvenes sin trabajo, la cólera de la sociedad española se dirige contra una lista larga de responsables, y los alemanes, como políticos, condensan una parte de las críticas populares.
Algunos opinan que la austeridad que nos predica la inhumana Merkel se debe a su condición de pietista luterana, llegada de una Alemania oriental, severa con los pecados propios de la frivolidad meridional.
No he compartido nunca explicaciones como esas. Es verdad que siempre doy mucha importancia a factores como la religión de un pueblo, pero su importancia -para mi modo de observar las cosas- se encaja con otros muchos factores, la mayoría, factores que se han ido sedimentando con el paso del tiempo. Así veo yo la influencia de Alemania en esta crisis (y en estos tiempos definitorios).
Federico Steinberg ha publicado esta semana un artículo sobre la influencia de Alemania, que inspira los anteriores párrafos. Federico Steinberg es un joven profesor de economía en una universidad madrileña, y es investigador del Instituto Elcano (uno de los pocos ámbitos donde se respira con sosiego intelectual). Apareció en un programa de TVE cuando esa cadena estaba más abierta a la discusión plural que ahora con los nuevos gestores.
El argumento de su “El poder estructural de Alemania” es el siguiente: como Estados Unidos hace años, Alemania se va convertir en el modelo que seguirán países de la Unión Europea como España.
Hay otros, como Gran Bretaña, que intentan otra vía política y económica para afrontar un futuro muy distinto que este presente que (mal)vivimos. Ese futuro - que se podrá ver un poco más claro dentro de diez años (como poco), cuando se supere la actual crisis económica- no tendrá los mismos rasgos (como sistema socioeconómico) en Alemania que en Gran Bretaña, y en esa comparación, España se parecerá a Alemania más que a Gran Bretaña.
El artículo de Federico Steinberg me ha llevado naturalmente al ensayo de Michel Albert titulado “Capitalismo contra capitalismo”, que se hizo famoso cuando fue publicado en 1991 (la traducción española fue de 1992).
Michel Albert (que no es el activista norteamericano del mismo nombre), cuando estaba de moda “el triunfo del capitalismo” de Francis Fukuyama, distinguió un “capitalismo anglo-norteamericano” de otro que él denominó :“capitalismo renano”. Aunque no lo cita, Steinberg tiene presente el libro de Albert cuando describe el “poder estructural de Alemania”.
Mientras el capitalismo anglo-norteamericano es sobre todo individualista, el modelo alemán (o renano: del río Rhin) está definido por la sociedad y por el Estado. En el primero, la satisfacción del bienestar individual se considera la base para la satisfacción general; se cree en el mercado para resolver los problemas sociales. En ese modelo, entre otros rasgos diferentes, los sindicatos no tienen otra función que defender a sus afiliados; no participan en los grandes acuerdos económicos y sociales, como en la versión renana.
El capitalismo renano es diferente. Para empezar está inscrito en las constituciones con definiciones como “Estado social y democrático de Derecho”, es decir, “la economía social de mercado”. Al introducir el adjetivo “social”, la “economía de mercado” del otro modelo no sirve en países de la Europa continental. Es la Historia que aparece condicionando el modelo: mientras en las Islas Británicas surgió el capitalismo en la Bolsa, en las compañías de mercaderes y en los bancos, en Francia, España y Alemania, el capitalismo se abrió paso en sus sociedades (muy aristocráticas y con burguesías débiles) gracias al Estado.
Aquí está la clave de nuestra situación económica y social: suspiramos por salir de la crisis pero queremos seguir con nuestro modelo. No estamos dispuestos a dejar en la cuneta social a los parados y otras víctimas de la situación, y para ello, no aceptamos que el mercado acabe resolviendo el problema. Por lo tanto, costará más tiempo.
Si es así, debemos seguir a Alemania. Sabiendo: 1) El modelo de “economía social de mercado”es la creación práctica de dos (gigantes) ministros de economía, que después fueron cancilleres federales: el democristiano Ludwig Erhard (sucesor de Adenauer) y el socialdemócrata Helmut Schmidt (sucesor de Willy Brandt). 2) Sus partidos formaron gobiernos de coalición en momentos difíciles, con lo que se anticiparon a las crisis. 3) Nuestro modelo constitucional de 1978 está influido por el alemán, así como las recientes modificaciones (agosto de 2011) que fueron votadas por el PSOE y el PP. 4) El desarrollo del modelo español de “economía social de mercado” le correspondió al PSOE de Felipe González, influido por los gobiernos socialdemócratas de Brandt y de Schmidt cuando estuvo en la oposición; y por los gobiernos democristianos de Helmut Kohl cuando Felipe González estuvo en el Gobierno. 5) La actual opción socialdemócrata alemana de Sigmar Gabriel y Peer Steinbrück es mejor para España que la de Angela Merkel, pero los dos partidos alemanes están de acuerdo en el diagnóstico y en las soluciones: controlar la inflación; acotar el endeudamiento; y potenciar las exportaciones. 6) Como se apuesta por el Estado, y no sólo por el mercado, la política y el discurso político son esenciales y necesarios. 7) Ha llegado el momento de poner la verdad de nuestra situación por delante de los intereses electorales. 8) Sólo así sabremos dónde estamos.
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Consejero de Estado-Historiador.
JUAN JOSÉ LABORDA MARTIN es senador constituyente por Burgos y fue presidente del Senado.
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