www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

Centenario del partido reformista de Melquiades Álvarez

Somos los españoles un pueblo que olvidamos con demasiada facilidad hechos relevantes de nuestra historia. En este año conmemoramos cien años del nacimiento del Partido Reformista, sirvan estas breves líneas para recordar algunos puntos destacables de aquel partido que entre 1912 y 1931 intentó reformar la vida política de nuestra querida España. Sus ideas iniciales se centraban en su carácter republicano, laico y anticaciquil, defendían la necesidad de reformar la Constitución canovista de 1876 para lograr un verdadero Estado democrático. Su líder fue Melquiades Alvarez, secundado por Gumersindo de Azcarate, junto a ellos participaron una parte muy relevante de la intelectualidad española del momento, como José Ortega y Gasset, Américo Castro, Benito Pérez Galdós, Manuel García Morente, Fernando de los Ríos, Manuel Azaña o Adolfo González Posada, entre otros.

El partido reformista buscaba la regeneración de la clase política del momento -muy en la línea de Joaquín Costa-, con base firme en la libertad y la democracia. Su líder, Melquiades Alvarez, había bebido en las fuentes de la Institución Libre de Enseñanza y del krausismo que marcó a la intelectualidad de la época, bajo la influencia de esa figura capital que fue Francisco Giner de los Ríos. Aunque de base republicana, la forma del Estado no era una materia clave en su discurso, si la monarquía facilitaba el desarrollo democrático del Estado, se podía mantener, era una cuestión accidental, siendo lo relevante el desarrollo del régimen democrático. Sus mayores éxitos electorales se dieron en tierra asturiana. En 1923 fue elegido Melquiades Alvarez Presidente del Congreso. Con la llegada de la Segunda República el Partido Reformista pasó a refundarse en el Partido Republicano Liberal Demócrata. Al inicio de la Guerra Civil Melquiades Alvarez fue encarcelado y posteriormente asesinado por las milicias izquierdistas, a pesar de su conocido ideario republicano. Curiosamente, fue el primer mentor político de Azaña.

Participó en el debate de la Constitución de 1931, buscando que fuera más una Constitución con vocación normativa y de consenso, que una Constitución de partido, como las que habían caracterizado a nuestro constitucionalismo decimonónico, fue un precursor en sus deseos de nuestro actual Texto constitucional de 1978. Melquiades Alvarez buscaba esa Tercera España que no lograba sobrevivir al furor de las tradicionales dos Españas, hablaba de “dos fanatismos igualmente execrables, que habían condicionado toda la política española: los que llamaba yo el fanatismo de la derecha y el fanatismo de la izquierda; el fanatismo rojo y el fanatismo negro”. Su republicanismo se situaba en la influencia de quien fue Presidente de la Primera República, Nicolás Salmerón, que sólo ejerció el cargo no más de dos meses, entre mediados de julio y primeros de septiembre de 1873, pues “dejó el poder por no firmar una sentencia de muerte”, tal y como consta en su epitafio escrito por el Presidente francés Clemenceau.

La problemática del regionalismo español se enfocaba por parte del Partido de Melquiades Alvarez concediendo mayores grados de autonomía a determinadas regiones, para tratar de evitar así el movimiento nacionalista independentista de la época. Junto a Ortega, Posada o Unamuno, fue Melquiades otro decepcionado por los derroteros de la II República. Creía firmemente que España precisaba de una profunda reforma ética y cultural para avanzar en los siempre laboriosos caminos de la libertad y de la democracia. En diciembre de 1931, en el Teatro de la Comedia, advierte de que “en la atmósfera de una Cámara exacerbada por el fanatismo político, la voz de la razón y de la templanza no era ni podía ser atendida”.

Melquiades Alvarez se encuentra dentro de la mejor tradición liberal española, como Rafael Altamira, Costa, Ortega, Unamuno, Clarín o Posada, ahogado por la intransigencia de las dos Españas. Melquiades representó el liberalismo democrático y social frente al liberalismo conservador de Cánovas. Es muy bueno que España recuerde a estas figuras señeras que trataron de sacar lo mejor de nosotros mismos en el entendimiento, la tolerancia y el consenso frente al disenso, la intolerancia y la incomprensión.
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)

Comenta esta noticia
Normas de uso
  • Esta es la opinión de los internautas, no de El Imparcial
  • No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes.
  • La dirección de email solicitada en ningún caso será utilizada con fines comerciales.
  • Tu dirección de email no será publicada.
  • Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.