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NOVELA

Santiago Roncagliolo: La pena máxima

domingo 06 de julio de 2014, 10:34h
Actualizado el: 07/10/2014 18:20h
Santiago Roncagliolo: La pena máxima
Santiago Roncagliolo: La pena máxima. Alfaguara. Madrid, 2014. 392 páginas. 18,50 €. Libro electrónico: 9,99 €

Dicen que los seres humanos, desde que nacen hasta los cuatro años de vida, tienen sus sentimientos como en un magma, todos juntos, amalgamados, indiscriminados, en potencia. En ese período de vida se consolidan nuestros futuros cimientos emocionales que nos acompañarán toda la vida pero dependerá del afecto que recibamos la solidez con que se formen esos cimientos.


Félix Chacaltana Saldívar, el protagonista de la última novela de Santiago Roncagliolo La pena máxima es como un niño que no sabe mentir, no conoce de ironías ni de sarcasmos, vive en la misma casa con una madre posesiva, católica practicante y la foto de su padre muerto hace más de una década devolviéndole flashbacks de una infancia de abusos y maltratos. Félix Chacaltana Saldívar -nombre completo pronunciado por su madre- “Chacaltana” a secas para el narrador omnisciente,  está de novio pero es virgen, tiene poco más de veinte años, es un abogado gris y asistente de archivo en un subsuelo lóbrego de una oficina pública, delante de una carceleta donde un puñado de presos se apiñan esperando ser procesados. Junto a su jefe, un sexagenario casposo y calvo cuyo mechón de pelo gira varias veces alrededor del cráneo, son dos parias olvidados de un sistema kafkiano, donde solo una personalidad heroica como la de nuestro protagonista puede sentirse como pez en el agua. Chacaltana es un hombre con una misión: hacer cumplir la ley, aun cuando se trate de llenar formularios o poner papeles en orden dentro de viejos archivadores donde dormirán el sueño eterno del olvido administrativo.


La acción transcurre en Lima, Perú, durante el Mundial de Fútbol de Argentina en 1978. Tanto en una capital latinoamericana como en la otra, la algarabía mundialista fue multitudinaria, paralizó la actividad cotidiana y puso a la mayor parte de la población frente a las pantallas de los televisores palpitando segundo a segundo las alternativas de gol. Cualquier cosa podía ocurrir durante los 90 minutos de los partidos sin que nadie se diera cuenta. Incluso un crimen a quemarropa a plena la luz del día  y en medio de uno de los barrios más populares de la ciudad.


Un asesinato a sangre fría, una entrega fallida de una mochila con un paquete extraño, un arma de fuego que no figura en los registros, una denuncia mal hecha por una “irregularidad administrativa migratoria menor”, un empleado de archivo, un jefe, una madre, una novia, una sepultura reciente y un viejo  excombatiente republicano con un brazo tembloroso y la nariz venosa por el alcohol son los protagonistas de una trama ágil, que, con  estrategias cinematográficas, va avanzando por una ciudad cuya belleza y sordidez son el escenario perfecto para introducir al lector en un thriller que atrapa en cada página sin dejar cabos sueltos en ningún momento.


Félix Chacaltana es un héroe típico, una persona buena cuyo candor recuerdan al padre Brown de Chesterton o a un Mr. Magoo de los dibujos animados. Como este último, a nuestro héroe la realidad se le viene encima y, como en la morfología del cuento de hadas de Vladimir Propp, debe pasar por diversas instancias o pruebas tales como enfrentarse con un antagonista o descender a los infiernos, para luego salir transformado y fortalecido. En esta trama donde nada es lo que parece al principio, se enfrentarán el candor con la intriga, las facciones con los valores éticos, la misa dominical con el engaño, la algarabía mundialista con los horrendos crímenes perpetrados desde el aparato represor estatal comandado por Operativo Cóndor y los vínculos entre Perú, Argentina y otros Gobiernos de facto del cono Sur.  Todos pelean sus propias guerras, militares, milicianos y guerrilleros y no depondrán las armas hasta que no crean obtener la victoria que para algunos será la democracia, mientras que para otros, la guerra no se acabará nunca.


En resumen, como lo anticipa el título: La pena máxima puede encerrar varios significados puede significar un penal o la pena capital. Habrá que leer la novela de Roncagliolo para saber si se refiere a  uno u otro sentido, o a los dos a la vez. Porque no todo lo que brilló en el Mundial Argentina'78 fue oro. Aunque las pantallas de  los televisores mostraran lo contrario.


Por Verónica Meo Laos

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