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NOVELA

Juan José Millás: La mujer loca

domingo 10 de agosto de 2014, 17:23h
Juan José Millás: La mujer loca

Seix Barral. Barcelona, 2014. 240 páginas. 17,50 €. Libro electrónico: 9,99 €

Por Carmen R. Santos

En una de las novelas anteriores de Juan José Millás, Lo que sé de los hombrecillos, su protagonista, un profesor universitario jubilado que arrastra una vida insatisfactoria, entra en contacto con unas figuras singulares: unos diminutos hombrecillos, cada uno de los cuales cumple, los deseos secretos del ser humano a quien es asignado a modo de álter ego. En el título que ahora publica, La mujer loca, aparece una estructura similar, en la que, como, por otro lado, suele ser habitual en buena parte de la producción de Millás, se entremezcla un plano que podríamos considerar realista con otro de carácter fantástico, conformando el universo de quien el profesor y crítico Gonzalo Sobejano calificó como “fabulador de la extrañeza”. De esta forma, aquí tenemos a Julia, la mujer loca del título, una joven que no soporta a su madre y que para poder marcharse de su casa empieza a trabajar en la pescadería de una gran superficie comercial.

 Lo decisivo, sin embargo, será la insólita actividad que Julia práctica al salir de su trabajo: en la habitación que tiene alquilada, se le presentan palabras y frases con las que la joven no solo entabla conversaciones sobre gramática y lingüística sino que se dedica a “operarlas” para resolver las cuestiones que le plantean. Por ejemplo, una noche acude a su habitación el término Pobrema, angustiado porque está excluido del mundo de las palabras. Julia le propone amputarle la última sílaba, ma, con lo que ya alcanzará significado y existencia al pertenecer al vocabulario. Además de las palabras y oraciones que visitan a Julia, por su cabeza transitan seres imaginarios con los que también habla la joven. Así, tiene dos vidas paralelas que se entrelazan y en las que se cruza el propio Juan José Millás que aparece como personaje. Porque en la casa donde vive de alquiler, ayuda a Serafín a cuidar a su mujer, Emérita, quien, postrada en la cama por una enfermedad sin cura, quiere acabar voluntariamente con su existencia.

Por azar, Millás se dispone a realizar un reportaje sobre la eutanasia, pero, al conocer a Julia, le tienta novelar la vida de esta singular mujer loca, que, en su nivel real, mantiene una relación con su jefe, Roberto, filólogo, que, sin embargo, se ha visto obligado a trabajar en la pescadería porque “de lo primero que se quita la gente en épocas de crisis es del marisco y de la filología”, se dirá con ironía. Ironía, humor e ingenio son ingredientes que su autor maneja con soltura.

 Por debajo no dejan, no obstante, de plantearse cuestiones de calado, como la identidad o las fronteras entre la razón y la locura, que anida a poco que se profundice. Ya sabemos que, según iba a titular Buñuel su película El perro andaluz: “es peligroso asomarse al interior”. Y en La mujer loca, en una de las sesiones que Millás tiene con su psicoanalista, pues está aquejado de bloqueo creador, leemos: “En el reportaje los materiales vienen de fuera. No tienes otra responsabilidad que la de articularlos. En la novela vienen de dentro, todo lo que viene de dentro es peligroso.”

 

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