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NOVELA

Almudena Montero: No hay sitio para el miedo

domingo 31 de agosto de 2014, 16:40h
Actualizado el: 31/08/2014 18:06h
Almudena Montero: No hay sitio para el miedo

Ediciones del Viento. La Coruña, 2014. 140 páginas. 16 €

Por María Jesús Paredes

La novela se abre con la dramática descripción de un entierro donde salen a flor los sentimientos más primitivos y profundos del hombre. El contacto con la muerte, la respuesta a este drama de quienes sobreviven y la conciencia de los seres queridos sobre su realidad tras la pérdida son algunas de las conclusiones que sobrevienen al lector de esta historia. La novela se articula como un diario donde las notas de episodios cotidianos se organizan en dieciséis capítulos en la voz de una joven narradora en primera persona. La obra de Almudena Montero tiene un prólogo y un epílogo cuyo contenido se desarrolla en el cementerio, dando así circularidad a la trama.

La autora ha construido un relato de una época que no hay que olvidar, compartiendo la gran lección de la historia y del testimonio desde la voz de la experiencia. Se narra la vida del Madrid del final dela dictadura desde la óptica de una adolescente y las vivencias de su familia. Asistimos a la vida escolar de la protagonista en un colegio de monjas donde prima la disciplina y las apariencias sobre el contenido de las lecciones. El machismo es una realidad palpable en este colegio de damitas que no pueden llevar pantalón y que deben aprender a coser, a cocinar y a rezar como pilares de su graduación. Las diferencias de género son alimentadas además por la familia ante la elección de centros diferentes para cada uno de los hermanos y el tratamiento de ciertos temas condicionados por la edad y el sexo de cada hijo.

La vida en familia y el amor al entorno más cercano y primario son el centro de la obra donde se presenta una comparación con las demás familias del barrio de militares donde se alojan. El repudio a los rojos es una constante llena de tintes de agresividad donde la familia de la protagonista no participa y, sin embargo, se siente amenazada. Pero la obra también trata otros temas como la conciencia del amor por las letras, el interés por la asignatura de lengua, la buena profesora que tuvo, los libros de casa, la reflexión meta-literaria cuando la narradora comenta las posibilidades que la literatura trae consigo. El afán de encontrar explicaciones a los sucesos que la narradora percibe en su familia le lleva a buscar respuestas en el ejercicio de la escritura y el desahogo personal.

No hay sitio para el miedo se centra en narrar los aspectos de la vida cotidiana de una familia media. Así retrata los juegos de la protagonista, la vida con sus amigas, la relación con los vecinos, las salidas al club militar, entre otras anécdotas. En definitiva, estamos ante un cuadro costumbrista, ilustrado y sencillo, cuya trama es la descripción representativa de aquel tiempo que tiene mucho que enseñarnos y que no debemos desaprovechar. Quienes no vivimos aquello aprendemos la lección y quienes lo vivieron lo rememoran y reflexionan. La vida no es el cuento que nosotros queramos construir sino las posibilidades caóticas que se engendran a partir de los hechos que han tenido lugar.

El condicionamiento social para con el dogma religioso genera un ambiente donde la homosexualidad o la opinión libre en los asuntos de política pueden estar castigados y se ven ridiculizados en el vecindario. La obra aporta pinceladas de los sucesos de actualidad de aquel tiempo como la actividad etarra, el golpe de Estado de Tejero, la brutalidad en la represión de las manifestaciones y el drama madrileño de los jóvenes que coquetearon con las drogas. Sin embargo, la autora pone algo de mensaje en este cuadro descriptivo con el título de la obra No hay sitio para el miedo y en el final con las palabras del abuelo: “Sé valiente, el valiente se enfrenta al miedo y lo vence”.

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