Antonio Ortiz, el supuesto pederasta de Ciudad Lineal, "cazado".
Alberto Ruiz-Gallardón ha desaparecido prácticamente de las portadas –este jueves figura en segundo plano y en pequeño espacio en dos de ellas- y el protagonismo es para Antonio Ortiz, el supuesto pederasta de Ciudad Lineal, atrapado este miércoles en Santander.
El Mundo cuenta de él que “es un obseso del gimnasio, está divorciado y tiene un hijo de 17 años”. Pero la información principal en este diario es la familia Pujol, que “ha movido 581 millones fuera de España desde hace cinco años”. Además, el Rey aboga en la ONU por la soberanía y la integridad de los estados” y “yihadistas de Argelia decapitan al rehén francés en venganza por la intervención de Hollande en Irak”.
En páginas de Opinión, Luis María Anson afirma que “los Arriola aplastan a Gallardón”. Para el académico, “Alberto Ruiz-Gallardón ha tenido la decencia de dimitir tras perder la partida del aborto frente al matrimonio Arriola, radicalmente hostil a la ley”, y añade que “el desencanto que le ha producido el desdén de Rajoy ha provocado su reacción final”. Concluye el periodista que “no será fácil encontrar un político tan liberal, tan tolerante, tan auténtico, como el ministro dimisionario”.
La Razón tampoco abre con el “depredador sexual”, como lo llama –lo hace con la “reivindicación del Rey en la ONU de la integridad de los Estados en pleno desafío catalán”-, pero sí le dedica una fotografía que ocupa buena parte de la tapa. “El ADN en la ropa de una niña delata al monstruo de Ciudad Lineal”, señala este medio. Completan la primera plana la “división” en el Gobierno “por el alcance de la retirada de la reforma de la ley del aborto” o la “venganza yihadista”, en relación con la matanza del rehén francés retenido en Argelia.
Martín Prieto reflexiona en torno a la dimisión de Gallardón: “Es inoportuna aunque el último derecho del hombre es el de marcharse. Se le veía cansado y macilento a este político de moto y paracaidismo, bien bregado en Madrid y su Comunidad. Desde fuera siempre hemos maliciado que su legítima ambición temprana fue la de ser Presidente, y en Justicia sólo ha encontrado protestas. Deja en el aire hasta la prisión perpetua renovable. Él mismo ha dicho que su tiempo político está acabado, y ese convencimiento le habrá mellado”.
El País destaca que “el Rey alaba la España que ‘ampara a todos en sus distintos territorios’” en su primer discurso en la Asamblea de la ONU. Imagen para un Artur Mas santiguándose en presencia de cargos militares, pero el titular va por otro lado: convocará la consulta “antes de que acabe la semana”. Sobre el supuesto pederasta, este medio subraya que es el “punto final de un largo historial” y que comparece este jueves ante el juez. El asesinato del rehén francés en Argelia también tiene su espacio, así como que “Sanidad reacciona y financiará el fármaco contra la hepatitis C”.
Julio Llamazares, aunque con algo de retraso, aporta su visión sobre la participación de Pedro Sánchez en ‘Sálvame’ a propósito del Toro de la Vega: “La discusión sobre este segundo asunto –la llamada en directo- eclipsó al primero, con lo que el pobre Toro de la Vega, como todos esos festejos caracterizados por su brutalidad pero que tanto éxito tienen en un país que parece que no sabe divertirse si no es maltratando a un animal, quedó olvidado casi del todo hasta que el próximo año por estas fechas vuelva de nuevo a la actualidad. Lo cual demuestra que aquí los acontecimientos pasan como las nubes los días de viento por el cielo, pero también que, puestos a elegir entre un debate moral, verdaderamente importante, y otro superficial, la preferencia de los españoles es clara: primero lo superficial”.
ABC firma la portada más volcada en la detención de Antonio Ortiz. “Cazado”, dice el enunciado en mayúsculas, con foto del detenido. Sólo dos asuntos más en la portada: “Rajoy intentó parar a Gallardón en junio al conocer los sondeos” y las palabras de Felipe VI en la ONU en defensa de la “integridad de los Estados”.
Ignacio Camacho elabora un perfil de Gallardón en el que concluye que es “el hombre que no sabía esperar”. Dice sobre él: “Lo tenía todo para ser un líder. Todo menos paciencia para esperar oportunidades sin precipitarlas. (…) Con méritos de sobra para serlo, Gallardón no sirve para ministro porque un ministro no es el responsable último de su política. Él ha pensado siempre sus pasos en función de objetivos propios y eso no es posible en un Gabinete colegiado. Si además lo preside un hombre hermético como Rajoy, la cartera se puede convertir en un regalo envenenado para quien no esté acostumbrado a la gestión de perfil bajo”.