El ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, ha enviado al Congreso de los Diputados el proyecto de ley de los Presupuestos Generales del Estado. En el último giro de esta carrera por hacer más tecnológico ese paso, los ha enviado por internet desde su tableta. Atrás quedan el código bidi, y el dispositivo de memoria. Y de las furgonetas cargando numerosos volúmenes casi ni nos acordamos.
Pero lo relevante es ver qué quiere hacer el Gobierno con nuestro dinero. Hay una parte en la que no puede actuar, si no introduce reformas, porque es un dinero comprometido. Es el caso de las pensiones, la principal de las partidas. Subirán un 0,25 por ciento, en línea con lo previsto por la ley de las pensiones, pero su montante crece un 3,2 por ciento por el aumento de la población pensionista. Prevé cerrar el año con un déficit del 4,2 por ciento, lo que llevará la deuda a superar al PIB, pero el gasto en intereses caerá un 3 por ciento por las nuevas condiciones del mercado. Y el gasto en las prestaciones por desempleo, la tercera gran partida del gasto, caerá un 15 por ciento por dos motivos: se reduce el número de desempleados y aumenta el número de parados a los que se les agota la prestación.
¿Qué hace con el dinero sobre el que sí puede disponer? Mariano Rajoy le dice adiós a la austeridad, en la medida en que alguna vez la hubo. Destina un 16,5 por ciento a las llamadas políticas activas de empleo, que son convenientes, pero que en España han fracasado a ojos vista. El gasto en infraestructuras aumenta, en lo que es un claro cambio de tendencia. Y las inversiones en las autonomías aumentan, asimismo. Por otro lado, empresas y familias tendrán un pequeño pero necesario respiro tras la tímida reforma fiscal del gobierno, que entra en vigor en 2015.
El motivo para este comportamiento es doble. Por un lado, las prioridades de la Unión Europea han cambiado. Ya no incide tanto en el control del déficit como en asegurar la recuperación. El motivo es la política monetaria del Banco Central Europeo. Y por otro, 2015 es un año electoral. En mayo se celebrarán las elecciones regionales y locales, y en noviembre serán las elecciones generales. Los presupuestos intentan que se favorezca el empleo sin comprometer demasiado la reducción del déficit.