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La otra amenaza del ébola: usted puede convertirse en un arma terrorista

Borja M. Herraiz
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borjamotaelimparciales/10/5/10/22
miércoles 08 de octubre de 2014, 14:57h
Actualizado el: 10/09/2014 16:16h
La otra amenaza del ébola: usted puede convertirse en un arma terrorista
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Varios grupos pretenden hacerse con el virus. Por Borja M. Herraiz
Desde que hace unos meses saltara la alerta sanitaria mundial por el brote de ébola en África occidental, decenas de países han activado sus protocolos epidemiológicos de contención con el fin de evitar que la amenaza del virus cruce sus fronteras.

A pesar de las precauciones, España y Estados Unidos han sido los primeros países que han visto cómo el ébola traspasaba sus controles y encontraban huéspedes. La virulencia de la enfermedad, sumado a la psicósis ciudadana en torno a un posible contagio masivo, ha puesto en guardia a los gobiernos de medio mundo.

Sin embargo, la amenaza que representa el ébola tiene una cara B quizás más peligrosa que la del contagio directo y tradicional entre personas. Desde hace semanas, los servicios de inteligencia y seguridad occidentales están en su estado de alerta particular ante la posibilidad de que diferentes grupos terroristas y traficantes de armas estén buscando la posibilidad de hacerse con muestras del virus con el objetivo de utilizarlo en armamento bacteriológico no controlado.

En la actualidad, cepas de los virus más mortíferos del mundo, como el ébola, el ántrax, la viruela, el sarampión o el tifus, están bajo control en laboratorios privados con excepcionales medidas de seguridad o instalaciones gubernamentales, como bases militares o silos especiales.

Pero, a pesar de las precauciones, no siempre llevan a gala su efectividad en cuanto al control de su stock. El pasado mes de junio, medio centenar de muestras olvidadas de viruela de los años 50 fueron sustraídas sin permiso de un laboratorio federal cerca de Washington y, poco después, el Gobierno de Obama clausuró dos instalaciones privadas que albergaban ántrax y gripe tipo H5N1 tras detectarse fallas en su sistema de aislamiento que podrían haber comprometido la salud de un centenar de científicos. En 1979, cerca de 70 personas perdieron la vida en Sverdlovsk, actual Ekaterimburgo, después de que una explosión liberara una pequeña cantidad de esporas de Bacillus anthracis.

Muestras de estas pesadillas microscópicas en el mercado negro podrían alcanzar cifras millonarias. No es novedad que Al Qaeda quiso en su día acceder a este tipo de material con el objetivo de usarlo en grandes urbes occidentales. Ahora, con miles de afectados en regiones no controladas de África occidental, donde los yihadistas radicales tienen el poder en bastas extensiones con millones de personas, la posibilidad de hacerse con una muestra contaminada que pueda servir de origen para una cepa diferente se renueva y se convierte en mucho más viable.

Una simple extracción de sangre contaminada con ébola podría suponer una infección masiva en manos de terroristas, que podrían valerse del virus para llevar su particular amenaza a un nivel totalmente nuevo y mucho más peligroso. Y es que la virulencia de este tipo de agentes es realmente estremecedor: la OMS calculó que hasta 95.000 personas podrían morir de liberarse 50 kilogramos de esporas de ántrax en un radio de apenas dos hectáreas

Precedentes de ataques terroristas químicos y bactereológicos hay. El 20 de marzo de 1995, el llamado Aum Shinrikyo, un grupo de radicales japoneses pertenecientes a una secta apocalíptica, atacó con gas sarín, que sólo necesita una gota para matar a un adulto, el metro de Tokio, uno de los más utilizados del planeta, en plena hora punta. Quince personas fallecieron y más de 1.100 resultaron heridas.
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