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MUNDIAL DE CLUBES: REAL MADRID 2 SAN LORENZO 0

El Real Madrid aplaca la batalla con pegada y clase y se corona en el Mundial

sábado 20 de diciembre de 2014, 22:24h
Actualizado el: 20/12/2014 23:11h
Los goles de Sergio Ramos y Gareth Bale reflejaron la superioridad técnica y de personalidad ante la guerra de guerrillas del equipo argentino. Por Diego García



Se vistió el Madrid con su atuendo más fino para salir bien en la foto del campeón del mundo de clubes. La coronación precoz del proyecto de Ancelotti venía precedida de unas semifinales que dejaron un esclarecedor acantilado de distancia entre los niveles de calidad técnica de ambos contendientes. Por todo ello, y por la inercia que la dudosa competitividad de la Liga BBVA ha confluido en la aceptación de la pérdida de equilibrio si se puede colocar sobre el césped todo el talento disponible, el bloque español expuso su terciopelo para que el primer golpe de vista impresionara. Illarra cedía su sitio a un James que, todavía en proceso de recuperación del ritmo, guardaría con Isco el despliegue de Kroos en las labores de repliegue. Carletto sacrificó el orden entre líneas y la solidaridad en la recuperación para apostar por la ortodoxia del paradigma: dominar, crecer, cansar y marcar con la pelota. Asumía el riesgo de la pérdida y dolor en la espalda de la zaga con la velocidad a la contra argentina. Bauza, por contra, ahondó en el sistema de intensa ferocidad y salida.

Con este meridiano duelo de estilos arrancó una final en la que el Madrid trató de apaciguar el ardor con posesión. San Lorenzo amarró en su campo con dureza y orden, aplicando con excepcional rendimiento el guión de colapsar el centro del campo y las líneas de pase en la medular madridista con un fulgurante esfuerzo de repliegue. No obstante, en los primeros 20 minutos el bloque capitalino fue asumiendo el paisaje que se cernía: debía lidiar con las interrupciones constantes, la artimaña perenne de desconcentración del rival a través de las patadas y codazos a destiempo y, además, conservar el paladar para combinar y no dejar crecer a su rocoso rival.

Una falta de larga distancia lanzada por Ronaldo que atajó Torrico abrió, en el minuto 4, el verdadero nudo del primer acto. Antes de llegar a la primera media hora se desarrolló el fango y la reiteración de pescozones con un balance de 14 faltas -9 por el bando americano- y cuatro amarillas -todas ellas en acciones alejadas de la jurisdicción de peligro, en avances intrascendentes- a razón de dos por equipo. Ortigoza, Ramos, Carvajal y Barrientos escenificaron la guerra de guerrillas que le interesaba a los Cuervos y que, en el caso merengue, debía reconducirse con urgencia ante la consiguiente pérdida de fluidez asociativa y precisión.

La temperatura sobre el césped alcanzó la cota gélida con el terciopelo blanco enmarañado. Un par de codazos de Yepes a Bale y Cauteruccio a los riñones de Ramos sin castigo arbitral, la protesta continua y el estado alterado de conciencia ponían a prueba la inteligencia emocional del Madrid. Pepe, para su desgracia, escenificó el esbozo global con una falta de saque producto de la desconcentración. Benzema y James no conectaban con sus compañeros entre líneas y los españoles no avanzaban.

Sin embargo, con el paso del tramo anestesiante, se abrieron los espacios para los intereses del campeón de Europa a través de transiciones más claras de lo que marcaba el compas de juego. Benzema chutó para la parada en dos tiempos de Torrico tras una contra rápida conducida por Ronaldo en el 31 y Bale tomó el relevo con un remate sin potencia que atajó el meta argentino después de una cesión afinada de Benzema en el 35.


Pero al receta de la eficacia, conocida como pegada, que ha definido al Madrid desde tiempos inmemoriales, tradujo el grito de rabia de Sergio Ramos en un cabezazo certero a la salida de un saque de esquina ejecutado por Kroos en el 35. El testarazo del central, protagonista en los puntos de inflexión de las semis de Liga de Campeones y Mundial de Clubes y en ambas finales, otorgaba una inyección de oxígeno que rebajó la tensión merengue, aminorando los decibelios del ruido patrocinado por el conjunto latinoamericano.

Las manos de Casillas se encontraron por primera vez con la pelota en un tímido centro chut de Barrientos, principal gestor de peligro con su zurda de seda en el minuto 41 y, antes del intermedio, Kanneman cerró el paupérrimo bagaje ofensivo argentino con un cabezazo tras falta lateral de larga distancia lanzada por Barrientos que se perdió lamiendo el banderín de córner. De camino al descanso Marcelo protagonizó la nota negativa de la jornada al verse obligado a salir del césped por una lesión muscular. Coentrao entró en su puesto.

Tras el periodo de reflexión y recolocación, San Lorenzo intentó adelantar líneas para responder con personalidad al cambio de hoja de ruta al que obligaba el gol español. Sin embargo, el pase salvaje de Isco hacia la posición de Bale, en la frontal, escapado del radar de basculación argentino, certificó la segunda puñalada ejecutada por el galés con la colaboración del meta Torrico, incapaz de sacar el chut raso del británico. Corría el minuto 51 y el Madrid allanaba, al fin, el camino hacia la calma competitiva.

Reaccionó San Lorenzo con el chut que lamió el larguero de Iker Casillas de Kalinski y la entrada en juego del genio añejo Romagnoli -en sustitución de Verón-. Se soltaba la actitud que maniató el talento combinativo madridista al tiempo que los argentino debían dar un paso táctico al frente en su presión y, por ende, confirmar la encerrona española al aprovechar los espacios. Yepes cedió su sitio a Cetto, zaguero por zaguero, en un movimiento en forma de señuelo de Bauza, que mandaba un mensaje a sus pupilos de mantener el orden t no perder la cabeza en busca del empate. Mismo guión, más valentía defensiva.

El gol de Bale congeló el fragor de San Lorenzo, obligado a manejar la pelota ante el jugueteo madridista en la estrategia de repliegue y presión. De un robo al subir las líneas sin balón llegó la volea de Benzema que lamió el poste en el 60; de una transición tras repliegue total nació una contra efervescente conducida por Benzema y culminada por Bale con centro-chut al larguero minutos después; Barrientos, en acción individual, intercaló un disparo cruzado que atajó Casillas sin problemas antes del centro de Isco que no encontró la cabeza de Bale por poco en el 67. Se esfumaba el intervalo central del segundo acto con San Lorenzo en la lona ante el señuelo de posesión y repliegue merengue. Bauza quemó sus cambios dando entrada a Matos por Cauteruccio. Nueve fijador por un rol similar.

Los últimos 20 minutos de final, el epílogo de la misma, ofrecieron el dominio total del ritmo y tempo del juego por parte de un Madrid sabedor de su superioridad en técnica e inteligencia. El centro sublime de Bale con el exterior y remate desviado de Benzema -con la camiseta rota como muestra del cariz de la oposición argentina- reflejaba la relación de fuerzas a esas alturas. Arbeloa sustituyó a Carvajal y Varane hizo lo propio por Ramos -merecido mejor jugador del torneo- en plena demostración de la cara oscura del presente del balompié latinoamericano identificada en un muestrario de pisotones, planchazos y patas subterráneos y a destiempo y la total ausencia de respuesta creativa con la pelota. Casillas cerró su partido 700 con el club de Chamartín saludando al respetable con un par de estiradas de foto a sendos remates de Kalinski y Mercier en plena agonía del duelo. Ronaldo agotó su ansia de gol con un cabezazo débil que atajó Torrico como desenlace del ciclo glorioso del Madrid de los récords de Ancelotti, todavía inmune al cansancio físico y psicológico. Se adjudicó el único trofeo que no figura en su pomposa vitrina. Este Madrid también reinó en el Mundo.

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