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NOVELA

Gabi Gleichmann: El elixir de la inmortalidad

domingo 08 de febrero de 2015, 12:46h
Gabi Gleichmann: El elixir de la inmortalidad
Traducción de Cristina Gómez Baggethum. Anagrama. Barcelona, 2014. 672 páginas. 24,90 €. Libro electrónico: 16,99 €

Por José Pazó Espinosa

Gabi Gleichmann es un caso curioso de escritor tardío. Húngaro por nacimiento, sueco por adopción y noruego por matrimonio, ha alcanzado el éxito con una novela inesperada, una saga judía de la familia del filósofo Baruch Spinoza. Anagrama la ha publicado en castellano recientemente, amparada por el éxito obtenido en la Europa del norte.

Cualquiera que se haya acercado, aun tímidamente, a la obra del filósofo, se habrá dado cuenta de que Baruch, Benedictus o Bento Spinoza (por esos tres nombres pasó en vida), es uno de los filósofos occidentales más inteligentes, además de con una vida interesante: de familia de origen ibérico -primero español y luego portugués- acabó en Holanda donde vivió como un ermitaño del saber, puliendo lentes, escribiendo sus obras y llevando una existencia casi eremítica hasta los 44 años. Pero el autor de la magnífica Ética, es poco más que una excusa para Gleichmann.

El elixir de la inmortalidad está narrado por Ari Spinoza que se prepara a morir en Suecia al final del siglo pasado, viejo y enfermo de cáncer. En realidad, narra lo que le ha contado su tío abuelo, Franz Scharf o Fernando, leitmotiv de la novela, y vertebrador de un discurso que comparte dos elementos narrativos que se suceden: la descomunal y ganchuda nariz que heredan de vez en cuando los vástagos Spinoza, y el manuscrito del “Elixir de la inmortalidad”, obra cabalística e iniciática que pasa en la familia de primogénito varón a primogénito varón.

La historia comienza en el año 999, en la ciudad española de Espinosa, situada en el libro en León, cerca de la ciudad de Burgos. Baruj Halevi, el hijo del rabino del lugar, tuvo un día un encuentro con Moisés en un camino. Moisés le conminó, bajo amenaza, a dejar su ciudad, abandonar su familia y convertirse en un judío errante. A cambio de ello, obtendría el secreto del elixir de la inmortalidad y fundaría una estirpe que recibiría la protección de los cielos durante mil años. Es decir, hasta la muerte de Ari en 1999.

Tras este inicio que parece sacado de la morfología del cuento de Vladimir Propp, Baruj Halevi viaja a pie hasta Lisboa, donde se convierte en Baruj Espinoza, por su ciudad de origen. A partir de este momento, los acontecimientos se desbordan con una intensidad fuerte, pero siempre en breves capítulos de 2 o 3 páginas por lo general. El narrador alterna épocas, y el lector viaja de siglo en siglo, sin un desarrollo cronológico lineal, sino con saltos que van del narrador, Ari, y de su tío abuelo, Fernando, a las distintas épocas que se entrecruzan.

El libro se abre con un comienzo prometedor, pero cuando el lector lleva unas cien páginas, y recuerda, por el peso del libro en la mano y por su volumen, que le quedan otras 500 más para terminar con la saga, es fácil que su voluntad flaquee. Si vence sus dudas, verá que los Espinosa primero, luego Espinoza, y finalmente Spinoza conviven durante esos mil años con las grandes narices, con un elixir al que Baruj llamó Raimundo y que dio a Salman la inmortalidad con siete gotas, con los reyes de Portugal, los árabes de Granada y Córdoba, los Reyes Católicos españoles y Torquemada, los holandeses, los franceses ilustrados, la nobleza austrohúngara y sus banqueros judíos para terminar con los alemanes nazis, y la sombra de las altas chimeneas y de un Adi, diminutivo de Adolfo, como conocido de algún miembro de la familia.

Antes del final, a partir de la página 327, el libro toma alas y la historia de Shoshana Spinoza con Voltaire es realmente divertida y forma un capítulo que dura más de dos páginas. Luego, la familia emparenta con la nobleza vienesa, y el libro mantiene otra línea narrativa constante, amena, casi independiente. Pero, entonces, el lector se da cuenta de que ha viajado mucho, y de que tiene las piernas algo cansadas. Si se sienta a reflexionar en una piedra del camino, es posible que le asalte la idea de que la sombra de Cien años de soledad es muy alargada. Tanto como para cubrir, en breves capítulos de 2 o 3 páginas mil años de la historia europea; mil años de las grandes persecuciones a los judíos; mil años de sueños y fantasías ligadas a las genealogías, a los libros sagrados, a las fórmulas mágicas y, en última instancia, a la escritura como intento de conjurar la muerte. Ah, y a las grandes narices, se me olvidaba.

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