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LIGA DE CAMPEONES - OCTAVOS (VUELTA): REAL MADRID 3 SCHALKE 4

El Madrid sorprende, baja su nivel colectivo al mínimo y sufre para pasar a cuartos

martes 10 de marzo de 2015, 22:37h
Actualizado el: 03/11/2015 00:39h
El Schalke se quedó a un gol de eliminar al campeón en el peor partido madridista de la temporada. El equipo se deshizo y Casillas evitó que el sonrojo se convirtera en tragedia para un Bernabéu que estalló contra el despliegue de los suyos.

No debutaría, con récord incluido, Ødegaard, que quedó fuera de la convocatoria. Tampoco empezaría de inicio Modric, todavía tocando tierra tras su prolongada convalecencia. Pero, con el 0-2 de Genselkirchen en la mochila, tampoco resultó terreno propicio para dar un respiro a las castigadas piernas de Toni Kroos. Ancelotti, enemigo de cambiar las piezas de inicio y el sistema en lo que va de calendario, no concibió la presunta tranquilidad de la eliminatoria como la ocasión idónea para hacer descansar a la piedra angular de su sistema, que, además de ofrecer signos palpables de agotamiento cuando avanzan los minutos, estaba apercibido de sanción para la ida de cuartos. La necesidad de ganar, convencer y recuperar sensaciones pesó demasiado ante el juicio de la tribuna de Chamartín.

Así, el técnico italiano ejecutó modificaciones en la zaga, incluyendo a Arbeloa y Coentrao por Carvajal y Marcelo -apercibido- y a Sammi Kherida, con el fin de dar perspectiva a Lucas Silva y alimentar la maltrecha confianza e implicación del motor teutón. Por lo demás, Isco asumiría de nuevo la creatividad y Bale, Benzema y Ronaldo habrían -como mandato- de reencontrar el camino del gol. El ritmo e intensidad del despliegue permanecía como una incógnita a medio camino de la relajación del resultado global y la inercia auto reclamación de orgullo tras los bofetones sufridos en Bilbao y ante el rebelde Submarino. La fluidez con la pelota y la protección de la espalda, elementos a vigilar.

Roberto di Matteo arribó en el Bernabéu con la intención de diluir buena parte de los complejos que exhibió en la ida, duelo en el que renunció al ataque. En este round, el técnico suizo apostó por entregar protagonismo a la velocidad en transición incluyendo la calidad de Barnetta y el desequilibrio de Meyer. Con un fijador como Huntelaar y la potencia al espacio de Choupo-Moting, los mineros afrontaban el choque con la firme intención de anotar, al menos un gol en la capital española. De su capacidad de repliegue concentrado, con tres zagueros centrales, dependería buena parte de la salvaguarda de la honra ante la anunciada reacción merengue, a la espera del crecimiento que permita una cosecha más ambiciosa. Todo ello sin el veneno de Boateng, sancionado.

Arrancó el duelo con un escenario de intensidad repartida a partes desiguales entre ambos contendientes. Más bien, entre los rivales mediaba un abismo de concentración. Así, los alemanes sacudieron con rapidez el intento local de anestesiar el duelo bajo un ritmo combinativo bajo. No obstante, el Schalke, que maltrató a los madridistas durante el primer acto, dispuso de la pelota en estático -con mayoría ganada en la medular por sus carrileros-, en velocidad -tras robo y salida, desnudando la ruptura de líneas madrileña- y controló el pulso competitivo desde el pitido inicial.

Choupo-Moting abrió fuego con un disparo fuera, en soledad, tras una contra lanzada por Meyer en el 9. El bloque alemán había susurrado su pericia en la transición, convirtiendo la faceta defensiva española en una sangría notable. Con Kroos como único pivote -Khedira e Isco, adelantados buscando la zona de segunda línea de remate, quedaba fuera del repliegue-. Bajo este sino, varios córners favorables se convirtieron en contra clara visitante. Y los mediocentros no llegaban a la ayuda a los centrales.


Sobrevino la primera ráfaga de pitos antes del primer cuarto de hora. Con el Madrid encerrado y tapando líneas de pase andando, el juego vertical teutón encontraba solares a explotar por el centro y las bandas. Meyer avisó de la seriedad de la apuesta de Di Matteo al cazar un salto de Huntelaar ganado a Kroos y Varane y rematar desviado desde la frontal y sin oposición. Con el ataque y dos de tres piezas del centro de campo desconectados de la labores de achique, las goteras crearon grietas en el 20. El sonrojo táctico configuró un cinco para cuatro, en favor numérico minero, que confluyó en centro de Barnetta y control, plácido, en el segundo poste de Fuch. El interior, que tuvo tiempo de bostezar, encañonó e Iker no pudo sacar el pelotazo desde la frontera del área pequeña. Un 0-1 arrollador en argumentos que escocía e inquietaba a la tribuna a partes iguales.

No reaccionó el Madrid
, que parecía haber convertido su displicencia en nerviosismo. Sin embargo, en plena borrasca de silbidos, ya masivos, Ronaldo encontró un lanzamiento de esquina ejecutado por Kroos para dibujar un testarazo cruzado que besó la red. Volvía el empate al marcador aunque la dignidad madridista tardaría en conectarse de nuevo. Cristiano, por contra, elevó su intensidad sin pelota al instante

Choupo-Moting, amenaza venida a menos por lesión, se fue para dar entrada a los 19 años de Sane, todo velocidad para hurgar en la herida entre líneas. Consumida la media hora, el 7 merengue había contagiado a Khedira en la presión de la posesión visitante. Experimentó un intervalo de reacción colectiva el sistema de Ancelotti elevando las líneas en defensa y, como resultado, encontrando robos que significaron os disparos desviados de Bale y Ronaldo en el 34 y 35 de juego.

Pero ningún campeón de Europa siguió vestido de obrero y el dominio alemán seguía en plena progresión, instalados en el manejo puntiagudo de la pelota. El susto cocinado por una mala cesión de Varane a Casillas que el meta sacó in extremis sirvió de telonero del disparo a la cruceta de Huntellar, que aprovechó el agujero entre mediocentro y zaga. En la siguiente acción, con el Madrid encerrado de nuevo, no falló el holandés. Un mal balance defensivo, aliñado por un deficiente despeje de Arbeloa, colocó a Meyer en franca posibilidad anotadora. La perla chutó, Casillas despejó y Huntellar recogió el rechace para anotar el 1-2.

La superioridad numérica alemana continuada con carrileros largos provocaba que las bandas madridistas siguieran agujereadas. Sin embargo, la pegada acudió al rescate español. Nuevamente. Si bien la primera combinación en estático que concluyera en opción de remate -con chut cruzado de Khedira que saca el meta teutón con una estirada notable- llegó en el 43, la segunda apareció para cerrar el primer acto y la incertidumbre. Isco aguantó la pelota hasta la subida de Coentrao. El luso colocó un centro impecable y Ronaldo, mejor de largo por actitud, cabeceó a gol. Un tanto liberador en lo personal y para el grupo. Empate, suspiro y descanso.

Barnetta subió el telón haciendo sangre de la endeblez defensiva merengue con un disparo que atajó Casillas. Y la reanudación no cambió el paisaje de indefinición, si bien el Madrid subió, a intervalos coyunturales, su compromiso en el robo de la pelota. Quedaba constatado de la imagen, no solo no iba a verse reforzada, sino que iba a quedar más ensuciada.


Se sucedieron las ocasiones ante el paso adelante del Schlake y la incapacidad de cierre local. Benzema sacó provecho primero después de sentar, con amagos, a Nastasic, Wellenreuther y Höger, para rematar a placer el tercero. Todo arrancó en una pared con Coentrao en el pico del área producto de una acción individual sin asociación general. Cuatro minutos más tarde, un saque de esquina alemán despejado volvía a la banda ante la mirada pasiva del agazapado Madrid. La pelota arribó a los pies de Sane, que recibió con tiempo y espacio para peinarse y anotar desde la frontal. Empate de nuevo en el 56.

Y sobrevino el único evento optimista merengue del duelo: Modric vuelvía a jugar. Khedira, pitado, le dio la alternativa al ovacionado croata. Y la fluidez regresó a l radar ofensivo madrileño ipso facto. Control y pase de Luka desde su primer contacto con el balón. Por el camino Coentrao vio la amarilla y Ancelotti le sacó del campo para dar entrada al apercibido Marcelo.

Más equilibrado, que no compacto, el bloque de Ancelotti comprobaba como la subida de presión y la contra provocaban que la estabilidad del incómodo equipo alemán hiciera aguas. Ronaldo y Kroos chutaron con peligro después de los escenarios descritos después de presión. Respondió Mayer y Barnetta con sendos disparos que no encontraron portería.

Con el 8 blanco tomando oxígeno al comprobar la actitud y pericia del bienvenido Modric y Bale buscando su particular redención al espacio tras otro partido salpicado de imprecisiones, llegó el desenlace de la eliminatoria. Hubo tiempo para que el hielo se apoderara, definitivamente del Bernabéu tras un despeje de Modric que pilló a desmano a los centrales. Huntelaar ganó en velocidad la batalla y puso su disparo en la escuadra para el 3-4. Robo y contra que colocaba a los alemanes a un gol del campanazo. Si resultaba complicado empeorar lo visto en Liga, la competición continental asistió al rendimiento colectivo más pobre de la temporada. Superando en debacle el sonrojo del Calderón. Casillas, con dos estiradas, cerró un duelo en que el mejor equipo del mundo terminó pidiendo la hora y la piedad de la grada. Sin horizonte, el nivel como equipo sigue cayendo en picado.

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