Tres rasgos caracterizan la obra de Juan Milián: actual, oportuna y necesaria. La acometida rupturista que viene librando el nacionalismo catalán exige una respuesta tan contundente como bien fundamentada. En caso contrario, el conjunto de máximas sobre las que se ha cimentado aquél, se convertirán en pensamiento único: “Muchos catalanes nos hemos sentido desamparados durante demasiado tiempo por culpa del enorme error de quienes confunden, aquí y allá, catalanes con nacionalistas. El nacionalismo puede sumar un millón y medio de voluntades. Quizás algo más. Pero en Cataluña somos siete millones y medio de catalanes y cualquier gobierno, catalán o español, debería pensar siempre por el bien común de todos ellos”(pág. 13).
Su actual escaño en el Parlamento de Cataluña como diputado del Partido Popular, convierte al autor en testigo excepcional de cuantas dinámicas y dialécticas políticas se vienen desarrollando en la citada Comunidad Autónoma. Sin embargo, en El acuerdo del seny. Superar el nacionalismo desde la libertad no hallaremos un ápice de proselitismo a favor de su partido, ni de su estrategia, ni de su trayectoria.
En efecto, se trata de una obra con aspiraciones más amplias: ejercer como portavoz de un sentimiento transversal que apuesta por la complementariedad de las identidades catalana y española. Asimismo, el lector encontrará un estilo directo y dinámico, compatible con el manejo de abundante bibliografía y citas de autoridad. Bien podría ser este libro la base para una futura tesis doctoral.
Al respecto, para una mejor contextualización, Juan Milián no se conforma con transmitirnos el momento presente sino que las referencias al pasado son habituales. La finalidad es bien concreta: contraponer el antiguo catalanismo (deseoso de jugar un rol constructivo en la política española) con el actual, caracterizado por un esencialismo populista que le lleva, por un lado a percibir la ruptura como un fenómeno inevitable y, por otro, a obviar el pluralismo que define a Cataluña.
Otra característica que sobresale de la obra y del autor es que evita deliberadamente caer en el terreno de “lo políticamente correcto”, de la equidistancia y de la falsa imparcialidad. Frente a ello, prefiere adentrarse en el campo de las soluciones tangibles. ¿Existe alguna fórmula para poner punto y final a la tensión presente? Para Milián, sí: el diálogo pero no con el nacionalismo sino con la sociedad catalana (págs. 180-181).
Milián da un paso más y explica que ese dialogo deberá vertebrarse alrededor de un proyecto común, compartido y atractivo de España. Dicho con otras palabras: son necesarias ideas y valores que penetren en las instituciones y un Estado más eficaz (lo cual no es sinónimo ni de aumentar el autogobierno ni de recentralizar).
Asimismo, tampoco se decanta por el Estado federal como panacea para todos los problemas actuales, aunque admite que podría ofrecer ciertas soluciones puntuales. Sin embargo, dentro de las mismas no se encuentra la capacidad para apaciguar al nacionalismo, pues éste siempre está preparado para renovar el listado de agravios y externalizar responsabilidades.
Finalmente, no podía faltar la referencia al “derecho a decidir”, expresión que califica de “confusa y jurídicamente inexistente” y cuyo uso por sus defensores sirve para estigmatizar como antidemócratas a quienes se oponen a él. Juan Milián plantea la problemática de otra manera: conceder un referendo y ganarlo por parte de los partidarios de la unidad, no implicará ni que el nacionalismo asuma su derrota con deportividad ni que ponga fin a la queja permanente. Por el contrario, “reformulará sus horizontes para hacerse sentir siempre necesario en la sociedad”.