Según la Real Academia Española se define “ucronía” como la reconstrucción lógica, aplicada a la historia, dando por supuestos acontecimientos no sucedidos, pero que habrían podido suceder. Quizás Javier Barraycoa prefiere pensar que no ocurrirá lo que se recoge en su novela, ya que, aunque le ha servido para elaborar una deliciosa y delirante historia, no por ello deja de ser veladamente una crítica a la doble vara de medir de la utópica y siempre destructiva gestión política de la más extrema y radical izquierda.
Todo comienza con la supuesta victoria de Podemos con su napoleónico líder Pablo Iglesias a la cabeza. Tras esta gesta electoral se produce una reunión de todas las fuerzas vivas de la izquierda para plantear su acceso al poder y determinar el planteamiento de lo que ha de ser la nueva España, o más en lenguaje progre el nuevo Estado español. Monedero, Joan Herrera, Martin Garitano entre otros, tienen esta reunión en una población en la que les recibe un anfitrión de lo más peculiar en todos los sentidos, el asaltante de supermercados y sindicalista Sánchez Gordillo, que desde Marinaleda cree que saldrá ese giro radical que cambiará sociedad.
Pero no todo se centra en todo este compadreo de políticos, casi al igual que los irreductibles galos de la más famosa saga de cómics franceses. El sacerdote de Marinaleda y una parte de su feligresía no se van a quedar de brazos cruzados al ser receptores de estos invitados tan anticlericales como ellos mismos se han declarado, bastante tenían ya con su paisano Gordillo al que tenían que oír proclamar que él era comunista «como Cristo, Gandhi y Marx». El propio párroco que lidera este grupo de espantados vecinos tiene una particular intrahistoria que le hizo recalar en plena Andalucía a pesar de sus orígenes vascos.
Nuevamente Javier Barraycoa afronta con valentía y decisión un tema espinoso como es el ascenso de los partidos de izquierdas más radicales, con sus idearios irrealizables y sus propuestas peregrinas y liberticidas, al igual que hizo en su novela El último catalán, que de forma alarmantemente acertada preconizaba lo que en estos momentos ocurre en Cataluña con la locura y deriva rupturista e ilegal que se está acometiendo por una parte de aquellos que ostentan la representación política de la ciudadanía catalana.
No está de más abordar estas realidades con humor y con frescura, y desde esta perspectiva tener herramientas que nos sirvan para valorar la hipocresía y falsedad que se ocultan detrás de los discursos casi castristas y de las baratijas verbales que en los últimos meses están llenando nuestras cabezas. Todo ello para descubrir que el papel y los discursos lo aguantan todo pero que la realidad y la gestión leal de lo público hacen que la aparentemente indestructible nave del discurso izquierdista se convierta en un barco de papel diluido y condenado al fracaso.