El legendario expúgil estadounidense
Muhammad Ali falleció este viernes a la edad de los 74 años, pero su leyenda, mito, símbolo, atleta, que trascendió más allá del deporte como ningún otro, seguirá presente más que nunca y será siempre el campeón eterno.
Lo dijo siempre:
"no quiero ser líder, sino libre". Pero no dependía de él: los aficionados enloquecían con sus movimientos en el cuadrilátero, como si se tratase de un bailarín de ballet, siempre en perfecta armonía y libertad de acción. El legendario boxeador
se retiró del boxeo en 1981 con un récord de 56 victorias y cinco derrotas. Conquistó el título mundial de los pesos pesados en tres ocasiones y fue, sin discusión, el mejor de todos los tiempos.
No importaba la parte del mundo en la que boxeara: todos querían ver a Ali. El promotor Don King, el que mejor supo explotar su figura, cobró más de 10 millones de dólares por llevar la
pelea de los pesos pesados entre el campeón, George Foreman, y el retador, Muhammad Ali, a Kinshasa (República Democrática del Congo) el 30 de octubre de 1974 y con el presidente congoleño Mobutu como espectador especial. Fue la mayor bolsa por un combate de boxeo hasta el momento y congregó a
100.000 aficionados en el estadio de fútbol de la capital africana, una prueba inequívoca de que Ali ya era el más grande.
Fue un combate histórico. Antes de arrancar, y a pesar de que se encontraba abajo en las apuestas (1-4), Ali declaró en rueda de prensa: "Yo soy un sabio del boxeo, un científico del boxeo. Esa es una realidad científicamente demostrada. Allá ustedes si olvidan, por su cuenta y riesgo, que soy maestro del baile, un gran artista". La después conocida com "Batalla de la jungla" no vio al Ali de siempre, sino todo lo contrario: recostado en las cuerdas esperó, y allí fue donde destrozó a Foreman, al que noqueó en el octavo asalto conquistando por segunda vez el cinturón tras su primer campeonato del mundo diez años antes. El tercer campeonato, un record histórico que le convertiría en el Deportista -con mayúsculas- del siglo XX, le llegó en 1978.
Por aquel entonces, Ali había aprendido cómo cautivar y atraer al gran público en lo deportivo, además de mover su alma fuera del ring. Se convirtió en abanderado de la lucha contra la discriminación racial, en defensor del pueblo negro, y subía al cuadrilátero como encarnación de lucha contra el blanco opresor. En 1961 empezó su conversión al Islam, lo que le llevó a cambiar su nombre de nacimiento, Cassius Marcellus Clay, que consideraba nombre de esclavo, por el de Muhammad Ali.
El muchacho que comenzó a boxear a los 12 años, bajo la supervisión del policía Joe Martin en Louisville.
En 1960 se ganó la atención del mundo en las dos vertientes que conquistaría años después, el boxeo y la lucha social: tras ganar la medalla de oro del peso semipesado en los Juegos Olímpicos de Roma, terminó arrojándola al río Ohio en señal de protesta al ser rechazado en un restaurante por su color de piel.
Sólo cuatro años más tarde, con 22, retó al rudo campeón mundial Liston, a quién preguntó sobre el cinturón:
"¿Para qué quieres eso? ¿Para sujetarte los pantalones?". Tras destronarlo y ganar su primer título mundial, empezó a promocionar sus propios combates como ninguno, anticipando y acertando sobre el asalto en que caerían los rivales y mostrando en acción cualidades difíciles en su categoría: agilidad, finura, inteligencia y fuerza, simplemente excepcional.
En pleno esplendor de su carrera en 1967, cuando
'flotaba como mariposa y picaba como abeja', fue objeto de polémica por negarse a prestar el servicio militar e ir a la
guerra del Vietnam, lo cual dividió a Estados Unidos y al mundo: quienes lo apoyaban y seguían sus charlas sobre la paz en universidades de la nación (no podía salir del país,
al serle retirado el pasaporte) y quienes lo consideraban antipatriota por no defender la bandera estadounidense en el conflicto armado.
Pero su vuelta al cuadrilátero en 1970 tras ganar la batalla judicial volvió a unir a uno y otro bando: en el ring, atraía a aficionados de ambos lados. Y, a pesar de encajar golpes que hubieran sido impensables antes de sus tres años, siete meses y cuatro días de inactividad, llegó a una nueva final mundial el 8 de marzo de 1971, ante Joe Frazier en el Madison Square Garden de Nueva York. La pelea se conoció como "El combate del siglo" y Ali perdió por puntos, después de caer en el décimoquinto y último asalta al recibir el gancho de izquierdas más famoso del universo. Aún así, había cumplico un objetivo: parar durante las dos horas que duró el combate la guerra de Vietnam. Los soldados abandonaron las armas y se sentaron frente al televisor a ver a 'El bocazas', como lo llamaban de manera despectiva sus detractores, entre ellos familiares y amigos de esos soldados que, a diferencia del boxeador, sí luchaban por la patria.
Al final, lo que consiguió Ali fue que todos, blancos y negros, lo aceptasen como una leyenda única dentro del mundo del deporte y, sobre todo, dentro de la sociedad estadounidense al ganar la batalla de la igualdad de derechos para todos sin importar el color de la piel, ni su creencia ni religión.