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TRIBUNA

El regreso a España

miércoles 02 de noviembre de 2016, 20:18h
Actualizado el: 11/02/2016 20:32h

Para algunos, que aún no la leyeron, Victoria Ocampo es conocida como una mecenas, o como una señora de la clase alta argentina que, para prestigiarse, alojaba en su residencia a escritores de nivel internacional y se daba el lujo de publicar, casi a pura pérdida, una revista literaria llamada Sur; para nosotros y para el porvenir, despojada de ciertas heterogéneas circunstancias, Victoria Ocampo es las páginas que escribió y que ahora, a modo de antología, justicieramente, ha editado para su colección Obra Fundamental, la Fundación Banco Santander de España.

La presentación de Darse, Autobiografía y Testimonios de Victoria Ocampo (ese es el título del volumen preciosamente editado) se llevó a cabo el 15 de junio de este año en el Instituto Cervantes de Madrid, y junto a Ramón Puerta, el embajador argentino, y otros amigos tuvimos el gusto de asistir. Se trata de una edición impecable y generosa que devuelve a las librerías españolas, después de cuarenta años, la presencia de Victoria Ocampo. “Por lo general se piensa en ella como mecenas sin obra –señaló esa noche el compilador Carlos Pardo-. Era necesario un acto vindicatorio que hiciera justicia a la riqueza de su legado literario.”

Así se ha hecho. Por las páginas de nuestra escritora, con sus anécdotas y sus interesantes historias personales, desfilan las famosas figuras con las que se codeó a lo largo de su vida: nada menos que José Ortega y Gasset, Rabindranath Tagore, el conde Keyserling, Pierre Drieu La Rochelle y, por supuesto, su admirado Jorge Luis Borges y muchísimos escritores más. También está su parecer sobre momentos y protagonistas políticos decisivos del siglo XX, sobre la Segunda Guerra Mundial, los juicios de Nürenberg y el fenómeno musical de los Beatles.

Digamos, a modo de glosa, que no es ocioso agregar en esta reseña algunos párrafos sobre esta prestigiosa escritora que fue la señora Ramona Victoria Epifanía Rufina Ocampo, conocida en el mundo literario como Victoria Ocampo. Empecemos diciendo que nació en Buenos Aires en 1890 y murió en la misma ciudad en 1979 y que descendía de una familia rica y aristocrática establecida en la Argentina poco después de la conquista española. Nunca fue a la escuela, pero recibió una educación especial y minuciosa a través de institutrices particulares (francesas e inglesas) que acudían a su casa. “Lo que se enseñaba en esa época a las mujeres –re­cordaba nuestra admirada amiga- no era demasiado: algunas nociones de arit­mética, ortografía, abundante catecismo e historia sagrada, algo de historia argentina, un poco de historia universal, otro poco de ciencias naturales, idiomas, en especial francés, sol­feo y, sobre todo, piano que era casi obligatorio para toda niña de buena familia.”

Durante muchos años, esa mujer argentina de clase acomodada no tuvo otra perspectiva ni misión que las implícitas en el casamiento y la maternidad. La carrera posible era el matrimonio con un buen partido de idéntico nivel social. Por consiguiente, Victoria Ocampo tampoco concurrió a la universidad, ya que en esa época estaba definitivamente vedada a las mujeres. Desde pequeña, sin embargo, mostró inclinación por la lectura. Ese interés, unido a una notable curiosidad y a una especial facilidad para aprender, la llevó desde muy joven a familiarizarse con las obras clásicas de la literatura universal. Por sus aptitudes, su padre se lamentó más de una vez de que no hubiese nacido varón para darle una formación académica. El francés fue la lengua de niñez y adolescencia, que habló y escribió junto al español; pero el idioma inglés, lo mismo que el italiano, también le fueron enseñados.

La llegada de José Ortega y Gasset a la Argentina en 1916 y su consiguiente amistad con Victoria Ocampo motivó el perfeccionamiento de su español, que por supuesto hablaba correctamente, pero no lo escribía de idéntico modo. En 1924 -esto es lo asombroso-, traducido del francés por Ricardo Baeza, Ortega le publicó su primer libro dedicado a Dante Alighieri, De Francesca a Beatrice, como segundo tomo de la Revista de Occidente, y redactó su epílogo. No obstante, Victoria -nunca lo negó- sentía mayor comodidad escribiendo en francés, lo que llevó a muchos intelectuales nacionalistas y de izquierda a calificarla de “extranjerizante”. “¡Qué quieren que haga! -se defendió-. El francés es mi primera lengua. Yo no tengo la culpa si las que me enseñaron a hablar y a escribir lo hicieron en ese idioma.”

También con el apoyo y el asesoramiento de José Ortega y Gasset, el 1 de enero de 1931, apareció en Buenos Aires el primer ejemplar de la hoy mítica revista Sur, que contó, como correspondía, con la colaboración de escritores de renombre internacional como Albert Camus, Aldous Huxley, André Malraux, Alfonso Reyes, Waldo Frank, Gabriela Mistral, Eugenio d'Ors, Walter Gropius y Ernest Ansermet; y argentinos como Jorge Luis Borges, su hermana Silvina Ocampo, su cuñado Adolfo Bioy Casares, Oliverio Girondo, Ernesto Sabato y Eduardo Mallea. La primera edición se agotó rápidamente con una tirada de 4000 ejemplares y fue vendida también en París y Madrid. Según Bioy Casares, “fue un desafío para ella; algo así como abrir un camino en la selva”. La revista Sur fue un enlace de la intelectualidad de la Argentina con Hispanoamérica, Europa y los Estados Unidos, con un impacto determinante en la cultura mundial entre las décadas de 1930 y 1970. La revista intervino además fuertemente en las discusiones ideológicas y filosóficas. Sur publicó fuertes escritos donde se discutía sobre ideología, filosofía y política. A pesar de que se la calificaba como elitista, el aporte fue incuestionable.

Voy ahora voy a un entrañable recuerdo personal. Durante el verano de 1970, siendo yo colaborador de prensa del famoso Festival de Cine de Mar del Plata, me convertí impensadamente en privilegiado acompañante de Victoria Ocampo. Se me pidió que fuera en su busca para acompañarla a ver el estreno de Medea, el filme de Pier Paolo Pasolini, con María Callas como protagonista. Cumplí lo encomendado y ella me propuso que la acompañara a ver otros estrenos; también que hiciera de puente para reunirse con la Callas y Pasolini, ambos presentes en la ciudad balnearia de la provincia de Buenos Aires.

Devota de la ópera, me comentó a manera de desafío: “Yo estaría encantada de conocer a esa mujer. La escuché cantar en el teatro de la Scala de Milán en 1950 cuando se representó y Vespri Siciliani de Verdi. Tiene una voz maravillosa; maneja todas las formas del bel canto. Confío en usted.”

No me fue difícil cumplir con el pedido y nos reunimos con María Callas y Pier Paolo Pasolini en el hotel Hermitage, donde estaban alojados. Contrariamente a lo que se pudiera suponer, la gran diva se mostró amable y hasta diría que deslumbrada por Victoria; las dos mujeres se entendieron muy bien y dialogaron en francés en un tono amable de contagiosa complicidad. El prudente Pasolini, cordial y risueño todo el tiempo, participó del diálogo, aunque asumiendo un segundo plano.

Quizá no es exagerado afirmar que Victoria Ocampo vivió para el arte, aunque no permitió que su obra se encasillara dentro de la literatura. Le gustaba, como acostumbraba decir, el “ardiente desorden” de sus textos que incluyen cartas, confesiones, ensayos, conferencias, y hasta reflexiones a veces inconclusas. Un resumen de todo está en el volumen que comentamos.

Sin embargo, como señalamos al principio, casi siempre se piensa en ella como alguien que apoyó la cultura, pero sin obra literaria. De manera entonces que era necesario este acto vindicatorio que hace la correspondiente justicia a la riqueza de su maravilloso legado literario. Los lectores españoles tienen otra vez la oportunidad de aproximarse a los variados textos de la escritora Victoria Ocampo.

Roberto Alifano

Escritor y periodista

ROBERTO ALIFANO es escritor y periodista argentino, autor de algunos libros de poemas, de relatos y ensayos.

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