El Cordobés cita a Stefan Zweig y su Mundo de Ayer para torear el miura del cambio de época que culmina con Trump. ¿Tú dónde estabas cuándo lo de Trump? En un punto neurálgico desde donde divisar cómo se desplomaba el mundo. Dijo el parte que de ganar el cano y no la Hilaria, se caería el mundo. Y desde el Cerro de los Ángeles (Getafe, cuyo alcalde, con la misma zafiedad que Trump, llamó tontos de los c… a los votantes del PP), la panorámica permite ser testigo de excepción con esperanza. No hubo debacle cuando Truman, aquél presidente americano del que decían que con él al frente, EE.UU vive en delirium Trumans, y dio para una modificación del adagio To err is human por To err is Truman.
El revuelo por Trump no es nuevo. Tampoco el persistente error demoscópico, salvo que la gente al ser preguntada te dé gato por liebre. Eso han hecho los yanquis con el mundo. Nos dieron la liebre de la tecnología, el internet, la globalización, la multiculturalidad… y a correr. Como ahora ellos son incapaces de seguir la liebre, que sí persiguen miles de inmigrantes a pie y en patera, chinos con su mano de obra barata, indios creando software como churros o Amancio Ortega con el prêt-à-porter de Zara, regresan a sus ranchos y casinos de Las Vegas engatusándonos con que mejor es volver al proteccionismo, los aranceles, los muros como fronteras y lo identitario. El aislacionista Trump es distinto (America is different) a Franco, que abandonó la autarquía al advertirle el ministro Arburúa: Excelencia, no nos queda gasolina más que para subir la cuesta de las perdices. Pues que vengan Ullastres y Navarro, dijo el general en modo aperturista. Y vino hasta el presidente Eisenhower. Los tecnócratas emergentes (no Zapata ni Espinar, que bastante tienen, uno con pintarrajear tuiter, y el otro con sus plusvalías), parieron un Plan de Estabilización Económica y nos sacaron al mundo. Antes el Madrí nos había sacado de copas por Europa. Después vino gente de todo el mundo a disfrutar de nuestras playas. Un embajador yanki, por cierto, se remojó junto a Fraga en la de Palomares. Y España accedió a la globalización en traje de baño.
Tras horas sin desplomarse más que las bolsas y viendo que lo que sí caía era el día, a bajarse del Cerro, no sin antes jesusear un poco al Dios que bendice a una América dividida: ¡Jesús, como está todo! ¡el Brexit, Colombia, lo de Trump! ¡Jesús, lo de Sánchez apoyando a Clinton para que gane Trump por los pelos! ¡peor lo de Iceta y Puigdemont! ¡Jesús, les va fatal! Cierto que el rubio ha fanfarroneado con su campaña políticamente incorrecta pero ya goza de la legitimidad de origen. Se acabó la fanfarronería y empieza lo serio: rodearse de expertos y ganarse la legitimidad de ejercicio. Que Trump no haga Trumpas a la democracia. Sus oponentes tampoco. Volveríamos al mundo de ayer de Zweig, avisa el Cordobés.
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