El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas aprobó ayer por unanimidad que la ONU se encargue de supervisar la evacuación de civiles y opositores en Alepo, a donde se enviarán observadores internacionales. Se temía que Rusia vetara la resolución, como viene vetando cualquier medida respecto a Siria que vaya contra su incondicional apoyo a Bashar al-Assad. Sin duda, es una buena noticia, y la resolución debe ponerse en marcha sin demora y con absoluto rigor para que no se convierta en papel mojado. Máxime cuando, aunque Damasco ha dicho que respetará la resolución, no deja de ser muy inquietante que el representante de Siria ante la ONU, Bashar Jaafar, haya manifestado que es una maniobra de Occidente para legitimar la “injerencia externa” en el conflicto.
Que se trate de paliar en lo posible el horror y la barbarie que se han desatado en Siria, y muy especialmente en Alepo, le parece al régimen una “injerencia externa”, pero no se lo parece el entusiasta apoyo que está recibiendo de Rusia que, sobre todo en la ofensiva para hacerse con Alepo, incrementó con sus devastadores y continuos bombardeos el infierno de Alepo, convertida en una sangrienta ratonera para cientos de civiles, con quienes de manera brutal se ha cebado la guerra en Siria.
Los bombardeos de Bashar al-Assad y sus aliados rusos han causado un sinfín de muertos, y no se detenían ante nada ni siquiera ante los hospitales que en Alepo han sido prácticamente arrasados. Sorprende que ante esos bombardeos tan siniestramente eficaces de la aviación rusa, la izquierda, en general en Europa, y en particular en España, está aquejada de una absoluta mudez, que no es tal si fueran otros sus protagonistas. No ha habido manifestaciones ni proclamas con ese “no a la guerra” que no se le caía de la boca en otras ocasiones, sobre todo si el acusado puede ser Estados Unidos. Está claro que la izquierda tiene muy distinta vara de medir.