Desde que se puso en marcha, la asociación Sociedad Civil Catalana (SCC) ha venido sufriendo el acoso y el boicot, en no pocos casos violento, del secesionismo catalán. Un hostigamiento que se han intensificado este año. Las convocatorias informativas de la SCC son sistemáticamente obstaculizadas. En este mismo diciembre, dos de esas convocatorias han despertado hasta tal punto la ira de grupos vinculados a la Candidatura de Unidad Popular (CUP) que fue necesaria la intervención de los Mossos d’Esquadra y de los agentes de seguridad de la Universidad Autónoma de Barcelona, donde se celebraban los actos. Los secesionistas y antisistema intentaron impedir que la Sociedad Civil Catalana proyectase el documental Disidencia, el precio de la discrepancia en la Cataluña nacionalista.
Igualmente, la SCC viene padeciendo agresiones por las campañas en las que reclama a los ayuntamientos catalanes algo que se ajusta escrupulosamente a la legalidad: que ondee, junto a la bandera catalana y la de la UE, la bandera española, que es la de todos, incluidos, naturalmente, los catalanes. En su persecución a la Sociedad Civil Catalana, los secesionistas han puesto en circulación mentiras e insidias queriendo vincularla con la extrema derecha y con una ideología fascista. Pero lo cierto es que los que hacen gala de un comportamiento totalitario no son precisamente los miembros o simpatizantes de la SCC que no se dedican a boicotear actos secesionistas, por muy en desacuerdo que estén con sus postulados.
Los secesionistas se empecinan en el torticero “derecho a decidir” cuando ni siquiera permiten el derecho a la libertad de expresión que muy legítimamente ejerce la Sociedad Civil Catalana en sus convocatorias y campañas. Convocatorias a favor de la convivencia, el respeto y la tolerancia, valores que defiende la SCC como reconoció el Premio Ciudadano Europeo que en 2014 le otorgó el Parlamento Europeo. Se dio la circunstancia de que a ese galardón, que se concede a personas u organizaciones que aboguen y trabajen por la integración, la concordia, la libertad de expresión y la comprensión mutua, optaba también la asociación secesionista Asamblea Nacional Catalana (ANC), cuya candidatura desestimó la Eurocámara. El acoso a la Sociedad Civil Catalana no puede seguir en crescendo.