La peregrina iniciativa de que ayer jueves sólo circulasen los vehículos con matrícula impar en Madrid promovida por Manuela Carmena cumplió con creces su objetivo: colapsó las redes sociales con mensajes de ciudadanos comprensiblemente indignados y creó enormes complicaciones a todos los niveles.
Eso sí, apenas fue perceptible en los niveles de contaminación del aire; algo, por lo demás, esperable: apenas el 20 por ciento de la contaminación se debe a la circulación de coches y motos. Los responsables son en gran medida las calefacciones y emisiones de otro tipo, en especial industriales. El refuerzo del transporte público tampoco fue significativo, otro factor digno de estudio. En realidad, se trata de una medida cargada de sectarismo ideológico, muy poco efectiva pero que, sin embargo, consigue su fin: adquirir notoriedad.
La izquierda radical -con el apoyo del PSOE, conviene recordarlo- ha convertido Madrid en una pasarela agit prop. Sus concejales van de despropósito en despropósito -tuits antisemitas e injuriosos con las víctimas del terrorismo, profanar capillas, apoyar a inmigrantes ilegales cuando se amotinan en el CIES, okupas y top manta- y su alcaldesa permite que la corporación municipal haga un nuevo ridículo cada día.