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La renuncia de Trillo

sábado 14 de enero de 2017, 11:20h

Desde ayer viernes, Federico Trillo ya no es embajador de España en el Reino Unido. En una comparecencia sin preguntas el día anterior, hacía pública su renuncia sin una sola mención al motivo real que le ha movido a tomar esta decisión: el asunto del Yak-42 –o, para ser más exactos, el informe del Consejo de Estado sobre tan desgraciado asunto. No le quedaba más remedio. El giro copernicano de la actual titular de Defensa, María Dolores de Cospedal, que esta misma semana asumía las responsabilidades por la tragedia, hacía insostenible su posición.

Cospedal ha acertado al cambiar la postura mantenida hasta ahora por el Gobierno. Lo prueba el hecho de que los familiares de las víctimas muestren su satisfacción por la asunción de responsabilidades y el discurso cercano de la ministra en su última reunión. Trillo, por su parte, acierta igualmente al renunciar, si bien probablemente nunca debió haber accedido a ese puesto.

Suele recelarse de los embajadores que no proceden de la carrera diplomática, si bien algunos de éstos han desempeñado una brillante labor. Sin embargo, embajadas y otros cargos oficiales se han convertido en una suerte de regalías con las que el Ejecutivo de turno premia a los “suyos”, y esa es una práctica que debe desaparecer. En el caso de Trillo, nunca debió ser designado.

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