España es el segundo país del mundo donde peor imagen se tiene de Donald Trump. Lo cierto es que el tipo no lo pone nada fácil a la hora de generar simpatías, ni aquí ni en ningún sitio -salvo, quizá, Rusia-, pero a veces la inquina que genera resulte excesiva. Sin embargo, hay partes de su discurso que, desde el punto de vista norteamericano, tienen su parte de razón. Por ejemplo, la defensa en Europa.
Dice Trump que la OTAN está obsoleta. Eso no implica que la considere poco útil, pese a su nada disimulado aislacionismo, aunque sí piensa que su estructura responde a situaciones de otra época muy distinta a la actual. Dicho sea de paso, como Trump opinan muchos analistas y militares de la Alianza, coincidiendo también en el hecho de que algo hay que hacer con la financiación de su operativa.
Hace años que Obama pidió a los gobiernos europeos que aumentaran su gasto de defensa hasta llegar al menos al 2 por ciento del PIB. A día de hoy, sólo 5 países lo cumplen. El resto se beneficia del “paraguas OTAN”, con unas aportaciones en tanto en lo humano como en lo material netamente insuficientes. Ahora, Trump se ha decidido a revertir esta tendencia, lo que va a ocasionar más de un quebradero de cabeza en Europa.
Estados Unidos tiene un enorme potencial militar, y una sanidad pública que brilla por su ausencia. En Europa sucede justo al revés. Lo que Trump ha venido a decirle a los europeos es que el reparto de los gastos de defensa en el continente debe ser más equitativo. Dicho de otro modo, que la factura de los marines no solo la pague Washington. Y es una factura tan cara como insoslayable.
Efectivamente, la seguridad cuesta, y no es algo en lo que se pueda escatimar. El ISIS ha puesto de relieve hasta qué punto las amenazas a las que debe hacer frente la sociedad occidental son reales. Y novedosas. Cuando se creó la OTAN, en 1949, los riesgos y motivaciones eran diferentes. Lo que sigue inalterable es el papel protagonista de Estados Unidos en todas las misiones que la Alianza ha llevado a cabo desde entonces; protagonismo que hay que hacer extensivo al número de soldados fallecidos y al enorme gasto militar que ello ha implicado.
La Unión Europea ha vivido demasiado tiempo subcontratando la defensa a un precio muy bajo. Trump quiere ajustar dicho precio a un valor que se aproxime mucho más a la realidad, y eso es algo que deberá mover a reflexiones necesarias y, a buen seguro, impopulares. Es el momento de dejar a un lado buenismos y demagogias y afrontar de una vez por todas que el presupuesto de los países europeos en materia de defensa tiene que adaptarse a las circunstancias presentes, o arriesgarse a lo que pueda pasar. Y eso no es algo que se pueda improvisar ni que se pueda enmendar cuando sea ya demasiado tarde.