En esta columna hablaré de música y sus relaciones con la vida, incluso algunas otras cositas más mías. Pero no escribiré, por ejemplo, de cómo ha pasado el 400Cervantes así, sin darnos cuenta, de eso no hablaremos aquí…
De porqué unas músicas conquistan los corazones incautos y otras sólo pueden y podrán ser soportadas por “gafapastas” que ya no tienen nada que aprender sí hablamos aquí. Tengo una cierta experiencia en cuestiones musicales y me pregunto lo mismo que os preguntáis todos (o casi)… ¿Por qué cuando decimos que nos gusta Malú o Dani Martín o Juan Magan hay alguien que nos mira raro? ¿Por qué hay que ser fan de grupos semi-desconocidos cuyo mérito, por el momento, no es otro que el de ofrecer un producto semi-acabado?
Os lo digo, para molar más, porque lo otro es muy “pastel”, bueno la verdad no sé cómo se dice ahora…
Quiero que hablemos de Rihanna y quiero que sepamos si es bueno, o no, qué tiene y qué no tiene. Pero también vamos a hablar de Mozart y quiero que sepamos si es bueno… De todas formas ya os adelanto que #notodopuedesermozart.
Nos encontramos cada día con novedosas e ingeniosas propuestas a la hora de vender un determinado espectáculo, hablar por hablar, resulta que hay unos conciertos donde la gente va, hace cola o “colón”, paga su entrada y además compra sus consumiciones o merchandising. A otros la gente no va, salvo que le invites a algo para que “de paso” vea un concierto… No lo critico, no me parece mal, sólo lo expongo.
Dice el gran Ortega que “el artista entiende muy poco de arte en general y, en consecuencia, del suyo en particular”. ¿Vais a seguir leyendo si escribo más y más y más? Eso espero.
En una sociedad de 140 caracteres, por esta vez, ¡ahí lo lleváis!