En una semana donde el protagonismo lo acaparan PP y Podemos con sus respectivos congresos, desde el PSOE han optado por un manido argumento para reclamar atención: la memoria histórica. Así, el pasado miércoles presentaban una proposición no de ley en el Congreso para enredar nuevamente con el Valle de los Caídos y pedir el traslado de los restos de Franco.
Los socialistas nunca se han sentido cómodos dando o recibiendo el apoyo al PP. En España, una gran coalición de los dos grandes partidos sería impensable justo por este tipo de reticencias, en su mayoría provenientes de la izquierda. Y como las voces que claman contra los últimos acuerdos parlamentarios se alzan más que las que optan por un clima de mayor responsabilidad institucional, la gestora no ha tenido mejor ocurrencia que recurrir a Franco y al Valle de los Caídos.
Han pasado ya más de 80 años desde el inicio de la Guerra Civil, aunque parece que aun hay quien se empeña en remover viejas heridas. No tiene objeto alguno sacar ahora a colación una polémica tal estéril como artificial, toda vez que es un tema muy poco presente en el día a día de los españoles. Pretender avivar el debate sobre los restos de Franco, en lugar de centrar la atención en materias que realmente importan, es un efectismo fuera de lugar, de poco sentido común, casi tan macabro como grotesco: a la postre, los socialistas van a hacer bueno ese comentario de Kant sobre que los españoles son gentes siempre a vueltas con sus muertos.