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Macabro hallazgo en el Hogar del Buen Socorro

lunes 06 de marzo de 2017, 09:12h
Hacía tiempo que Catherine Corless, historiadora local de Tuam, ubicado en el condado irlandés de Galway, había advertido de que el conocido como Hogar del Buen Socorro -un refugio para mujeres “descarriadas”- escondía un macabro contenido. Ahora ha saltado a la luz pública y dado la vuelta al mundo el siniestro hallazgo: en una fosa común estaban enterrados casi ochocientos cadáveres de bebés y niños. Restos mortales, junto a algunos fetos, de niños que habían muerto en el Hogar, aquejados en muchos casos de malnutrición y falta de cuidados, y a los que ni siquiera se les dio cristiana sepultura.

El Hogar de Tuam, gestionado por las monjas de la congregación del Buen Socorro, estuvo en funcionamiento entre 1926 y 1961 y formaba parte de la red de instituciones en las que la Iglesia católica recogía a madres solteras -a cambio de trabajar en los centros-, que eran brutalmente rechazadas por la intolerante moral de la época de la sociedad irlandesa.

Y no solo ellas, sino también los pequeños, separándoles de las madres para darlos en adopción. La primera reacción que ha provocado tan tétrico descubrimiento ha sido el de la conmoción. En Irlanda y en todo el mundo. Pero no hay que quedarse solo en esa reacción ni en recrearse en una historia siniestra y aprovecharla para poner en la picota a la Iglesia. La Iglesia católica lleva a cabo una meritoria labor, en la que una de sus misiones es ocuparse de los más necesitados. Pero es una institución humana, con sus luces y sus sombras, sombras que no pueden ocultarse por más tiempo bajo los ropajes de la jerarquía eclesiástica.

La cuestión es que esas sombras -en la mente de todos está el inadmisible asunto de la pederastia-, causan mucho más escándalo, y con razón, por estar albergadas en una institución como la eclesiástica. Por eso hay que combatirlas, si cabe, con mayor intensidad. Y la primera interesada en que sea así debería ser la propia Iglesia católica, que ha de guiarse por la trasparencia. El gobierno irlandés ha anunciado que está considerando investigar lo sucedido. No debe considerarlo, sino hacerlo ya. Y también la Iglesia ha de indagar. Como dijo el propio Papa Francisco a raíz de los casos de abuso de menores: “La verdad es la verdad, y no debe esconderse, cueste lo que cueste”.
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