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TRIBUNA

Elecciones a Rector en la UNED

La Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) afronta nuevas elecciones a Rector para el período 2017-2021. Aún no finalizado el ejercicio anterior (2013-2017), se convocan con algunos meses de antelación por estrategia del equipo actual de rectorado. Se presentan cinco candidatos, incluido el rector en funciones, Alejandro Tiana Ferrer, pedagogo. Los otros son un profesor sociólogo, José Antonio Díaz Martín; dos ingenieros, José Carpio Ibáñez y Julio Hernández Rodríguez; y una filóloga, Victoria Marrero Aguiar.

Es algo insólito en la coyuntura universitaria. El fenómeno lo explican la inestabilidad parlamentaria y social de la política y academia española, así como intereses varios, latentes, de grupos políticos, religiosos, económicos y sociales. La UNED no es una universidad cualquiera. Depende directamente del Gobierno y Parlamento de España. Tiene irradiación nacional e internacional. Cuenta con el mayor número de estudiantes matriculados, más de 250000. Hay antiguos y actuales alumnos por todas partes de la geografía española y rincones del extranjero. Creada en septiembre de 1972, es pionera de la enseñanza a distancia y única en el mundo como semipresencial. Este carácter y función, de unir la docencia mediante recursos no presenciales ­—correo postal, teléfono, instrumentos telemáticos, auditivos­— y presenciales, estos mediante una red extensa de Centros Asociados distribuidos por España, Europa, África y América, confiere a la UNED una singularidad específica. Comprende estudiantes trabajadores ­—la mayoría­—-, de primer acceso a la Universidad, educación permanente, reclusos de diversos centros penitenciarios, cursos de formación variada, libre, según ciclos de edad e interés, de segunda carrera, etc. Y cuenta con un elenco de tutores de primera calidad: docentes de instituto, de otras universidades, de profesiones liberales, jurídicas. Su estructura es muy adecuada para estudios de Máster y Doctorado, pues permite realizarlos en cómodos plazos académicos y según condiciones vitales de los interesados. Por eso aumenta gradualmente el número de alumnos discapacitados, que demuestran un esfuerzo e interés encomiable. ­Recibe subvenciones de Diputaciones, Ayuntamientos, Cajas de Ahorro, hoy en crisis o desaparecidas, y apoyos de otras instituciones.

Esta elección a Rector de la UNED coincide con una coyuntura especial. La reflejan las cinco candidaturas. Preocupa el cambio global del concepto universidad y la situación presente de la UNED. Hay conciencia en el profesorado y entre estudiantes de que nos encontramos en una situación crítica. El Estado se desentiende paulatinamente de la misión universitaria reduciendo los presupuestos y confiándolos a relaciones de cada entidad con la empresa, industria, comercio, actividad socioeconómica variada. En esta confianza entran los proyectos europeos de investigación y el dinero que aportan. Los sucesivos gobiernos quieren que las universidades se abastezcan poco a poco, y al máximo, con medios financieros independientes del Estado. Y esto repercute sobre el coste de las matrículas, la reducción de becas, la sobrecarga docente del profesorado y su pluriempleo, al asignarle gestión burocrática y administrativa. Los atributos de universidad pública y privada confluyen mezclando objetivos e intereses diferenciados.

La situación afecta especialmente al colectivo de la UNED. Los profesores son ya más entes laborales que académicos. Convierten la docencia en otro tipo de gestión. El conocimiento pasa a ser recurso ajeno disponible, transformable según circunstancias, exigencias, prisas, y transmitido en dosis de matrícula. Las inscripciones se multiplican a lo largo del curso, en paralelo con la docencia permanente. Se llegará también a una matrícula homóloga. El dinero entrante suple al del Estado y condiciona especialmente a la UNED. Recibe poco por cuota de matrícula en comparación con otras universidades. Frente a un 70% de financiación pública en general, la UNED recibe solo un 30 ó 40%. Y esto limita la contratación y reposición de nuevos profesores. El próximo período rectoral coincide con una jubilación numerosa de profesionales hoy activos. Supondrá una renovación académica importante.

La preocupación mayor es, con todo, el cambio que experimenta el concepto de Universidad y la UNED en concreto. Prima la idea de que el conocimiento está ahí, en red o tejidos reticulares, como algo neutro a disposición de cualquier interesado. Lo importante sería saber administrarlo, distribuirlo, adaptarlo. Sin especiales dotes o condiciones de sabiduría. Y esta idea trastoca la misión de la Universidad. El profesor se reduce a tutor y gestor tanto académico como administrativo. Los recursos tecnológicos, de los que la UNED está bien dotada, adquieren rango de categoría sobre su condición de instrumentos. Los técnicos informáticos se hacen imprescindibles y la función pedagógica invade competencias que encubren la función creadora del conocimiento o convierten la universidad en escuela de servicios académicos y enseñanza media. El culturalismo ideologizado invade su estructura. Un buen proyecto de investigación viene a ser hoy capítulo de libro colectivo de antes bien arropado con medios técnicos. Y la técnica disfraza y sustituye la competencia intelectual de los investigadores. Es raro el proyecto que alcanza singularidad en el panorama científico. Quedan almacenados en el depósito de la memoria “on line”. El dinero entrante justifica el esfuerzo realizado y la promoción, con él, de nuevas plazas de profesorado. La elaboración de manuales, asignaturas digitales, libros telemáticos, es la principal preocupación de la UNED. Reducen el coste de producción, de personal, y ahorran dinero a los estudiantes. Y el peligro académico resulta claro: mente asimismo telemática, reductivamente expansiva.

El potencial latente e inmediato de la UNED es, no obstante, enorme. Puede convertirse en el centro más rentable de la enseñanza semipresencial y logo internacional, en este campo, de España. Es suficiente, para ello, abrir una nueva línea de orientación universitaria. Consiste en ampliar, representar y difundir en el mundo, empezando por el resto de Europa, el conocimiento generado en lengua española y otras del Estado español con sentido de koiné internacional. Esta alternativa, que es un reto evidente, supone un salto cualitativo en la orientación de la UNED. Requiere un plan estratégico que algunos profesores de esta Universidad ideamos desde hace tiempo. En 1991 se lo presenté al Rector de entonces. Supondrá un giro cualificado de las funciones hasta ahora vigentes y un incremento notable de nueva contratación laboral en los distintos niveles universitarios. Y a esto se añade la colaboración y vínculo con otras instituciones nacionales e internacionales. La enseñanza permanente que oferta la UNED ampliará incluso los conceptos de profesor emérito y colaborador honorífico, cuya expansión científica y creadora irradia el halo cultural de muchas universidades extranjeras en medios socioculturales y económicos.

La coyuntura rectoral de hoy día requiere otra visión estratégica. Alguno de los candidatos así lo ha entendido. El principal inconveniente para cualquier alternativa de calado es la inercia acumulada en los procedimientos legales y hábitos académicos. El nuevo rectorado de la UNED tendrá que incentivar el apremio ante los representantes directos del Estado.

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