Las últimas declaraciones de Jeroen Dijsselbloem, presidente del Eurogrupo, han causado una comprensible y lógica indignación. En una entrevista publicada en el diario Frankfurter Allgemeine Zeitung, ni corto ni perezoso, espetó: “En la crisis del euro, los países del Norte se han mostrado solidarios con los países afectados por la crisis. Como socialdemócrata, otorgo a la solidaridad una gran importancia. Pero el que la pide, tiene también obligaciones. No se puede gastar todo el dinero en copas y mujeres y luego pedir ayuda”. Tan incendiarias apreciaciones llevaron a que eurodiputados de los países del sur de todos los grupos, incluido el suyo, pidieran la dimisión del holandés.
Pero Jeroen Dijsselbloem no ha contemplado esa posibilidad ni por asomo, sino que ni siquiera se ha dignado a pedir disculpas, como le han pedido. En este sentido, el portavoz del PP en la Eurocámara, Esteban González Pons, ha señalado: “Ha ofendido a los países del sur y a las mujeres con su declaración racista y machista. Debe disculparse o dejar su puesto, ya no es neutral”. Y otros diputados españoles, de todo el espectro político, se han pronunciado en la misma línea.
Ahora, Jeroen Dijsselbloem debe acudir la próxima semana al pleno del Parlamento europeo en el que se debatirá la situación del tercer rescate a Grecia. Pero ha dicho que no podrá ir por problemas de agenda. Una excusa que nadie se cree, y que no esconde otro cosa que su falta de valentía para enfrentarse a los reproches que evidentemente y con razón se le harían allí. Porque su visión de los países del sur no solo es un inaceptable insulto.
También alimentan peligrosos estereotipos que son el caldo de cultivo para populismos y extremismos que suponen un cáncer para Europa y para la UE que no se encuentra precisamente en sus mejores momentos, con el tsumani del Brexit y la amenaza de que figuras como Marine Le Pen, líder del ultraderechista y antieuropeo Frente Nacional francés, lleguen al poder. A punto estuvo el xenófobo Geert Wilders, en el país de Jeroen Dijsselbloem, pero sus compatriotas dieron una lección de cordura, de la que él carece.